El régimen argelino aún no ha encajado el golpe recibido en las elecciones legislativas del pasado 2 de julio. Aquel día, el 80% de los electores argelinos, según las cifras oficiales, y hasta el 95% en la práctica, dieron la espalda a las urnas. Este rechazo masivo se ha convertido en una constante desde 2019: todas las elecciones celebradas durante los dos mandatos de Abdelmadjid Tebboune han estado marcadas por una participación cada vez menor. Las de julio tocaron un mínimo histórico, con una participación oficial del 21%, calificada por algunos observadores como un récord mundial de abstención en unas legislativas.
Humillado por unas cifras que reflejan un grave déficit, cuando no una ausencia total, de legitimidad, el poder volvió a recurrir a sus habituales maniobras de distracción con un guion de una mediocridad extrema. El pasado martes, el Ministerio de Defensa Nacional difundió así un vídeo con las confesiones dirigidas de un «grupo criminal» formado, según su versión, por dos argelinos y cuatro supuestos marroquíes. Estos individuos habrían incitado a millones de electores cabilios a abstenerse.
Si se hubiera tratado únicamente de argelinos que hicieron campaña a favor del boicot, la maniobra difícilmente habría causado sorpresa. Pero la incorporación al relato de cuatro ciudadanos marroquíes busca resucitar la tesis de la «agenda exterior», un recurso ya desgastado de un régimen incapaz de afrontar sus propios problemas. Con música fúnebre de fondo y una secuencia de imágenes de teclados, pantallas de ordenador y logotipos de redes sociales, uno de los supuestos integrantes del grupo afirma de entrada: «Recibimos instrucciones de dirigentes del MAK, encabezados por Ferhat Mehenni, para impedir que los electores acudieran a votar».
Los otros cinco protagonistas de esta puesta en escena hablan, uno tras otro, de «células» del MAK en Marruecos y de viajes a Europa para recibir dinero e instrucciones. Algunos «reconocen» haberse equivocado al ponerse al servicio de una supuesta «agenda exterior» contra Argelia, mientras otro dirige un llamamiento a la «juventud cabilia» para pedirle que se aleje de ella. El vídeo termina con la palabra «Majzén», pronunciada en un decrescendo por el comentarista. La puesta en escena resulta tan burda que ni siquiera hace falta afinar demasiado el oído para advertir que el acento y la forma de hablar de los cuatro supuestos marroquíes corresponden sencillamente a la darija argelina.
El vídeo llega un mes después de un comunicado publicado por el Ministerio el 13 de julio de 2026, en el que aseguraba que «en el marco de los esfuerzos continuos sobre el terreno [...] los servicios centrales de seguridad del Ejército desmantelaron en la wilaya de Tizi Ouzou [...] un grupo criminal compuesto por seis individuos pertenecientes al movimiento terrorista MAK, entre ellos cuatro elementos de nacionalidad marroquí que residían ilegalmente en Argelia y que operaban en la región durante el periodo de las elecciones legislativas [...] con el objetivo de perturbar el buen desarrollo de esta cita electoral».
La mentira del régimen, que ha necesitado treinta días para confeccionar un breve vídeo, resulta aún más evidente teniendo en cuenta que es de sobra conocido que la Cabilia prácticamente ha dejado de votar desde 2019. Es la única región del mundo donde, en dos elecciones presidenciales, dos legislativas y un referéndum constitucional, varios colegios electorales han llegado a registrar cero votos emitidos. De ahí que, ante cada cita electoral y frente al boicot masivo impulsado por el Hirak, el poder recurra sistemáticamente al «dahdouhismo» para ocultar su falta de legitimidad y el rechazo persistente de la vox populi.
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Esta estrategia comenzó ya con las primeras legislativas de la era Tebboune, en junio de 2021, que se saldaron con una raquítica participación del 23%. Pocos días antes de las elecciones, mientras el Hirak retomaba sus manifestaciones en las principales ciudades tras el paréntesis de la pandemia de Covid-19, la televisión pública exhibió a un hombre llamado Ahcène Zerkane, alias Abou Dahdouh.
Presentado como un terrorista activo desde 1994, aseguró haberse arrepentido después de intentar infiltrarse en el movimiento popular para empujarlo hacia la lucha armada. Una misión que, según sus «confesiones», le habrían encargado el MAK y Rachad. Supuestamente detenido el 18 de diciembre de 2020 en una zona montañosa próxima a Jijel, Abou Dahdouh fue condenado en septiembre de 2021 a 20 años de prisión, antes de ser absuelto en noviembre de 2024.
Desde 2021 y el final de las manifestaciones, Abou Dahdouh se ha convertido en el símbolo de las imposturas del poder. El término «dahdouhismo» se instaló así en el lenguaje cotidiano de los argelinos para ridiculizar a un régimen profundamente rechazado. Ya no designa únicamente las falsas confesiones de supuestos «terroristas», sino también, por extensión, las declaraciones de Abdelmadjid Tebboune y del jefe del Estado Mayor, Saïd Chengriha.
Hace exactamente dos años, el 14 de agosto de 2024, Argel difundía un nuevo episodio de esta misma maquinaria, apenas unas horas antes del inicio de la campaña para las elecciones presidenciales anticipadas. La televisión pública presentaba entonces las supuestas «revelaciones de un terrorista» encargado de ejecutar un plan del MAK destinado a sabotear la reelección de Tebboune.
Si el régimen argelino cree que semejantes montajes bastarán para contener el rechazo del electorado y la irreversible aspiración independentista de la Cabilia, es que definitivamente se ha quedado sordo y ciego.
