Ante los miembros del American Jewish Committee, Serge Berdugo, secretario general del Consejo de Comunidades Israelitas de Marruecos (CCIM), presentó ayer, martes 27 de octubre, la convivencia entre judíos y musulmanes en el Reino como un modelo sustentado en el derecho, el respeto y la acción concreta. También repasó una colaboración con el AJC que se prolonga desde hace más de cincuenta años.
En su discurso de bienvenida, Berdugo recordó que en 2025 recibió en Nueva York el premio Akiba, concedido por el AJC. Dijo que lo había aceptado en nombre de la comunidad judía marroquí. En noviembre de 2025, ambas organizaciones celebraron medio siglo de colaboración.
También evocó su primera visita a las oficinas del AJC en Nueva York. Había acudido para buscar apoyo a la hora de establecer contactos con responsables políticos, medios de comunicación y círculos universitarios. Para describir esta relación, citó la frase de Humphrey Bogart en Casablanca: «Este es el comienzo de una hermosa amistad». Añadió que esa amistad había estado a la altura de las expectativas.
El secretario general del CCIM vinculó después esta cooperación con los antiguos lazos entre Rabat y Washington. Recordó que el sultán Mohammed III fue, en diciembre de 1777, el primer jefe de Estado en reconocer la independencia de Estados Unidos. También citó el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, en diciembre de 2020, que, a su juicio, reforzó la asociación estratégica entre ambos países.
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Según Berdugo, ambas partes han luchado juntas contra el extremismo, el terrorismo, el racismo, el antisemitismo y la islamofobia. Su cooperación abarca la diplomacia, la seguridad, la cultura y la economía.
Más de 2.000 años de presencia
Berdugo describió Marruecos como una «nación antigua, orgullosa de su historia y de su diversidad. La vida judía forma parte de su civilización desde hace más de 2.000 años». Habló de «una comunidad hoy reducida, pero viva, integrada en la sociedad y que disfruta de libertad religiosa».
Sostuvo que la protección de la vida judía ha sido una constante de la monarquía. Citó al sultán Hassan I, a quien los rabinos llaman Hessed, «el Justo», y recordó la oposición de Mohammed V a las leyes antisemitas de Vichy. También presentó al rey Mohammed VI como impulsor de un compromiso que ahora se traduce en una política de preservación del patrimonio.
Desde 2010, recordó Berdugo, el soberano ha puesto en marcha y supervisado la rehabilitación de al menos 180 cementerios judíos y de 20 sinagogas, santuarios y mausoleos en todo el Reino. Esta labor busca, según dijo, «preservar la memoria colectiva, reconocer la contribución de los judíos marroquíes y transmitir esta historia a las generaciones futuras».
Berdugo señaló que la Constitución de 2011 reconoció el componente hebreo de la identidad nacional. También recordó la inauguración, el 12 de octubre de 2026, del Museo Nacional de la Cultura Judía Marroquí, en Fès, que describió como un nuevo paso en esta política.
A continuación, mencionó el Museo Judío de Casablanca, creado en 1997. Berdugo destacó que durante mucho tiempo fue «el único museo dedicado al patrimonio judío en el mundo árabe» y señaló que se prepara un proyecto de renovación. A su juicio, este patrimonio no pertenece únicamente a los judíos, sino que forma parte de la historia nacional y es un bien común de todos los marroquíes.
Una convivencia basada en el derecho y la acción
Al preguntársele cómo conviven judíos y musulmanes en Marruecos, Berdugo respondió que «la respuesta está en la historia, la cultura y las instituciones». Situó al soberano en el centro de este modelo, como comendador de los creyentes y garante de la libertad de las tres religiones monoteístas.
A su juicio, este modelo de convivencia «no es solo un ideal; se sostiene gracias al liderazgo, la ley, el respeto y la acción concreta». Consideró que «este mensaje es hoy más necesario que nunca, en un momento en que el antisemitismo y la islamofobia avanzan en el mundo».
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Berdugo recordó además que la mayoría de los judíos marroquíes abandonó el país a finales de la década de 1950, pero sin romper sus vínculos con el Reino. Según afirmó, «la diáspora sigue llevando la cultura, las tradiciones y los valores marroquíes por todo el mundo».
Citó al difunto rey Hassan II, quien decía que cuando un judío se marcha de Marruecos, el país pierde a un residente y gana un embajador en su lugar de destino. También insistió en que Marruecos mantiene su compromiso con una paz justa y duradera en Oriente Próximo, basada en la coexistencia de dos Estados en paz, seguridad y dignidad.
Jason Isaacson, responsable de políticas públicas del AJC, señaló que la delegación llevaba solo tres días en Marruecos. Contó que, durante sus reuniones en Rabat, sus interlocutores casi siempre comenzaban afirmando que Marruecos es un lugar seguro y acogedor. También definió a Berdugo como uno de sus amigos más cercanos y un socio de larga trayectoria.
Por su parte, Candy Gould, miembro del AJC, elogió una filosofía de tolerancia que considera poco común. Dijo que todos los miembros de la organización habían acabado enamorándose del modelo marroquí. A su juicio, la situación mundial empeora y más países deberían inspirarse en él.
Berdugo concluyó con un llamamiento a preservar el patrimonio compartido y combatir el odio en todas sus formas. Agradeció a los invitados su amistad y su presencia en Marruecos.
