El Ayuntamiento de Madrid, dirigido por José Luis Martínez-Almeida, ha llevado las actuales tensiones políticas a un terreno que durante décadas había permanecido protegido de las disputas entre España y Marruecos. La Junta Municipal del Distrito Centro, presidida por el concejal popular Carlos Segura, ha denegado la autorización a una feria solidaria de artesanía marroquí celebrada anualmente desde 2016 y concebida como un espacio de convivencia e intercambio cultural.
La medida afecta a la feria organizada por la Asociación Hispano-Árabe para el Desarrollo y la Cultura dentro de las «Jornadas de la Interculturalidad Entre Culturas 2026». Durante sus diez años de existencia, el encuentro había recorrido distintas plazas del centro de Madrid y sus tres últimas ediciones se habían celebrado en la plaza Juan Goytisolo.
No se trataba de un acto institucional del Gobierno marroquí ni de una manifestación política. El proyecto reunía a artesanos llegados de Marruecos para presentar y comercializar sus trabajos en un mercado solidario abierto al público. Según sus promotores, su finalidad era crear un espacio de encuentro, convivencia e intercambio entre personas de diferentes comunidades.
Leer también : Marruecos, la gran paradoja del PP en su camino hacia La Moncloa
La información publicada hasta ahora no incluye un programa pormenorizado de actuaciones, talleres o conferencias. Lo confirmado es la presencia de los artesanos, la instalación de carpas y estructuras y la exposición de mercancías procedentes de Marruecos. Todo ese material había llegado a España el 20 de julio, antes de que la autorización fuera rechazada.
Cuatro meses de trámites y un giro en agosto
La asociación comenzó a tramitar el permiso en abril. Durante los meses siguientes entregó la documentación solicitada por la Junta de Centro sin recibir advertencias sobre una posible incompatibilidad con el uso de la plaza. El 22 de julio, la propia administración pidió a los organizadores que aportaran el seguro de responsabilidad civil para continuar tramitando el evento. Nada indicaba entonces que el Ayuntamiento hubiera decidido excluir este tipo de ferias del espacio público.
El giro se produjo en agosto. El día 18, la Junta de Centro comunicó telefónicamente que la feria no sería autorizada. La explicación escrita no llegó hasta el 8 de septiembre, tres semanas después.
El consistorio sostuvo entonces que había establecido para 2026 nuevos criterios de ordenación del espacio público y que, en aplicación de estos, ya no tramitaría autorizaciones para actividades cuya temática fuese la de mercados o ferias. La prioridad, afirmó, sería reservar las plazas para iniciativas no comerciales de carácter cultural o social, además de proteger el descanso vecinal, la accesibilidad y el patrimonio.
La explicación plantea una primera pregunta evidente. Si esos criterios regían desde el inicio de 2026, ¿por qué la Junta mantuvo abierto el expediente durante cuatro meses y todavía el 22 de julio reclamaba un seguro para continuar su tramitación?
Leer también : El PP eleva la apuesta contra Marruecos y se acerca al discurso de Vox
También resulta difícil entender por qué una actividad presentada desde 2016 como iniciativa cultural y solidaria queda reducida ahora a su dimensión comercial. La venta de productos artesanales formaba parte del encuentro, pero también era el instrumento que permitía a los artesanos desplazarse, mostrar su trabajo y mantener sus oficios.
Un criterio que no parece aplicarse a todas las ferias
La versión municipal tropieza además con las actividades autorizadas o respaldadas durante el mismo año por el Distrito Centro.
Entre el 23 de marzo y el 12 de abril, el paseo de Recoletos acogió la IV Feria de Artesanía de Semana Santa. Participaron 56 creadores y la cita fue organizada conjuntamente por la Junta Municipal de Centro y la Asociación Madrileña de Oficios Artesanos. Carlos Segura acudió personalmente a inaugurarla.
Más llamativo todavía es que el 11 de septiembre, apenas tres días después de comunicar por escrito la negativa a la asociación hispano-árabe, el propio Segura inauguró en Recoletos la XXXII Feria de Dibujo y Pintura Catalana & Madrid. En ese evento, organizado en colaboración con la Junta de Centro, el público podía contemplar y adquirir las obras expuestas.
Estas diferencias no demuestran por sí solas que la feria marroquí haya sido vetada por razones políticas. Los acontecimientos pueden estar sujetos a procedimientos o categorías administrativas diferentes. Pero sí obligan al Ayuntamiento a explicar por qué considera compatibles unas ferias y no otra, desde cuándo existen los nuevos criterios y dónde fueron formalmente establecidos.
La Administración dispone de competencias para autorizar o rechazar la ocupación de una plaza pública. Sin embargo, esa potestad no es ilimitada. La legislación española obliga a motivar las decisiones que afecten a intereses legítimos, mientras la Constitución prohíbe la arbitrariedad de los poderes públicos.
Por tanto, con la documentación conocida no puede afirmarse todavía que la negativa sea ilegal. Sí puede sostenerse que su justificación es insuficiente y aparentemente incoherente con otras decisiones adoptadas por el mismo distrito. La asociación podría exigir la resolución administrativa completa, los criterios invocados y la relación de autorizaciones concedidas o denegadas bajo esas mismas reglas.
La asociación denuncia discriminación y el PSOE exige explicaciones
Rachid Ismaili, presidente de la Asociación Hispano-Árabe para el Desarrollo y la Cultura, relaciona el cambio con los acontecimientos de Sebta y con el deterioro del debate político español sobre Marruecos.
«En estos momentos todo lo que huele a Marruecos hay que prohibirlo», declaró a Cadena SER. Ismaili considera que se trata de una decisión política y reclama que las normas se apliquen con transparencia, objetividad y sin discriminación.
La asociación también denuncia importantes pérdidas económicas. Cuando recibió la negativa, los artesanos ya habían desplazado desde Marruecos las mercancías, las carpas y el resto de las estructuras. A ello se suman los gastos de transporte, seguros y documentación técnica asumidos durante los cuatro meses de tramitación.
El Grupo Municipal Socialista comparte las dudas de los organizadores y llevará el asunto al próximo pleno del Distrito Centro. El concejal Antonio Giraldo considera que hubo «claramente un motivo político». Su principal argumento es la cronología. La tramitación avanzó con normalidad hasta finales de julio y la negativa llegó después de los acontecimientos registrados en Sebta.
Giraldo ha pedido a Carlos Segura que haga públicos los nuevos criterios y aclare si se aplicarán también al mercado de Navidad, a la Feria de Artesanía y a las demás actividades comerciales celebradas en el distrito.
Hasta ahora, ni Almeida ni Segura han ofrecido una explicación pública más detallada. La posición del Ayuntamiento se limita a negar cualquier motivación relacionada con Marruecos y a invocar la nueva ordenación del espacio público.
El PP cruza otra línea con Marruecos
La prohibición de esta feria no puede aislarse de la campaña que el Partido Popular mantiene contra Marruecos desde los acontecimientos de Sebta. Lo que comenzó con acusaciones políticas sin pruebas concluyentes ha terminado alcanzando a artesanos, asociaciones culturales y ciudadanos que no tienen ninguna responsabilidad en las disputas entre partidos españoles.
Alberto Núñez Feijóo ha acusado reiteradamente a Marruecos de una «agresión» contra España y ha convertido la relación bilateral en un arma contra Pedro Sánchez. Isabel Díaz Ayuso ha ido todavía más lejos al prometer que rompería relaciones con el Reino y militarizaría la frontera si llegara a presidir el Gobierno. Ahora, bajo un Ayuntamiento también dirigido por el PP, una feria marroquí celebrada desde hace diez años desaparece del centro de Madrid mediante unos supuestos criterios que no parecen aplicarse con el mismo rigor a otros mercados y encuentros artesanales.
Leer también : Relaciones con España: Marruecos rechaza ser el «chivo expiatorio» de ajustes de cuentas partidistas
No es una sucesión de episodios desconectados. Es una estrategia política que utiliza a Marruecos para alimentar el enfrentamiento interno español. Feijóo y Ayuso han elevado el tono hasta presentar al país vecino como una amenaza permanente, aunque el propio Gobierno español haya reiterado que no existen pruebas que permitan atribuir a las autoridades marroquíes la organización de la entrada masiva en Sebta.
Marruecos ya ha tenido que responder oficialmente a esta campaña. El Ministerio de Exteriores rechazó convertirse en «chivo expiatorio» de los ajustes de cuentas políticos en España y advirtió contra las acusaciones infundadas que dañan una relación construida sobre la confianza y la cooperación. Lejos de rebajar la tensión, el PP ha continuado explotándola. Feijóo volvió a hablar de una «agresión» marroquí, mientras Ayuso insistió en la ruptura de relaciones y en la militarización de la frontera.
Las consecuencias ya no se limitan al debate parlamentario ni a los ataques contra el Gobierno de Sánchez. El discurso político comienza a traducirse en decisiones que afectan directamente a los vínculos culturales y humanos entre ambos países. El Ayuntamiento no ha suspendido una reunión diplomática ni ha cancelado un acto gubernamental. Ha cerrado una plaza a artesanos marroquíes que acudían a Madrid para mostrar su trabajo y participar en una iniciativa de convivencia.
Durante los buenos y los malos momentos de la relación bilateral, la economía, la cultura y los vínculos humanos han permitido mantener abiertos canales entre las dos sociedades. El PP está poniendo también ese patrimonio compartido al servicio de su confrontación electoral. Cada acusación sin demostrar, cada referencia a una invasión y cada promesa de ruptura alimentan la hostilidad contra Marruecos y terminan proyectándose sobre los marroquíes que viven, trabajan o desarrollan actividades en España.
Leer también : España. El Partido Popular, más «antimarruecos» que nunca: la contundente respuesta de Albares a los ataques de Rajoy
Feijóo, Ayuso y Almeida deben asumir la responsabilidad de esta escalada. No pueden presentarse como defensores de una relación seria con Marruecos mientras convierten al Reino en enemigo electoral, ni proclamar que distinguen entre un Gobierno y un pueblo cuando sus decisiones castigan precisamente a ciudadanos y artesanos.
El veto a esta feria revela hasta dónde está dispuesto a llegar el PP. Después de semanas envenenando la relación bilateral, la ofensiva ya ha salido de los discursos y ha entrado en las plazas. Y cuando una disputa partidista termina castigando la cultura, la convivencia y los intercambios humanos, el daño deja de ser exclusivamente político. También empieza a sembrar rechazo entre dos sociedades condenadas, por su historia y su geografía, a entenderse.
