El Partido Popular ha decidido elevar el tono contra Marruecos. Después de haber concentrado durante días sus críticas en el Gobierno de Pedro Sánchez, la principal formación de la oposición española señala ahora directamente a Rabat como «responsable» de lo ocurrido en Sebta el pasado 30 de julio y de la situación que persiste en la ciudad ocupada. La acusación fue formulada por la vicesecretaria del PP Alma Ezcurra durante una visita a Sebta. En declaraciones recogidas este miércoles por El Mundo, la dirigente popular sostuvo que Marruecos desempeñó un papel, «por acción o por omisión», en la entrada irregular y masiva de migrantes.
«Marruecos es responsable de lo que ocurrió y de lo que sigue ocurriendo ahora mismo en Sebta», afirmó Ezcurra, antes de asegurar que así lo habrían constatado «los españoles, los europeos y el mundo entero».
Para apuntalar su acusación, recurrió a una imagen tan efectista como difícil de demostrar. «Los españoles no son ingenuos. Cuando 70.000 personas cruzan una frontera de manera ilegal y violenta al sonido de un silbato y, al día siguiente, 60.000 regresan por donde habían venido al sonido de otro silbato, es evidente que alguien da la señal», declaró.
La metáfora del silbato permite al PP insinuar una operación dirigida desde Marruecos sin aportar elementos que prueben esa coordinación. También convierte el retorno de decenas de miles de personas en una acusación contra Rabat, cuando ese mismo dato podría demostrar precisamente la intervención de las autoridades marroquíes para contener la situación y facilitar el regreso.
Una acusación que hasta ahora el PP evitaba
El discurso supone un cambio apreciable respecto a la posición mantenida por el partido durante los primeros días de la crisis. Poco más de una semana antes, el secretario general del PP, Miguel Tellado, había presentado a Pedro Sánchez como el «principal responsable» de la llegada masiva a Sebta, sin acusar directamente a Marruecos.
El propio Alberto Núñez Feijóo se había limitado dos días antes a reclamar «reciprocidad, transparencia y buena fe» en las relaciones entre Madrid y Rabat. Ese lenguaje más prudente parecía coherente con la voluntad expresada por el líder popular de hacer de Marruecos su primer destino internacional si llega al Palacio de la Moncloa.
Ezcurra abandona ahora esa cautela. El giro permite al PP lanzar una crítica perfectamente dirigida contra el PSOE, al que acusa de haber construido una relación opaca y desequilibrada con Rabat. Pero también introduce a los populares en una carrera con Vox por ver quién adopta el discurso más duro contra Marruecos.
La dirigente popular llegó a afirmar que «España no puede entregar a Rabat la llave de su frontera» y prometió que esa situación terminará con un Gobierno del PP. La frase busca proyectar firmeza, aunque omite un hecho elemental. La cooperación con Marruecos no constituye una concesión particular de Pedro Sánchez, sino una necesidad estructural para cualquier Ejecutivo español, también para uno presidido por Feijóo.
España puede reclamar mayor transparencia o discutir determinados aspectos de la cooperación bilateral. Lo que no puede hacer es pretender gestionar en solitario los movimientos migratorios en torno a una frontera cuya existencia Marruecos nunca ha reconocido y que separa su propio territorio de Sebta, una ciudad bajo administración española que Rabat considera ocupada.
Sebta y Melilla como munición contra el PSOE
Ezcurra aprovechó asimismo las recientes declaraciones del ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, para interpelar al Gobierno español. El responsable marroquí recordó que Rabat sigue reivindicando Sebta y Melilla, una posición histórica del Reino que no constituye ninguna novedad diplomática.
«¿Es esta la cooperación leal que el Gobierno mantiene con el Reino de Marruecos?», preguntó la dirigente popular, antes de exigir al Ejecutivo que aclarase si pensaba abrir un «conflicto diplomático» con Rabat.
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El planteamiento encierra una contradicción. El PP exige al Gobierno español que garantice la colaboración de Marruecos en materia migratoria, pero al mismo tiempo parece reclamar una crisis diplomática porque Rabat mantenga una posición conocida desde hace décadas. Cooperar no significa que ambos países hayan resuelto todas sus diferencias ni que Marruecos haya renunciado a sus reivindicaciones territoriales.
Tampoco resulta coherente acusar al Reino de desentenderse de la frontera cuando las fuerzas de seguridad marroquíes han soportado buena parte de la presión sobre el terreno, han intervenido para impedir nuevas salidas y mantienen movilizados importantes recursos humanos y materiales ante las convocatorias difundidas en las redes sociales.
Marruecos ha reforzado además su dispositivo ante los llamamientos a realizar nuevos intentos de entrada el 15 de agosto y ha advertido de que aplicará la ley con todo su rigor. Rabat también ha reclamado a España que desbloquee los procedimientos necesarios para el retorno inmediato de los menores marroquíes no acompañados. Estos elementos difícilmente encajan con la imagen de un país que habría abandonado deliberadamente sus responsabilidades.
Una estrategia que puede volverse contra Feijóo
La ofensiva del PP puede ofrecerle réditos inmediatos en la batalla política española. Le permite responsabilizar a Sánchez, cuestionar la política exterior del PSOE y evitar que Vox monopolice el discurso más agresivo sobre Marruecos. Sin embargo, sus consecuencias a medio plazo son mucho menos favorables para los propios populares.
Feijóo asegura que quiere reconstruir una relación con Marruecos basada en la confianza, la seriedad y el respeto mutuo. Esa relación difícilmente podrá levantarse sobre acusaciones no demostradas, amenazas de ruptura y una competición retórica con Vox.
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Marruecos cumple su parte en la vigilancia de los accesos y soporta una presión que no puede asumir indefinidamente en solitario. España, por su parte, debe hacerse cargo de sus propias obligaciones una vez que las personas alcanzan territorio bajo su administración, aplicando los procedimientos de identificación, protección, asilo o residencia previstos por su legislación.
El PP tiene pleno derecho a fiscalizar la gestión de Sánchez y a exigir explicaciones sobre la crisis. Pero convertir a Marruecos en munición para la pugna interna española no resolverá la situación de Sebta ni mejorará la cooperación bilateral. Sobre todo, no permitirá construir la relación estable y serena que Feijóo necesitaría desde el primer día si alguna vez llega a gobernar España.
