Marruecos participó este miércoles en Washington en un diálogo estratégico con los Observadores Permanentes ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrado en el marco de una reunión especial del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI). El embajador marroquí en Washington, Youssef Amrani, aprovechó el encuentro para presentar la visión del Reino sobre el futuro de su cooperación con los países de las Américas.
Amrani subrayó que la condición de Observador Permanente de Marruecos ante la OEA refleja una convicción clara, que el Atlántico no debe ser visto como una distancia que separa a África y América, sino como un espacio común para desarrollar asociaciones y aprovechar oportunidades compartidas. Esta visión sitúa al océano como un puente para intensificar los intercambios entre ambas orillas.
El diplomático marroquí defendió además una cooperación Sur-Sur orientada a resultados concretos. Según explicó, esta cooperación debe comenzar por escuchar las prioridades de los propios países miembros y traducir ese diálogo en proyectos capaces de responder a sus necesidades reales. Para Marruecos, el desarrollo no depende únicamente de los recursos financieros, sino también de compartir capacidades, experiencias y conocimientos.
En este contexto, Amrani puso el acento en el papel del conocimiento, la tecnología, la experiencia y, sobre todo, del capital humano. Frente a desafíos como la seguridad alimentaria, la escasez de agua y la transición energética, Marruecos considera que su experiencia puede servir de base para desarrollar proyectos de cooperación con los países americanos.
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El embajador destacó especialmente la experiencia marroquí en agricultura sostenible, gestión de los recursos hídricos, desalación de agua y desarrollo de energías renovables a gran escala. Estos ámbitos tienen una importancia creciente a nivel mundial, ya que numerosos países afrontan al mismo tiempo el aumento de las temperaturas, la presión sobre los recursos naturales y la necesidad de garantizar un suministro energético más limpio.
La propuesta marroquí no se limita, sin embargo, a transferir conocimientos técnicos. Amrani señaló que el país cuenta con instituciones especializadas y centros de investigación y formación capaces de crear vínculos entre investigadores, profesionales y jóvenes innovadores. A través de la Agencia Marroquí de Cooperación Internacional (AMCI), Marruecos está dispuesto a ampliar las oportunidades de becas, formación técnica e intercambio de experiencias para jóvenes y profesionales de los Estados miembros de la OEA.
El Reino también propone comenzar con proyectos piloto en comunidades especialmente afectadas por el estrés hídrico, la degradación de los suelos o la vulnerabilidad energética. La idea es probar soluciones concretas sobre el terreno, evaluar sus resultados y ampliar posteriormente aquellas iniciativas que demuestren ser eficaces. Este enfoque permitiría pasar de los acuerdos generales a una cooperación con resultados visibles para las poblaciones beneficiarias.
Para garantizar la continuidad de este proceso, Marruecos ha planteado además la elaboración de una hoja de ruta «OEA-Marruecos», con prioridades definidas, proyectos concretos y mecanismos de seguimiento. Para el Reino, este marco permitiría organizar mejor la cooperación y transformar su estatuto de observador en una relación más activa y orientada a resultados.
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La propuesta tiene una dimensión estratégica para Marruecos y para las Américas. Para el Reino, supone reforzar sus vínculos con un continente con el que comparte intereses en materia de desarrollo, energía, agua, agricultura y formación. Para los países americanos, la cooperación abre la posibilidad de aprovechar experiencias marroquíes desarrolladas frente a problemas similares, especialmente en materia de gestión del agua y transición energética.
A escala internacional, la iniciativa refleja también una evolución en la cooperación entre países del Sur. En lugar de limitarse a la financiación, el modelo defendido por Marruecos pone el conocimiento, la formación y las capacidades humanas en el centro de la cooperación. El objetivo final, según Amrani, es que el espacio atlántico se convierta en un ámbito de intercambio de conocimientos, innovación, solidaridad y prosperidad sostenible, con Marruecos como socio activo y no únicamente como observador.
