Cuando el periodismo de investigación abandona la rigurosidad factual en beneficio del sensacionalismo y de los apriorismos, la fabulación se desmorona. A veces, antes de lo previsto. Y, hecho curioso, hasta los héroes creados de la nada para alimentar y sostener la narrativa terminan por rebelarse. El tratamiento reservado a Marruecos por una parte de la prensa española ofrece regularmente casos de escuela al respecto. El último episodio hasta la fecha enfrenta al diario conservador madrileño ABC con la realidad de los hechos. Al erigir a un individuo procesado por estafa, llamémoslo Mehdi Hijaouy, en «superespía» basándose en un documento tan dudoso como obsoleto, el periódico se ha pillado los dedos con un relato cogido con pinzas.
A fuerza de intentar alimentar una línea hostil hacia las instituciones marroquíes, la periodista Ketty Garat se precipitó en una narración de espionaje tambaleante, rápidamente desmontada por los hechos, metódicamente desconstruida por expertos u observadores, incluidos los hostiles, y desmentida por el propio interesado.
Este miércoles 9 de septiembre de 2026, el despacho de abogados parisino Bourdon & Associés, que representa a Mehdi Hijaouy, publicó un comunicado de prensa en el que aporta un desmentido formal y categórico a las alegaciones difundidas por Ketty Garat y ABC. El texto desmonta punto por punto el relato de una supuesta filtración masiva de datos orquestada en beneficio del grupo de piratas informáticos «Jabaroot».

«Los abogados del Sr. Mehdi Hijaouy desean, por la presente, desmentir con la mayor firmeza las informaciones difundidas el 7 de septiembre de 2026 por el diario español ABC, bajo la firma de la periodista Ketty Garat, según las cuales el Sr. Hijaouy estaría en el origen de una filtración masiva de datos dirigida contra los servicios de inteligencia marroquíes en beneficio del grupo de piratas informáticos denominado Jabaroot», se lee en el texto.
El comunicado subraya que la periodista no aportó ningún elemento material y se limitó a hacer eco de meras especulaciones. «A diferencia de lo que afirma el artículo citado, el Sr. Hijaouy nunca ha transmitido, comunicado o divulgado, de ninguna manera, a ningún tercero, y en particular al grupo Jabaroot, bases de datos, documentos o informaciones pertenecientes a los servicios de inteligencia marroquíes...», escribe el bufete de abogados. También se precisa que Hijaouy nunca ha tenido el más mínimo contacto, directo o indirecto, con el diario ABC ni con su periodista Ketty Garat, «ya sea con motivo de la redacción de dicho artículo o al margen del mismo». Curioso, como se decía.
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Al denunciar acusaciones «carentes de todo fundamento material» que reposan sobre vagas «fuentes de inteligencia anónimas», la defensa exige rectificaciones formales.
Cuando la novela sustituye a los hechos
La investigación firmada por Ketty Garat en ABC se asemeja más a una ficción geopolítica que a un trabajo de investigación verificado. El diario madrileño presenta a Mehdi Hijaouy, sobre quien pesa no obstante una orden de busca y captura internacional por delitos de estafa, como el hombre clave de una conspiración de Estado de una magnitud inédita.
El artículo de ABC afirma así haber tenido acceso a una «exclusiva»: «El exnúmero dos de la inteligencia marroquí filtra “información sensible” a los hackers de Jabaroot. ABC afirma haber tenido acceso en exclusiva al documento de identificación de Mehdi Hijaouy en el seno de la inteligencia exterior marroquí». Lo suficiente para convertirlo en «el hombre que se encuentra detrás de la brecha de seguridad que ha dejado al descubierto a 70.381 espías marroquíes».
Para otorgar una dimensión internacional a su artículo, la periodista lleva la extrapolación hasta imputar a Hijaouy el hackeo de los teléfonos de líderes europeos, entre ellos el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. «Marruecos ignora su paradero actual y busca desesperadamente al que fuera contralor general [...] de la DGED, el organismo que dirigió la operación de espionaje contra líderes europeos e infectó los teléfonos móviles de Pedro Sánchez o Emmanuel Macron mediante el programa espía Pegasus».
Confrontada con el hecho de que Mehdi Hijaouy está procesado por delitos comunes, la periodista intenta eludir el problema calificando las actuaciones judiciales de simple cortina de humo institucional. «La prensa oficial del régimen intentó enmascarar su papel en los servicios secretos presentándolo como un delincuente común que se hacía pasar por espía. Por ello, el documento de identidad revelado hoy por ABC reviste una gran importancia...».
Llega incluso a atribuirle la posesión de mayores secretos de Estado. «Custodiaría el material extraído de los teléfonos hackeados por el programa espía Pegasus y los datos relativos a las operaciones clandestinas de corrupción en el Parlamento Europeo...».
El naufragio de una tesis
Desde la publicación del artículo, la fragilidad de estas afirmaciones provocó reacciones inmediatas, incluso en sectores habitualmente poco benevolentes con nuestro país. El periodista español Ignacio Cembrero, conocido por sus posiciones muy críticas hacia Rabat, se apresuró a señalar incoherencias cronológicas e institucionales de calado en la red social X. «Solo la agencia de inteligencia interior de Marruecos (DGST) tuvo acceso a Pegasus, del que hizo un uso masivo. [...] La agencia de inteligencia exterior (DGED) no tocó el malware, aunque sí pudo indicar blancos a espiar. Mehdi Hijaouy fue número 2 de la DGED hasta 2014. La DGST empezó a utilizar Pegasus en 2017...», escribió.
Ante estas reservas, Ketty Garat se obstinó respondiendo que Hijaouy habría sido «asesor del monarca de 2017 a 2022», intentando justificar su exclusiva de pacotilla mediante la posesión de «documentos inéditos» en lugar de aportar pruebas verificables.
Sin embargo, fue el académico y parlamentario marroquí Lahcen Haddad quien ofreció, en la misma red X, el análisis más detallado de las fallas lógicas del artículo de ABC. Punto por punto, desmonta la cadena de especulaciones. El documento exhibido por el periódico es un carné profesional caducado desde 2014. Como recuerda Lahcen Haddad, «el “documento inédito” publicado por ABC es una tarjeta profesional que expiró en 2014. Aun siendo auténtica, atestiguaría como máximo una antigua pertenencia y un rango dentro de la DGED. No demuestra que fuera el número dos de todo el servicio, que continuara teniendo acceso a información operativa años después o que filtrara datos a Jabaroot».
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En lo relativo a las acusaciones sobre el hackeo del teléfono de Pedro Sánchez, Haddad remarca el salto lógico realizado por la periodista. «Afirmar que Hijaouy ocupó después un puesto de asesor tampoco resuelve nada. Habría que demostrar que dicha función le daba acceso al sistema operativo de la DGST, a los datos extraídos mediante Pegasus y, específicamente, al contenido del teléfono de Sánchez. Ningún registro técnico, documento, mensaje o testimonio independiente publicado lo atestigua». «La Audiencia Nacional archivó la causa sin haber podido identificar a los autores. [...] No está judicialmente establecido que la DGST, la DGED o el Estado marroquí hayan infectado el teléfono de Pedro Sánchez», demostraba.
Sobre la atribución de la filtración de datos del grupo Jabaroot, Haddad observa una burda confusión conceptual. «Es engañoso transformar una base de 70.381 registros, vinculados principalmente al personal de la DGSN, en una lista de 70.381 espías. La DGSN es una vasta administración policial. No todos sus policías, funcionarios y empleados administrativos son espías», señalaba el analista.
El caso ABC-Hijaouy ilustra hasta el esperpento las derivas de cierta prensa española, presta a dar por válidos los relatos más extravagantes siempre que se encuadren en un prisma desfavorable hacia Marruecos. Al transformar un carné caducado y los dichos de un individuo procesado por estafa en un asunto de Estado, desmentido además por el propio interesado, el diario ha producido un caso de escuela de sensacionalismo, donde la yuxtaposición de hipótesis se ha impuesto al deber de verificación.
