La necesidad de restablecer la confianza merece ser tomada seriamente en consideración. Pero la paciencia, por sí sola, no puede resolver el conflicto. Un proceso abierto también debe tener en cuenta el marco establecido por el Consejo de Seguridad: unas negociaciones que tomen como base la propuesta marroquí de autonomía, acogiendo favorablemente las propuestas constructivas y buscando una solución mutuamente aceptable que permita ejercer el derecho a la autodeterminación.
La cuestión central, por tanto, es cómo traducir ese marco en una implicación sustantiva de todas las partes, sin permitir que los llamamientos a la paciencia se conviertan en una justificación para aplazar indefinidamente la solución.
Un desequilibrio fundamental
Fabiani afirma que el Polisario debe participar en las negociaciones, pero su argumentación le otorga algo parecido a un derecho de veto sobre quién puede hablar en nombre de los saharauis. Advierte de que ampliar la mesa de negociaciones podría «sortear» al Frente y considera que un acuerdo que incluyera a otros grupos saharauis carecería de legitimidad popular. Sin embargo, su artículo concede mucha menos importancia a la legitimidad de los representantes saharauis elegidos en las provincias del sur de Marruecos, que cuentan con mandatos electorales y participan en las instituciones locales y nacionales.
El Polisario es una parte del conflicto y, como tal, puede participar en las negociaciones. Eso no significa que deba ser considerado la única voz saharaui creíble, ni que la inclusión de otros actores perjudique el proceso. Los representantes electos, el MSP y los actores de la sociedad civil podrían contribuir a él. Una mesa de negociación más amplia dificultaría que el Polisario siguiera afirmando que habla, en exclusiva, en nombre de todos los saharauis.
«La inclusión no debería percibirse como una amenaza para las negociaciones; al contrario, puede servir para poner a prueba y ampliar la representatividad del proceso.»
Fabiani propone un mecanismo consultivo paralelo para los demás saharauis, mientras mantiene las negociaciones principales centradas en Marruecos y el Polisario. Esta configuración corre el riesgo de preservar precisamente el monopolio político que, según él, no considera formalmente exclusivo. La inclusión no debería percibirse como una amenaza para las negociaciones; al contrario, puede servir para poner a prueba y ampliar la representatividad del proceso.
La paciencia también puede favorecer el statu quo
Fabiani presenta la ralentización del proceso como un remedio frente a la desconfianza. Pero la lentitud no es neutral cuando una de las partes tiene interés en retrasar una decisión. Una interpretación plausible sería que el Polisario —y posiblemente Argelia— pudiera considerar las conversaciones exploratorias como una forma de evitar negociaciones de fondo mientras espera un cambio en el panorama político estadounidense.
Se trata de una interpretación de los intereses en juego, no de una prueba de intencionalidad. Aun así, el artículo presta muy poca atención al riesgo de que «más paciencia» simplemente prolongue el bloqueo.
La actual apertura diplomática no surgió de la nada. El reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí, el creciente número de países que apoyan el plan de autonomía y la apertura de consulados en El Aaiún y Dajla han contribuido a modificar el contexto político.
Fabiani reconoce parte de esta dinámica, pero la trata esencialmente como una presión que debe gestionarse, en lugar de como una oportunidad que conviene aprovechar para lograr avances. Si las partes siguen reiniciando ejercicios de reconstrucción de la confianza sin avanzar hacia una solución, esta oportunidad podría acabar desapareciendo.
La autonomía es la oferta de Marruecos, no una simple posición de partida
Fabiani describe el plan marroquí como la base de las negociaciones e insta a Rabat a no intentar acelerar su adopción. Pero, desde la perspectiva marroquí, la autonomía bajo soberanía marroquí no constituye simplemente una posición negociadora inicial detrás de la cual existiría una larga lista de concesiones adicionales.
Representa el máximo compromiso que Marruecos está dispuesto a ofrecer. El artículo subestima esta limitación de política interna: existe un amplio consenso nacional marroquí sobre la cuestión del Sáhara, y cualquier solución percibida como una reapertura del debate sobre la soberanía resultaría políticamente inaceptable para muchos marroquíes.
«La verdadera cuestión práctica consiste en determinar cómo hacer que una solución sea creíble y viable dentro de ese marco, y no cómo presionar a Marruecos para que haga concesiones que vayan más allá de él.»
Esto no significa que las negociaciones no puedan abordar las instituciones previstas en el plan, sus competencias, las garantías ofrecidas o las modalidades de aplicación. Significa, en cambio, que pedir a Rabat que considere la soberanía como una moneda de cambio todavía negociable supone desconocer lo que representa la autonomía en la política marroquí.
La verdadera cuestión práctica consiste en determinar cómo hacer que una solución sea creíble y viable dentro de ese marco, y no cómo presionar a Marruecos para que haga concesiones que vayan más allá de él.
El Plan Baker no es un puente ya construido hacia el compromiso
Fabiani sugiere que el Polisario podría volver a poner sobre la mesa el Plan Baker de 2003 como una contrapropuesta flexible: un período de autonomía seguido de un referéndum sobre el estatuto definitivo del territorio.
Pero ese plan contemplaba la independencia entre los posibles resultados. Marruecos lo rechazó, y los documentos de las Naciones Unidas presentan la cuestión del referéndum —en particular, la posibilidad de la independencia— como una de las principales objeciones marroquíes.
Presentar así el Plan Baker II como una vía evidente para volver al compromiso no resuelve, por tanto, el desacuerdo fundamental. Supone reabrir precisamente la cuestión que Marruecos se ha negado a aceptar como condición para alcanzar una solución.
El artículo debería explicar por qué Rabat aceptaría hoy ese marco, o reconocer que es poco probable que esta propuesta acerque las posiciones de las partes.
Gdeim Izik: la reconstrucción de la confianza no puede borrar la dimensión judicial
La sugerencia de liberar a los presos de Gdeim Izik se presenta como una medida de confianza. Sin embargo, el artículo no explica suficientemente la distinción entre condenas por actos violentos y encarcelamientos motivados por opiniones políticas.
Los acusados fueron condenados en relación con unos enfrentamientos en los que murieron once miembros desarmados de las fuerzas de seguridad; los tribunales marroquíes los consideraron responsables de esas muertes.
Fabiani propone liberaciones o traslados como si se tratara de concesiones diplomáticas relativamente sencillas, sin abordar realmente ni la gravedad de las condenas ni las preocupaciones relacionadas con las garantías de un juicio justo.
Cualquier medida debería basarse en una revisión judicial transparente, y no utilizarse para dar a entender que estas personas fueron encarceladas simplemente por sus convicciones políticas.
Lo que el artículo pasa por alto
El artículo pide reiteradamente a Marruecos que actúe con moderación, haga concesiones y acepte un proceso prolongado. Invita al Polisario a mostrar flexibilidad, pero al mismo tiempo preserva su condición de interlocutor indispensable y le ofrece una vía de retorno hacia una propuesta basada en un referéndum.
También insta a Argelia a mantener sus canales de comunicación con Washington, pero no establece costes políticos comparables ni obligaciones concretas para Argel.
Es esta asimetría la que permite criticar el artículo por estar, en sus efectos, alineado con las preferencias negociadoras de Argelia y del Polisario, sin que ello implique afirmar que Fabiani actúe en nombre de ambos.
El resultado que se propone —ralentizar el proceso, mantener al Polisario en el centro de las negociaciones, oponerse a la aparición de otros interlocutores saharauis y preservar la posibilidad de un referéndum— coincide estrechamente con posiciones que contribuyen a mantener el actual bloqueo.
En conclusión, Fabiani llama a la paciencia, pero una paciencia sin un destino claramente definido corre el riesgo de perpetuar el statu quo. Su artículo reconoce la necesidad de que el Polisario muestre flexibilidad, mientras considera indispensable su posición central en el proceso. Concede muy poca importancia a los representantes saharauis electos, subestima la línea roja que representa la soberanía en la política interna marroquí y vuelve a plantear el Plan Baker sin explicar cómo podría Marruecos aceptar un referéndum que incluya la opción de la independencia.
El resultado es un análisis que puede presentarse como un ejercicio de diplomacia equilibrada, pero cuyas recomendaciones prácticas se inclinan a favor de las preferencias negociadoras de Argelia y del Polisario.
