Marruecos se prepara para afrontar nuevas jornadas de temperaturas muy elevadas. Aunque el calor forma parte del verano en buena parte del Reino, varios días consecutivos con máximas extremas y noches en las que apenas refresca pueden someter al organismo a un esfuerzo considerable.
La exposición prolongada puede provocar deshidratación, calambres, agotamiento e incluso un golpe de calor, una urgencia médica potencialmente mortal. También puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o relacionadas con la diabetes, según advierte la Organización Mundial de la Salud.
La mayoría de estos problemas puede evitarse adoptando algunas precauciones sencillas tanto dentro como fuera de casa.
Beber antes de tener sed
La hidratación es la primera línea de defensa. Conviene beber agua regularmente a lo largo del día, incluso cuando no se tiene sed, porque esta sensación puede aparecer cuando el organismo ya ha comenzado a deshidratarse. La OMS recomienda, como orientación general, tomar aproximadamente un vaso de agua cada hora y entre dos y tres litros diarios, aunque las necesidades pueden variar según la edad, el estado de salud y la actividad física.
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El agua debe estar siempre al alcance, especialmente durante los desplazamientos. También pueden consumirse frutas y verduras ricas en agua, como sandía, melón, naranja, pepino o tomate. En cambio, es preferible limitar el alcohol, las bebidas muy azucaradas y el exceso de café o té, ya que no sustituyen adecuadamente al agua.
Las personas que padecen insuficiencia cardiaca o renal, o que siguen un tratamiento que restringe la ingesta de líquidos, no deben aumentar bruscamente su consumo sin consultar antes con un profesional sanitario.
Una orina escasa o de color amarillo oscuro, la sequedad de boca, el cansancio y el dolor de cabeza pueden indicar que el cuerpo no está recibiendo suficiente agua.
Evitar las horas más calurosas
Siempre que sea posible, las salidas, las compras, el ejercicio y los trabajos físicamente exigentes deben trasladarse a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Durante las horas centrales del día conviene permanecer a la sombra o en espacios frescos.
La temperatura anunciada en los partes meteorológicos se mide a la sombra. Bajo el sol, la sensación térmica puede ser entre 10 y 15 grados superior, recuerda la OMS. Por eso, un trayecto que parece corto puede convertirse rápidamente en una exposición peligrosa.
Si es imprescindible salir, se recomienda utilizar ropa holgada, ligera y de colores claros, además de sombrero o gorra, gafas de sol y protector solar. También es aconsejable caminar por la sombra, llevar una botella de agua y realizar pausas frecuentes.
Quienes trabajan en la construcción, la agricultura, la limpieza, el transporte, la seguridad o cualquier otra actividad al aire libre deben hidratarse con frecuencia y descansar periódicamente en un lugar fresco. El mareo, la debilidad o los calambres no deben considerarse una molestia normal que haya que soportar.
Cómo mantener fresca la vivienda
La mejor estrategia consiste en impedir que el calor entre durante el día y aprovechar el aire más fresco de la noche. Por la mañana, cuando la temperatura exterior comienza a subir, es aconsejable cerrar ventanas, persianas, cortinas y contraventanas, especialmente en las fachadas expuestas directamente al sol.
Una vez anochecido, y siempre que la temperatura exterior sea inferior a la del interior, pueden abrirse las ventanas para crear corrientes de aire. También ayuda apagar luces y aparatos eléctricos que no se estén utilizando, ya que generan calor.
Las duchas frescas, los paños húmedos sobre la nuca, los brazos o las piernas y la pulverización de agua sobre la piel pueden aliviar la sensación térmica. No es necesario utilizar agua helada.
Los ventiladores pueden aportar alivio, pero dejan de ser suficientes cuando la temperatura ambiental es extremadamente elevada. La OMS desaconseja utilizarlos como único método de refrigeración por encima de los 40 grados, porque el aire caliente puede aumentar la carga térmica del organismo. Si se dispone de aire acondicionado, una temperatura cercana a los 27 grados puede resultar confortable sin crear un contraste excesivo con el exterior.
Cuando una vivienda acumula demasiado calor, pasar dos o tres horas en un lugar más fresco o climatizado puede ayudar al cuerpo a recuperarse.
Atención especial a niños y personas mayores
Los bebés, los niños pequeños, las personas mayores, las embarazadas, quienes viven solos y los pacientes con enfermedades crónicas son especialmente vulnerables. No siempre sienten sed o pueden tener dificultades para expresar que se encuentran mal, por lo que necesitan una vigilancia más frecuente.
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Conviene llamar o visitar regularmente a los familiares y vecinos mayores, comprobar que beben agua, que la vivienda no está excesivamente caliente y que disponen de sus medicamentos. Sin embargo, ningún tratamiento debe suspenderse o modificarse por cuenta propia, aunque algunos medicamentos puedan alterar la hidratación o la regulación de la temperatura.
Los bebés deben permanecer en lugares frescos y recibir el pecho con mayor frecuencia si siguen lactancia materna. Nunca se debe cubrir completamente el cochecito con una tela seca, porque puede atrapar el calor y elevar rápidamente la temperatura en su interior.
Nunca dejar a nadie dentro de un vehículo
Un coche estacionado al sol puede alcanzar temperaturas peligrosas en pocos minutos, incluso con las ventanillas ligeramente abiertas. Por esta razón, nunca se debe dejar dentro a un niño, una persona dependiente o un animal, ni siquiera durante un breve recado.
Antes de arrancar, es recomendable abrir las puertas o bajar las ventanillas para evacuar el aire acumulado. También conviene comprobar la temperatura del asiento infantil, del cinturón y de las superficies metálicas antes de sentar al menor.
En los viajes largos deben programarse paradas, llevar suficiente agua y evitar, en la medida de lo posible, las horas de mayor calor. El mareo o la somnolencia al volante pueden ser señales de fatiga y deshidratación.
Cómo reconocer el agotamiento por calor
La sudoración intensa, el dolor de cabeza, la sed muy fuerte, el cansancio, las náuseas, el mareo, la debilidad y los calambres pueden anunciar un agotamiento por calor. Ante estos síntomas, la persona debe interrumpir inmediatamente la actividad, trasladarse a un lugar fresco, aflojarse la ropa, beber agua en pequeños sorbos y refrescarse con paños húmedos.
Si no mejora, vomita repetidamente o los síntomas persisten, es necesario solicitar atención sanitaria.
El golpe de calor es más grave. Puede manifestarse mediante confusión, comportamiento extraño, dificultad para hablar, pérdida de coordinación, desmayo, convulsiones, piel muy caliente o una temperatura corporal elevada. En ese caso hay que pedir asistencia médica urgente y comenzar a enfriar a la persona mientras llega la ayuda.
Debe ser trasladada a la sombra o a un espacio climatizado, retirarle la ropa innecesaria y aplicarle paños fríos y húmedos. Si está inconsciente, hay que colocarla de lado y no darle agua ni alimentos. Tampoco se deben administrar aspirina o paracetamol para intentar bajar la temperatura, ya que el golpe de calor no es una fiebre común.
La mejor protección sigue siendo anticiparse. Consultar los avisos meteorológicos, reorganizar las actividades y prestar atención a las personas vulnerables puede marcar la diferencia cuando el termómetro alcanza niveles extremos.
