En Astoria, en el distrito neoyorquino de Queens, la calle Steinway se ha consolidado con los años como uno de los principales centros de la presencia marroquí en Nueva York. Desde el inicio del Mundial 2026, esta emblemática avenida ha adquirido el aspecto de un auténtico barrio marroquí en pleno corazón de la metrópoli estadounidense. Restaurantes, pastelerías y espacios de convivencia desempeñan hoy un papel que va mucho más allá de la restauración: son lugares de memoria, reencuentro y celebración colectiva.
En este contexto destacan especialmente tres establecimientos. Impulsados por trayectorias singulares e historias empresariales a veces poco convencionales, Little Morocco, Dar Lbahja y Amlu se han convertido en auténticos puntos de referencia para la diáspora marroquí y los seguidores de los Leones del Atlas.
Little Morocco, el cuartel general de los aficionados marroquíes
En pleno Astoria, la calle Steinway vibra estos días al ritmo de Marruecos. Conocida por concentrar una parte importante de la comunidad marroquí en Estados Unidos, se ha convertido durante el Mundial en un punto de encuentro imprescindible para los aficionados. Y en el centro de esa efervescencia destaca un nombre: Little Morocco.
Fundado en 2005 por Driss Lazhar, natural de Salé, el restaurante se ha consolidado como una auténtica embajada gastronómica marroquí. «Ofrecemos a los marroquíes todos esos platos que les recuerdan al país y les devuelven los sabores de su infancia», explica, citando el cuscús, la harcha, la rghifa, la harira o los tajines.
Pero el éxito del establecimiento no se limita a la comunidad marroquí. «Muchos estadounidenses también vienen a comer aquí. Marruecos goza de una gran reputación en todo el mundo y mucha gente quiere descubrir nuestra cocina, empezando por el cuscús», afirma Lazhar.
Con la llegada del Mundial, el restaurante ha tenido que reforzar su plantilla para hacer frente a la fuerte demanda. Muchos aficionados hacen parada allí antes de dirigirse al estadio y regresan después de los partidos. El local se ha convertido en un lugar de reencuentro para los marroquíes de paso por Nueva York. «Cuando empiezan a echar de menos los sabores de casa, vienen aquí», resume su propietario.
Su clientela también incluye argelinos, egipcios, tunecinos y visitantes de otras nacionalidades. «Los viernes son nuestros mejores días. El restaurante se llena por completo», explica Lazhar, orgulloso de un cuscús cuya fama ya ha cruzado fronteras.
A lo largo de los años, Little Morocco también ha recibido delegaciones oficiales marroquíes y visitantes de renombre. «Incluso el hermano de Michael Jackson pasó por aquí», comenta con orgullo.

Dar Lbahja, la otra vitrina de Marruecos en Nueva York
Otro nombre que destaca durante este Mundial es Dar Lbahja, fundado a principios de 2025 por Touria Lamtahaf, originaria de Marrakech. En apenas unos meses, el restaurante ha experimentado un ascenso meteórico gracias a una cocina auténtica y a una historia personal inspiradora.
Llegada a Estados Unidos en 2007 junto a su marido, Touria recuerda unos comienzos difíciles, marcados por la barrera del idioma. Sin embargo, la restauración formaba parte de su historia familiar. Su padre era restaurador y la familia había trabajado en food trucks en la Feria Internacional de Casablanca y en diversas playas marroquíes.
Tras varios empleos, entre ellos nueve años como chef en un restaurante vegetariano de Manhattan, decidió abrir su propio negocio. Dieciséis meses después, el éxito es evidente: el restaurante ha recibido la visita del alcalde de Nueva York y ha sido incluido entre los 100 mejores restaurantes de la ciudad según The New York Times.
«Los platos que servimos son 100% marroquíes», afirma. En el menú figuran especialidades como el cuscús, la seffa, la rfissa o las ker3ine. Los ingredientes se importan directamente desde Marruecos para preservar la autenticidad de las recetas.
Durante el Mundial, Dar Lbahja ha recibido visitantes procedentes de Bélgica, Suiza, España, diferentes estados estadounidenses y del propio Marruecos. En el partido Marruecos-Brasil, el local se transformó en una auténtica fan zone con bendires, taârijas y reparto de banderas marroquíes.
La revista oficial de la FIFA incluyó incluso a Dar Lbahja entre las direcciones imprescindibles para descubrir durante la Copa del Mundo.

Amlu, un sabor de Marruecos a pocos minutos de Manhattan
El tercer protagonista de esta historia es Amlu, el restaurante creado por Mohamed Kourami, natural de Casablanca. Llegó a Nueva York en octubre de 2000 gracias a la lotería de visados estadounidense. En aquella época apenas existían restaurantes marroquíes en Astoria. «La oferta halal se limitaba a dos establecimientos: Mamounia y Kasbah», recuerda.
Tras estudiar ingeniería civil y trabajar en distintos oficios, incluido el de taxista, creó su propia empresa de transporte. Más tarde desarrolló un negocio de transporte de lujo con vehículos Mercedes, Maybach y Rolls-Royce. Entre sus clientes figuraron celebridades como Mariah Carey y, según afirma, personalidades como Muhammad Ali o Kobe Bryant.

Con la irrupción de Uber, decidió diversificar su actividad. Abrió una pastelería llamada Paris en Astoria, amplió el negocio y acabó transformándolo, nueve años después, en un restaurante marroquí bajo el nombre de Amlu.
Abierto desde hace apenas seis meses, el establecimiento ya disfruta de una gran popularidad. «Permite comer marroquí en pleno Nueva York, a diez minutos de Manhattan», explica.
Hoy, cerca del 90% de la carta es marroquí e incluye boulfaf, brochetas, pastelas de pollo y pescado, cuscús, tajines y ensaladas marroquíes. Con motivo del Mundial, también se han añadido bocadillos, callos y diferentes parrilladas para adaptarse a la temporada estival y a los visitantes.
«Queremos seguir siendo accesibles para los marroquíes que visitan Nueva York, porque aquí los precios son elevados», subraya Kourami.
El nombre Amlu tampoco fue elegido al azar. «Quería aportar un toque marroquí que todos apreciamos. El amlou es un símbolo de hospitalidad», explica. Y añade con una sonrisa: «Lo escribí con una “u” y no con “ou” para darle un toque americano».
Además de sus actividades de restauración y pastelería, Mohamed Kourami continúa gestionando su empresa de transporte, que durante este Mundial se ha encargado, entre otras cosas, del traslado de familiares de los jugadores de la selección marroquí.
