En la víspera del pitido inicial de la Copa del Mundo 2026, con todo el planeta pendiente del continente norteamericano, el régimen argelino ha adquirido, muy a su pesar, una siniestra «3alamiya» (notoriedad internacional). A falta de infraestructuras o éxitos deportivos que destacar bajo los focos, el poder de Alger se ha hecho notar en la escena internacional a través de una represión implacable y un escándalo político de dimensiones globales. El caso Christophe Gleizes, cuya denuncia ha asumido la cúpula del fútbol mundial, deja al descubierto la incompetencia y la cerrazón de un régimen que, tras sucesivas vacilaciones, ha convertido un proceso judicial en un absoluto naufragio.
«El único periodista deportivo preso en el mundo»
El momento elegido ha sido quirúrgico y el impacto, demoledor. La onda de choque se propagó desde México, donde este miércoles 10 de junio, ante numerosos corresponsales de todo el mundo reunidos en la víspera del partido inaugural, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, decidió romper el protocolo festivo para internacionalizar la causa del periodista francés. Mediante una puesta en escena de gran carga de simbolismo, el dirigente señaló de forma directa el autoritarismo de Alger. «Hoy hay una silla vacía en esta sala. Y esa silla vacía corresponde a un periodista francés, Christophe Gleizes, que es el único periodista deportivo detenido en el mundo», declaró el máximo responsable del fútbol mundial, quien apeló a la opinión internacional con un pronunciamiento político de una firmeza poco habitual. Al señalar a Gleizes como el único informador deportivo encarcelado en todo el planeta, el presidente de la FIFA evidencia la deriva represiva de un régimen acorralado.
En un gesto de desafío sin precedentes, la FIFA ha concedido formalmente una acreditación a este colaborador de la revista So Foot para cubrir el torneo, que se celebra del 11 de junio al 19 julio en Estados Unidos, Canadá y México. «Por supuesto que está acreditado. Y por supuesto que su lugar está aquí», remarcó Infantino, retratando la dureza del poder argelino. Mientras su asiento permanece reservado en las tribunas oficiales de la Copa del Mundo, Christophe Gleizes, de 37 años, sigue recluido en la conocida prisión de Koléa, situada al oeste de Alger. «Espero de corazón que, en un gran gesto de humanidad, sea indultado, reciba la gracia presidencial e incluso pueda acompañarnos aquí durante el Mundial», solicitó Infantino.
El análisis de los hechos revela la dimensión de la espiral en la que el régimen se ha adentrado voluntariamente al instrumentalizar el aparato judicial. El 28 de mayo de 2024, Christophe Gleizes fue detenido cuando comenzaba un reportaje sobre la Juventud Deportiva de Kabylie (JSK), un club histórico de Tizi Ouzou, y quedó entonces bajo control judicial. El 29 de junio de 2025, tras un año de presiones, se dictó la sentencia que lo condenó en primera instancia a siete años de prisión firme por «apología del terrorismo» y «posesión de publicaciones con fines de propaganda perjudicial para el interés nacional». Las autoridades le reprochan haber entrevistado a miembros destacados del Movimiento para la Autodeterminación de la Kabylie (MAK), catalogado como terrorista por Alger. El 3 de diciembre de 2025, la justicia argelina confirmó esta severa pena en el tribunal de apelación, consolidando la postura inflexible del régimen.
La cerrazón
Este escándalo internacional resulta aún más grave si se tiene en cuenta que el régimen argelino dispuso de múltiples oportunidades para resolver la crisis de manera honorable. Las sucesivas mediaciones al más alto nivel han evidenciado un aislamiento internacional cada vez mayor. Desde las gestiones de las autoridades francesas y los medios de comunicación internacionales hasta el pronunciamiento de destacadas ONG e incluso del Papa León XIV durante una escala en Argelia, todos los llamamientos a la cordura fueron desoídos por la obstinación de Alger. El 9 de abril de 2026, el propio Gianni Infantino viajó a Argelia con el motivo oficial de inaugurar unas nuevas instalaciones deportivas en Tlemcen, en el noroeste del país, financiadas por la FIFA, y aprovechó el encuentro con el presidente Abdelmadjid Tebboune para interceder de forma directa por el reportero, aunque no obtuvo resultado.
El pasado 18 de mayo, el ministro francés de Justicia, Gérald Darmanin, también se trasladó a Alger para mantener negociaciones. En un intento de restar carga política al asunto y brindar una salida digna al ejecutivo argelino, el ministro declaró que era necesario «devolver a Christophe Gleizes no a Francia, sino a su madre». Sin embargo, las autoridades hicieron oídos sordos. Solo contra las cuerdas, a escasos días del foco mediático del Mundial, el aparato estatal ha esbozado un amago de diálogo.
Entre el 3 y el 9 de junio de 2026, durante la última estancia de la familia Gleizes en Alger para visitar a su hijo, los padres del periodista mantuvieron una extensa reunión en el Ministerio de Justicia con el secretario general y el director de asuntos judiciales. Este encuentro se produjo después de que el Tribunal Supremo de Argelia declarara, el pasado 25 de mayo, la desestimación definitiva de los recursos de casación. Desde el punto de vista legal, la vía del indulto presidencial quedaba plenamente despejada, por lo que el presidente Tebboune disponía de la facultad de cerrar el caso con una sola firma antes del plazo límite del 11 de junio. Pese a ello, el régimen optó por la evasiva y postergó su decisión por cálculo político o simple inercia, tal vez con la intención de negociar en mejores condiciones su «gran gesto de humanidad».
Para los intereses de Alger, la estrategia ha resultado desastrosa y ahora ya es demasiado tarde. Al optar por agravar la situación cuando ya se encontraba en una posición crítica, el régimen ha desencadenado un escándalo internacional. Entre tanto, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha aprovechado la plataforma global brindada por Infantino. El director general de RSF, Thibaut Bruttin, reaccionó de inmediato al golpe de efecto de la FIFA y reclamó una movilización mediática permanente. «Pedimos a todos los periodistas que cubran esta competición que difundan nuestro llamamiento para la liberación de Christophe en cada partido, todos los días hasta el final del torneo», manifestó.
De este modo, la arbitrariedad y la represión, que habitualmente quedan ocultas, serán denunciadas a diario durante más de un mes por televisiones, radios y periódicos de todo el mundo. Al negarse a ceder a tiempo a través de los canales de la diplomacia discreta y la sensatez, el régimen argelino se ha acorralado a sí mismo en una crisis de reputación de la que saldrá marcado de forma permanente.
