A simple vista, comprar una porción de sandía ya cortada puede parecer una opción práctica para refrescarse durante los días de calor. Sin embargo, las condiciones en las que se prepara, manipula y conserva este producto en plena calle pueden convertir un gesto aparentemente inofensivo en un riesgo para la salud.
En declaraciones telefónicas a Le360, el doctor Karim El Ouali, especialista en micronutrición y medicina integrativa, advierte de que cortar la sandía y mantenerla expuesta en la vía pública entraña importantes riesgos para la salud de los consumidores, ya que facilita una rápida contaminación por bacterias y otros microorganismos.
El especialista explica que uno de los principales riesgos procede de las propias condiciones en las que se manipula la fruta. El uso de utensilios sin desinfectar o de cuchillos que han estado en contacto con la corteza puede trasladar directamente al interior los microorganismos presentes en su superficie. A ello se suman la falta de acceso a agua limpia y las dificultades de muchos vendedores ambulantes para lavarse las manos en condiciones adecuadas.
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La sandía cortada, además, se deteriora con especial rapidez debido a su propia composición. Su elevado contenido en agua y azúcares, unido a su baja acidez, crea unas condiciones favorables para la proliferación bacteriana. Si a ello se añaden las altas temperaturas, la exposición directa al sol, el polvo de la calle y los insectos, el riesgo de desarrollo de bacterias capaces de provocar intoxicaciones alimentarias aumenta considerablemente.
El doctor El Ouali señala que estas prácticas resultan especialmente peligrosas para los grupos más vulnerables, entre ellos los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y quienes tienen las defensas debilitadas.
El especialista recuerda asimismo que los establecimientos autorizados están sujetos a los controles del Oficina Nacional de Seguridad Sanitaria de los Productos Alimentarios (ONSSA), mientras que en el caso de los vendedores ambulantes resulta mucho más difícil realizar un seguimiento y determinar responsabilidades legales en caso de intoxicación. Los comercios autorizados, además de estar sometidos a controles, tienen un establecimiento identificable y una reputación comercial que preservar.
A los problemas sanitarios se suma, según El Ouali, el riesgo de fraude. El especialista advierte de determinadas prácticas irregulares que pueden llegar a consistir en la manipulación de la fruta mediante sustancias azucaradas o colorantes para modificar artificialmente su aspecto o su sabor.
El doctor concluye que la primera medida de prevención está en manos del propio consumidor. Recomienda evitar la compra de sandía ya cortada que haya permanecido expuesta al sol, al polvo o a otras fuentes de contaminación en la calle y optar por puntos de venta organizados y autorizados que ofrezcan mayores garantías de higiene y seguridad alimentaria.
