La paradoja marroquí: crecimiento, aspiraciones y deseo de emigrar entre los jóvenes

Lahcen Haddad.

Lahcen Haddad

El 18/08/2026 a las 09h20

Columna¿Por qué partir? Comprender los factores económicos y sociales de la aspiración migratoria más allá del desempleo

Desde hace más de dos décadas, Marruecos experimenta una transformación considerable de su economía: industrialización, infraestructuras de primer nivel, integración en las cadenas de valor mundiales, mejora de los equipamientos colectivos, generalización progresiva de la escolarización, aumento del nivel de las inversiones y un desempeño notable en materia de logística.

Sin embargo, la aspiración migratoria sigue siendo elevada. Según la ola 2023-2024 de Arab Barometer, el 35 % de los marroquíes declara contemplar la posibilidad de emigrar, con una propensión especialmente fuerte entre los jóvenes y motivaciones principalmente económicas.

Afrobarometer pone de manifiesto una paradoja aún más interesante: la aspiración a marcharse puede coexistir con una valoración relativamente positiva de la trayectoria general del país. En otras palabras, querer buscar mejores oportunidades en otro lugar no significa necesariamente rechazar las transformaciones realizadas en Marruecos.

¿Cómo explicar que una parte importante de la juventud siga viendo en la emigración una vía de realización personal, aun cuando su país está experimentando una importante transformación económica y social?

La respuesta no puede reducirse al desempleo, y menos aún a la pobreza. Se encuentra en la interacción entre una creación de empleo insuficientemente inclusiva, dificultades de inserción, una calidad mediocre de determinados empleos, la vulnerabilidad de los hogares, una transición imperfecta entre formación y trabajo, una autonomía retrasada, disparidades territoriales y, sobre todo, una brecha creciente entre las aspiraciones y las posibilidades percibidas de movilidad social.

I. Lo que el desempleo no dice: una crisis más general de la inserción

La cuestión fundamental no es solamente: «¿Cuántos empleos se crean?», sino: ¿qué empleos, dónde, para quién y con qué cualificaciones?

El estudio conjunto del Banco Mundial y del HCP, Morocco’s Jobs Landscape, pone especialmente de manifiesto una baja participación en el mercado laboral, particularmente entre las mujeres y los jóvenes, a pesar de la mejora del nivel educativo.

El CESE ya había señalado la disminución de la intensidad en empleo del crecimiento: la economía produce más riqueza sin crear proporcionalmente suficientes empleos para absorber a las nuevas generaciones que llegan al mercado laboral.

Esta es una primera explicación de la paradoja marroquí: la transformación de la economía es más rápida que su capacidad para transmitir sus beneficios en forma de oportunidades profesionales accesibles para todos los jóvenes.

A ello se añade una dificultad particular: el primer empleo.

Antes de la ruptura metodológica introducida por la nueva Encuesta sobre la Población Activa en 2026, el HCP estimaba, en el primer trimestre de 2025, el desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años en un 37,7 %, frente al 13,3 % para el conjunto de la población activa.

Pero el problema no se reduce a la tasa de desempleo. La transición entre el título académico y el empleo sigue siendo a menudo larga e incierta. La orientación profesional, la información sobre las profesiones, la preparación para las entrevistas, la puesta en contacto con las empresas, las prácticas y la primera experiencia siguen estando insuficientemente desarrolladas o son accesibles de manera desigual.

Paralelamente, algunas ramas de formación producen más titulados de los que el mercado puede absorber, mientras que algunos empleadores tienen dificultades para encontrar determinadas competencias. La universidad otorga, por tanto, un título sin preparar siempre suficientemente para la entrada en la vida profesional: las competencias digitales, la comunicación, el trabajo en equipo, la resolución de problemas, la autonomía y otras life skills siguen estando integradas de manera demasiado desigual en los planes de estudio.

El problema no es, por tanto, únicamente la ausencia de empleo, sino la dificultad para transformar la inversión educativa en una primera inserción profesional creíble.

Los NEET constituyen la manifestación más preocupante. Aproximadamente uno de cada tres jóvenes marroquíes de entre 15 y 29 años se encuentra fuera del empleo, de los estudios y de la formación. Pero esta categoría engloba realidades profundamente diferentes: titulados que buscan su primer empleo, jóvenes que abandonaron los estudios, jóvenes mujeres impedidas de incorporarse al mercado laboral, jóvenes desalentados después de varios años de inactividad.

La cuestión esencial no es solo conocer su número, sino sus trayectorias: ¿cuánto tiempo permanecen como NEET? ¿Quiénes salen de esta situación? ¿Gracias a qué título, red, dispositivo público, movilidad territorial o primera experiencia?

No se puede responder eficazmente a situaciones tan diferentes con una política uniforme.

II. El título sin la promesa

La democratización del acceso a la educación constituye uno de los principales logros de las últimas décadas. Pero también genera una nueva expectativa: el título académico se convierte implícitamente en una promesa de movilidad social.

Ahora bien, esta promesa no siempre se cumple.

La OCDE señala en su Estudio Económico de Marruecos 2024 la coexistencia de un elevado desempleo entre los jóvenes titulados, escasez de determinadas competencias y una infrautilización del capital humano disponible. Algunos titulados ocupan empleos que no guardan relación con su formación o que están por debajo de su nivel de cualificación, mientras que algunas empresas no encuentran los perfiles que necesitan.

El problema afecta también a la formación profesional, concebida precisamente para responder de manera más directa a la demanda de las empresas.

«La cuestión ya no consiste únicamente en formar a más personas, sino en articular mejor las universidades, los institutos de formación y el mundo económico: planes de estudio elaborados en mayor medida con los empleadores, una orientación profesional real, competencias transversales e indicadores que midan no solo el número de titulados, sino también su inserción.»

—  Lahcen Haddad

La brecha entre la inversión educativa, las aspiraciones profesionales y el rendimiento efectivo del título constituye así un factor importante de frustración.

III. Tener un empleo no significa poder construir una vida

Un segundo error consiste en oponer simplemente empleo y desempleo.

Un empleo puede ser informal, estar mal remunerado, ser inestable y ofrecer pocas posibilidades de progresión. Pero incluso en el sector formal, un joven puede trabajar y, al mismo tiempo, seguir siendo incapaz durante mucho tiempo de acceder a una vivienda, ahorrar o construir un proyecto familiar.

El problema no consiste, por tanto, solamente en tener un empleo, sino en disponer de un empleo suficientemente productivo y remunerador como para permitir una trayectoria.

Aquí es donde la calidad del empleo se conecta con la cuestión de la autonomía.

Un joven no busca solamente un salario. Busca los medios para disponer de su propia vivienda, desplazarse, consumir, eventualmente ayudar a sus padres, casarse si lo desea, formar una familia y adquirir una independencia social.

Ahora bien, esta transición hacia la edad adulta se retrasa para una parte importante de la juventud.

Se puede estar estadísticamente «empleado» y, sin embargo, seguir dependiendo económicamente de los padres y ser incapaz de plantearse una vida autónoma.

Lo que aparece en las estadísticas como un problema de empleo puede ser vivido por el joven como un retraso en el acceso a la edad adulta.

La migración adquiere entonces un significado diferente. Ya no es solamente un medio para ganar más; puede aparecer como una vía más rápida hacia la autonomía.

IV. El hogar cuenta tanto como el individuo

La aspiración migratoria no se forma en el vacío. El joven pertenece a un hogar.

Los ingresos familiares, la vivienda, la capacidad de ahorro, el desempleo de otros miembros de la familia, el coste de la alimentación, el transporte y los gastos cotidianos determinan en parte las posibilidades de las que dispone.

Incluso cuando trabaja, un joven puede tener que contribuir a los gastos del hogar o seguir dependiendo de él por falta de ingresos suficientes.

Las encuestas del HCP sobre la coyuntura y el nivel de vida de los hogares, los trabajos del Banco Mundial sobre pobreza, inflación y vulnerabilidad, así como las encuestas de Arab Barometer, permiten relacionar las condiciones objetivas y las percepciones.

No obstante, una distinción es esencial: no importa únicamente la tasa de inflación del momento, sino el efecto acumulado de la subida de los precios sobre el poder adquisitivo y los ingresos reales de los hogares.

Estas presiones, evidentemente, no provocan mecánicamente la migración. Sin embargo, pueden aumentar su atractivo cuando se combinan con un empleo insuficiente, una movilidad profesional lenta y una autonomía retrasada.

V. El lugar donde se nace sigue importando

La juventud marroquí no constituye una población homogénea.

Las posibilidades difieren según el entorno rural o urbano, la región, el sexo, el nivel educativo, los ingresos familiares, la proximidad de los grandes polos económicos, el acceso a la formación, a lo digital y al transporte.

Existe así una verdadera geografía de las oportunidades.

Para algunos jóvenes, la primera migración necesaria para acceder a los estudios o al empleo ya es una migración interna hacia Casablanca, Rabat, Tánger u otra gran ciudad.

A estas disparidades se añade la presión climática. La sequía, la escasez de agua y la fragilización de determinadas actividades agrícolas pueden reducir aún más las perspectivas económicas de territorios que ya son vulnerables.

Pero hay que evitar cualquier determinismo. La sequía y las disparidades territoriales no producen automáticamente una voluntad de emigrar. Su efecto depende del nivel educativo, de los ingresos del hogar, de la situación profesional de la familia, de las redes migratorias y de las posibilidades de movilidad interna.

También hay que tener en cuenta la existencia local de una infraestructura migratoria: redes familiares en el extranjero, antiguos migrantes, traficantes, información sobre las rutas y proximidad de las vías de salida.

Dos jóvenes con características económicas similares pueden así tener comportamientos migratorios muy diferentes según las redes y el territorio en los que se desenvuelven.

Esto obliga a distinguir tres cosas: aspiración a migrar, capacidad para migrar y paso a la acción.

VI. El mecanismo central: la brecha entre aspiraciones y oportunidades

Todos los factores anteriores identifican restricciones. Pero no explican por qué dos jóvenes enfrentados a dificultades similares pueden tomar decisiones diferentes.

Aquí interviene el mecanismo central del análisis: la brecha entre las aspiraciones y las posibilidades percibidas de realizarlas — la aspiration-opportunity gap.

La relación entre desarrollo y migración no es lineal.

El desarrollo eleva el nivel educativo, aumenta los ingresos, difunde la información, desarrolla las redes internacionales y amplía los horizontes. Por tanto, incrementa tanto las aspiraciones como, para algunos, la capacidad de migrar.

Para querer marcharse, hay que poder imaginar un lugar diferente. Para poder marcharse, generalmente hay que disponer de un mínimo de recursos, información, relaciones o competencias.

Por eso, los más pobres no son necesariamente los más móviles. La pobreza extrema puede, por el contrario, impedir la migración por falta de medios.

Esta observación es particularmente importante en Marruecos.

La reducción de la pobreza ha permitido a numerosos hogares mejorar su situación sin necesariamente incorporarlos a una clase media económicamente segura. Entre la pobreza y una clase media consolidada existe una amplia zona de vulnerabilidad: hogares que han mejorado sus condiciones de vida, pero que siguen expuestos al desempleo, a la inflación o a un gasto imprevisto.

Ahora bien, salir de la pobreza también transforma las expectativas.

Una familia que ha invertido en la educación de sus hijos ya no espera solamente que estos dispongan de unos ingresos mínimos. Espera un empleo acorde con su cualificación, una progresión profesional, una vivienda, capacidad de ahorro y un mejor estatus social.

El desarrollo crea, por tanto, nuevas capacidades, pero también nuevas aspiraciones.

Cuando las segundas progresan más rápidamente que las primeras, aumenta la frustración relativa.

«Un joven puede vivir objetivamente mejor que sus padres y, sin embargo, sentirse más frustrado si considera que su trayectoria no corresponde ni a su título ni a lo que piensa que legítimamente puede alcanzar.»

—  Lahcen Haddad

Además, la comparación ya no se hace únicamente con el vecino o con la generación anterior. Se hace con los amigos instalados en Europa, los miembros de la diáspora y las trayectorias de éxito visibles cotidianamente en las redes sociales.

La privación se vuelve entonces relativa: ya no solamente «no tengo», sino «no puedo alcanzar aquello a lo que aspiro».

Aquí es donde una pregunta resume gran parte del problema:

¿Creo que puedo construir aquí, por las vías ordinarias, la vida a la que aspiro?

Afrobarometer ofrece a este respecto un resultado especialmente revelador. Una mayoría de jóvenes puede valorar favorablemente la orientación general de Marruecos y, al mismo tiempo, seguir contemplando la emigración.

En otras palabras: un joven puede pensar que Marruecos progresa sin tener la sensación de que él mismo progresa lo suficiente.

La migración puede entonces aparecer no como un rechazo del país, sino como otra vía de movilidad social.

VII. De la aspiración al paso a la acción: Ceuta como revelador

Esta distinción permite finalmente volver a Ceuta.

La crisis del 30 de julio de 2026 probablemente no creó la aspiración a emigrar. Las encuestas realizadas mucho antes muestran que esta ya existía a gran escala.

Sin embargo, un acontecimiento excepcional puede transformar una aspiración latente en una posibilidad percibida de acción.

Un joven puede desear marcharse durante años sin intentarlo nunca. Pero una información —exacta, deformada o falsa— que haga pensar que se ha abierto una vía, que otros han conseguido pasar o que el riesgo de interceptación ha disminuido puede modificar bruscamente su cálculo.

Las redes sociales e interpersonales pueden entonces acelerar la difusión de esta percepción y producir un poderoso efecto de arrastre.

Por tanto, hay que distinguir entre las causas que explican por qué un joven desea marcharse y aquellas que explican por qué decide hacerlo ese día, por esa ruta y junto con miles de otras personas.

Un estudio de las personas que intentaron el paso a Ceuta sería, a este respecto, extremadamente instructivo: el nivel educativo, el empleo anterior, los ingresos familiares, la región de origen, las redes en el extranjero, las fuentes de información y la trayectoria migratoria permitirían poner a prueba muchas de las hipótesis planteadas aquí.

Un desafío de transmisión

La paradoja marroquí es, en definitiva, solo aparente.

La transformación económica del país es real, pero sus beneficios no se transmiten con la misma rapidez ni con la misma intensidad en empleos de calidad, autonomía y movilidad social para todas las categorías de jóvenes.

Al mismo tiempo, esta transformación eleva su nivel educativo, su acceso a la información, sus expectativas y su capacidad para comparar su trayectoria con otras posibilidades.

El desafío no consiste simplemente en generar más crecimiento. Consiste en transmitir mejor ese crecimiento en forma de oportunidades individuales creíbles: primer empleo, progresión profesional, vivienda, movilidad territorial y social, autonomía.

El deseo de migrar no es necesariamente el signo de una sociedad inmóvil o de un desarrollo fallido.

También puede ser el producto de una sociedad que avanza rápidamente cuando las aspiraciones progresan aún más deprisa que las posibilidades individuales de realizarlas.

Por Lahcen Haddad
El 18/08/2026 a las 09h20