Los datos del Wealth Report 2026 señalan un crecimiento en el número de individuos con un patrimonio superior a los 30 millones de dólares, conocidos como particulares con un patrimonio neto muy elevado (UHNWI, por sus siglas en inglés). En África, esta cifra ha pasado de 6.275 personas en 2021 a 7.322 en 2026.
Esta tendencia confirma la aparición gradual de núcleos de riqueza en el continente, especialmente en economías como Sudáfrica, Egipto, Nigeria o Marruecos. No obstante, este avance es discreto a escala global.
La representación de África en la población mundial de grandes fortunas ha caído ligeramente, del 1,1% en 2021 a menos del 1% en 2026, con una proyección que se sitúa en el 0,9% para 2031.
Esta evolución refleja un desajuste estructural entre el crecimiento del patrimonio africano y el de las grandes potencias, dentro de un contexto de fuerte expansión mundial.
El número total de ciudadanos con patrimonios muy elevados en el mundo alcanzó los 713.626 en 2026, frente a los 551.435 registrados en 2021, lo que supone un incremento de más de 162.000 personas en solo cinco años. África se suma a esta tendencia, aunque su peso relativo no varía.
La pérdida de peso del continente se explica, fundamentalmente, por la concentración de la riqueza en un número reducido de regiones. América del Norte acapara por sí sola el 37% de las grandes fortunas mundiales en 2026, una cifra que previsiblemente llegará al 43% en 2031.
Este desequilibrio se ve reforzado por el dominio de Estados Unidos, responsable de generar el 41% de los nuevos grandes patrimonios en el último lustro. Este fenómeno se apoya en mercados financieros profundos, un acceso masivo al capital y una capacidad de innovación tecnológica que acelera la acumulación de riqueza.
Al mismo tiempo, la región de Asia-Pacífico consolida su posición con casi el 31% de estas fortunas en 2026, impulsada por potencias como China e India. Europa también mantiene una base sólida con más de 183.000 grandes patrimonios.
Ante estos bloques estructurados, África se presenta como un espacio económico donde la creación de riqueza permanece fragmentada y menos conectada con los circuitos financieros internacionales.
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El informe destaca que se espera un crecimiento del 14,9% en el número de grandes fortunas africanas entre 2026 y 2031. Este ritmo es inferior a la media mundial (32,9%) y queda muy lejos del crecimiento previsto en América del Norte (53%) o el Medio Oriente (32,1%).
Esta brecha se debe a diversos factores económicos. La escasa profundidad de los mercados financieros africanos limita las posibilidades de acumular capital con rapidez, mientras que los sectores de alto valor añadido, como el tecnológico o el financiero, todavía están poco desarrollados a nivel continental.
Comparación regional de la crecimiento de las grandes fortunas (2026–2031)
| Región | Crecimiento UHNWI (%) | Cuota mundial 2026 |
|---|---|---|
| América del Norte | 53,0% | 37,0% |
| Medio Oriente | 32,1% | 3,1% |
| Mundo (media) | 32,9% | 100% |
| Europa | 17,0% | ~25,8% |
| África | 14,9% | 1,0% |
| América Latina | 12,4% | 2,4% |
Asimismo, la transformación del crecimiento económico en riqueza privada sigue siendo incompleta. Gran parte de la actividad depende de economías informales o sectores extractivos, cuyos beneficios patrimoniales suelen estar muy concentrados o se desvían al exterior.
La falta de canales de inversión estructurados también frena la capacidad de las fortunas locales para multiplicarse y consolidarse a largo plazo.
Núcleos emergentes pero aislados
Algunos mercados africanos muestran, sin embargo, una dinámica más activa. Marruecos, por ejemplo, vería crecer su población de grandes fortunas de las 305 personas registradas en 2021 a las 432 en 2026, con una proyección de 550 para 2031. Este avance se basa en una progresiva diversificación económica y el fortalecimiento de los sectores financiero e inmobiliario.
Sudáfrica se mantiene como el principal centro de riqueza del continente, mientras que Egipto o Nigeria contribuyen a la formación de nuevos núcleos patrimoniales.
No obstante, estos avances son dispersos. A diferencia de Asia o América del Norte, África no cuenta todavía con un efecto de arrastre regional que permita transformar las dinámicas nacionales en una acumulación continental estructurada.
El número de multimillonarios africanos también sigue siendo reducido. El informe contabiliza 27 multimillonarios en África en 2026, lo que representa menos del 1% del total mundial. Esta cifra pone de manifiesto la debilidad de los mecanismos de acumulación a gran escala en el continente.
La concentración de la riqueza extrema en otras regiones se debe a su capacidad para crear y poner en valor empresas globales, especialmente en los sectores tecnológico, financiero o industrial, pilares determinantes en la formación de las grandes fortunas actuales.
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África, por el contrario, permanece en gran medida al margen de estas cadenas de valor mundiales, lo que frena la aparición de patrimonios comparables.
El análisis del informe también subraya el reto que supone la integración financiera. La movilidad internacional de capitales es hoy un factor clave para el crecimiento del patrimonio, especialmente a través del sector inmobiliario de lujo, los mercados financieros o las inversiones alternativas.
Sin embargo, las economías africanas captan una parte mínima de estos flujos, ya que las inversiones internacionales se concentran en unos pocos mercados y las infraestructuras financieras no siempre logran absorber ese capital de manera eficaz.
Esta situación reduce el efecto multiplicador de la riqueza al limitar la interacción entre el capital local y el internacional.
Una redistribución mundial de la riqueza que excluye a África
El informe destaca una recomposición geográfica de la riqueza mundial caracterizada por la aparición de nuevos mercados, especialmente en el sudeste asiático o Europa del Este. Países como Indonesia o Vietnam presentan perspectivas de crecimiento muy elevadas en su número de grandes fortunas.
Este movimiento contribuye a diluir aún más la cuota africana. El aumento del patrimonio mundial no se traduce en un reequilibrio, sino en una redistribución en beneficio de regiones ya integradas en los circuitos económicos globales.
África se enfrenta así a una doble realidad: un crecimiento interno real pero insuficiente frente a una aceleración global que le resulta ajena en gran medida.
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Las proyecciones para 2031 confirman la tendencia actual. Se espera que la población africana de grandes fortunas alcance las 8.412 personas, aunque su peso en el total mundial seguirá disminuyendo hasta el 0,9%.
Esta evolución plantea una cuestión fundamental: ¿puede el crecimiento económico africano traducirse en una acumulación de riqueza duradera y estructurada?
El desafío va más allá del simple aumento del número de millonarios; se trata de la capacidad del continente para desarrollar ecosistemas financieros, fomentar la inversión productiva e integrar sus economías en los circuitos globales de creación de valor.
La trayectoria actual sugiere que, sin una transformación profunda de los mecanismos económicos, África seguirá al margen de la nueva distribución de la riqueza mundial, a pesar de los signos de crecimiento visibles a escala nacional.
