La acreditación de las librerías marroquíes alcanza un punto de inflexión. El 25 de abril, trece establecimientos de Rabat recibirán formalmente esta distinción en una ceremonia en la librería «Kalila Wa Dimna». Integrado en el programa de «Rabat, Capital Mundial del Libro», el proyecto supone un cambio relevante para la estructura de un gremio que ha atravesado años de fragilidad.
Bajo el liderazgo de la Asociación de Libreros Independientes de Marruecos (ALIM) y su presidente, Hassan Kammoun, la iniciativa toma como referencia el modelo francés. El objetivo es elevar la profesionalidad del sector y fortalecer su respaldo institucional. «Aún estamos en las fases iniciales del proceso», admite Kammoun al analizar los retos pendientes.
Un modelo inspirado en el sistema francés
La ALIM se ha basado en gran medida en el dispositivo de Francia, donde doce librerías marroquíes ya cuentan con el sello del Centro Nacional del Libro (CNL). Este reconocimiento otorga acceso a una subvención de 200.000 dirhams para financiar actividades culturales, mejoras en el mobiliario, sistemas informáticos y la adquisición de fondos. En el país vecino, los libreros cuentan con tres convocatorias anuales para solicitar estas ayudas. La ALIM ha propuesto una cuantía similar para los establecimientos acreditados en Marruecos, aunque la cifra definitiva todavía es objeto de negociación.
Existen diferencias reseñables entre ambos sistemas. Mientras que Francia aplica veintitrés criterios de selección, Marruecos ha definido once requisitos esenciales para obtener el distintivo.
El primer criterio es la antigüedad, ya que las candidatas deben haber operado durante al menos dos ejercicios contables completos. El segundo se refiere a la elegibilidad técnica, por lo que el establecimiento debe dedicarse a la venta minorista, estar legalmente constituido y su responsable debe contar con una formación académica mínima de dos años tras el bachillerato. El tercer requisito, relativo a la accesibilidad, exige disponer de un local físico de al menos cincuenta metros cuadrados, abierto al público un mínimo de cinco días por semana y concebido como un espacio de encuentro.
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El cuarto criterio prioriza la actividad principal, de modo que la venta de libros nuevos al por menor debe representar más de la mitad del volumen de negocio. El quinto punto exige un fondo multieditorial y autónomo, garantizando que el librero decida sus títulos sin presiones de distribuidores o mayoristas. El sexto introduce una cuota de autores locales y obliga a ofrecer al menos doscientos títulos de escritores marroquíes o residentes en el país.
La participación en la vida cultural constituye el séptimo requisito. El librero debe actuar como un agente dinamizador, organizando actividades tanto dentro como fuera de su local. El octavo criterio valora la capacidad de asesoramiento, lo que implica disponer de herramientas de búsqueda bibliográfica y gestionar pedidos individuales. El noveno obliga al compromiso con la formación continua de los equipos mediante programas de asociaciones profesionales.
El décimo criterio fomenta la integración en asociaciones del sector para potenciar la colaboración, mientras que el undécimo se centra en la ética y la transparencia. Los libreros deben competir de forma leal, respetar los precios y las normativas de propiedad intelectual, además de rechazar tajantemente la venta de libros falsificados.
Para obtener el sello no es necesario cumplir estrictamente con los once puntos, sino que basta con alcanzar un grado de conformidad de entre el 70% y el 80%. La distinción se concede por tres años renovables, tras los cuales una comisión verificará si se mantienen los compromisos adquiridos.
Trece librerías pioneras en Rabat
Las primeras entidades en recibir este reconocimiento están situadas en Rabat. Se trata de Kalila Wa Dimna, Al Alfia, Librairie Livre Service, Librairie Populaire, Dar Al Amane, Librairie Maarif, Librairie Nouiga, Librairie Agdal, Librairie Basta, Librairie Carrefour, Librairie Livre Moi, Librairie Livres et Loisirs y Librairie Pachramme. Estos establecimientos forman el núcleo de un movimiento que se extenderá al resto del territorio nacional.
El despliegue continuará hasta 2027. De las 87 librerías censadas en Marruecos, se estima que 80 son aptas para obtener el sello. El proceso concluirá con un evento en la Bibliothèque Nationale du Royaume, en Rabat.
Esta fase incluirá sesiones de formación apoyadas por socios como la Asociación Internacional de Libreros Francófonos (AILF), la Dirección del Libro del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes de Marruecos y el Instituto Francés de Marruecos. Al terminar el tercer año, una comisión de inspección se desplazará a los locales para comprobar que los libreros han cumplido sus compromisos; de lo contrario, se les retirará la distinción.
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Más allá de los aspectos técnicos, el trasfondo es político. Actualmente, las librerías dependen del Ministerio de Comercio e Industria. Con este sello, obtendrán el reconocimiento formal del Ministerio de Cultura, Juventud, Deportes y Comunicación, lo que facilitará el acceso a subvenciones para actividades culturales, ayudas para equipamiento y la participación en licitaciones públicas, incluidas las de libros de texto.
«El lugar del libro es la librería. Defendemos que existan leyes que impidan la venta de libros fuera de estos establecimientos. De ahí la importancia de este sello para regular la distribución y promoción», explica Hassan Kammoun.
El librero deja de ser un simple comerciante para consolidarse como un emprendedor cultural. Su labor consiste en tender puentes entre las obras y los lectores, crear vínculos sociales y ofrecer espacios de convivencia, misiones que este nuevo sello pretende proteger y reivindicar.