Mostafa Akalay Nasser nació en Tanger.En 1975 se trasladó a Rabat para comenzar sus estudios universitarios, aunque dos años más tarde continuó su formación en Francia. Durante las siguientes cuatro décadas, desarrolló su trayectoria académica y profesional entre París y España, especializándose en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada. En la actualidad, ejerce como director de la Escuela Superior de los Oficios de Arquitectura y Construcción de la Universidad Privada de Ifrane (Al Akhawayn), consolidándose como un referente en la historiografía urbana y arquitectónica del Protectorado español.
Le360 : ¿Puede presentar su libro a los lectores?
Mustafa Akalay: El libro es una investigación de casi 48 años que ha sido objeto de mi tesis doctoral en el Departamento de Historia del Arte de Granada. Ha venido para llenar un hueco en la historiografía marroquí, arabófona y francófona, porque desgraciadamente el francófono marroquí tiende a hablar más de la gestión francesa en la zona del Protectorado francés y olvida casi todo lo que se ha hecho en el norte de Marruecos y, sobre todo, en la capital del Protectorado de la época: Tétouan.
Hay que destacar que el Ensanche de Tétouan es una teoría urbana que ha sido inventada y forjada por un gran ingeniero urbanista catalán, Ildefonso Cerdá, el que hizo el Plan de Barcelona ya en 1860.
Arquitectónicamente es una joya que, entre todos nosotros, tenemos que intentar cuidar y salvaguardar.
¿Por qué ha elegido centrar su estudio en Tétouan?
Porque Tétouan era lo más representativo de lo que es la huella urbanística y arquitectónica española en el norte de Marruecos.
España erigió otros ensanches. Hay un ensanche menor, muy importante en la época, en Larache, pero lo han destruido, lo han desvirtuado. Ya no hay esa presencia de esa Plaza Mayor oval.
Desgraciadamente, había salas de cine, salas de teatro como el «Cine Ideal», de estilo Art Déco, hecha por un gran arquitecto, «José de Larruscaín». Todo eso ha sido demolido y hoy Larache no representa nada; es una ciudad provinciana que ha quedado muy alejada de la modernidad cuando, en su época, era muy moderna arquitectónicamente y urbanísticamente. Queda el Consulado, el Banco de España y la Iglesia.
Nador fue una ciudad de cuadrícula. Al Hoceima también tenía una arquitectura muy vernácula, pero queda poco. El norte no está gestionando bien ese patrimonio hispano-marroquí.
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El Ensanche se utiliza a diario en Tétouan, pero parece ignorarse su valor histórico. ¿Existe una falta de pedagogía al respecto?
Sí, porque el marroquí todavía no ha entendido que tampoco es una «arquitectura colonial».
Francia, cuando Lyautey con su equipo técnico de arquitectos mandó a sus profesionales a la Alhambra de Granada, les pidió que hicieran un trabajo de terreno para crear un «estilo de estado», lo que se llama el néo-mauresque, que podemos traducir en neo-mudéjar.
España practicó lo que se llama el estilo arabizante, intentar inspirarse en lo que se había hecho en la época de Al-Ándalus. La prueba es la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, hecha por Carlos Ovilo y Castelo, el definidor del Ensanche.
Me niego a utilizar la palabra «colonia» porque el urbanismo español fue más «protector».

¿Cómo puede esta arquitectura compartida servir de puente para la diplomacia cultural?
Desgraciadamente la historiografía es española. Hace cuatro meses presenté mi libro en el Colegio de Arquitectos de Barcelona y el director de la biblioteca dijo: «¿Cómo no hemos visto este libro si acabamos de descubrirlo ahora mismo?». La historiografía española tiende a olvidarse también de lo que se ha hecho en el norte de Marruecos.
No tienen especialistas e ideológicamente se rigen por la Guerra Civil. Les interesa lo que se ha hecho en América Latina con los arquitectos que huyeron de la España franquista, cuando no saben que hay grandes arquitectos que han venido a trabajar en Tanger, como Secundino Zuazo, o Pedro Muguruza, el que ha sido el definidor del Plan de Ordenación de Tétouan.
¿Siente que hay una diferencia entre el modelo urbano francés y el español?
La diferencia es que la ciudad francesa se erigió a cinco kilómetros de la Medina; practicó un urbanismo segregacionista donde se separaba la Medina de la ciudad nueva y se practicaba la zona «non aedificandi».
Mientras tanto, el urbanismo español ha sido más protector, ha sido acoplar la Medina a la ciudad moderna, abriendo un eje principal desde una Plaza Mayor, como en Tétouan: Plaza del Feddan.
Recientemente se inauguró en Rabat la Torre Mohammed VI. ¿Representa este tipo de proyectos contemporáneos la arquitectura hispano-marroquí?
No, ese es un edificio contemporáneo, moderno. Tecnológicamente es de lo mejor que se ha hecho. Es una obra hecha por Rafael de La-Hoz.
Rabat está jugando una carta muy importante: está renovando su arquitectura, sus parques, sus jardines. Hoy Rabat es una de las mejores ciudades del mundo.
Marruecos ha pujado para jugar la carta de la modernidad construyendo un teatro de Zaha Hadid y Rafael de La-Hoz, y otros proyectos como el teatro de Christian de Portzamparc en Casablanca.
Es muy loable que hoy tengamos en Rabat una arquitectura pujante y contemporánea junto a la arquitectura amazigh-vernácula, la islámica, la española, la francesa y la moderna.
