Casablanca rindió este sábado 9 de mayo un último homenaje a Abdelwahab Doukkali. Fallecido la víspera en una clínica privada de la metrópoli a los 84 años, a consecuencia de una intervención quirúrgica, el decano de la canción marroquí fue enterrado en el cementerio Achouhada, donde un importante cortejo compuesto por familiares, artistas y figuras del mundo cultural acompañó sus restos mortales en un profundo clima de emoción y recogimiento.
Nacido el 2 de enero de 1941 en Fez, en el seno de una familia modesta de trece hijos, Abdelwahab Doukkali abandonó su ciudad natal a los 19 años para trasladarse a Rabat e integrarse en la Radio Televisión Marroquí, antes de convertir Casablanca en su verdadero puerto de referencia artístico y personal. En la planta 17 del edificio Liberté, en pleno corazón de la metrópoli, el artista había moldeado un apartamento a su imagen, transformado con los años en un auténtico museo íntimo, poblado de cuadros, objetos de arte y recuerdos que relataban una vida entera dedicada a la creación. Fue en esa misma ciudad donde falleció, y fue también ella quien lo acompañó hasta su última morada.
Desde el anuncio de su muerte, el viernes 8 de mayo de 2026, los homenajes se multiplicaron desde todos los ámbitos, a la altura de la huella dejada por Abdelwahab Doukkali en la memoria artística marroquí y árabe. Samira Said expresó la inmensidad de la pérdida. Latifa Raafat destacó en él a uno de los últimos pilares de un arte auténtico, cuyas obras seguirán, según ella, atravesando generaciones. El cantante Nouri rindió homenaje, por su parte, a la audacia creativa de un artista al que consideraba un genio inigualable. El periodista Imad Ntifi recordó la dimensión intelectual y cultural de un hombre que trascendía ampliamente la figura del cantante. Por su lado, el poeta Kaïss Benyahia elogió la fidelidad, la elegancia humana y el profundo respeto que Abdelwahab Doukkali profesaba hacia la poesía, él que se tomaba el tiempo de escuchar y comprender los textos antes de interpretarlos.
El actor Omar Azzouzi resumió quizá, en nombre de toda una generación, lo que representaba Abdelwahab Doukkali: «Se ha ido un monstruo sagrado. Es un hombre que aportó enormemente a la canción marroquí y le dio su visado para ser reconocida en el mundo árabe y a nivel internacional. Doukkali era elegante en sus elecciones, en su arte y hasta en su manera de ser».
Músico, compositor, intérprete, actor y pintor, Abdelwahab Doukkali había construido una obra singular, en la encrucijada entre las artes y las generaciones. Para el cineasta Kamal Kamal, fue sobre todo uno de los grandes arquitectos de la canción marroquí moderna. «Antes de él, existían esencialmente la aïta y la canción popular. Junto a El Bidaoui, Abdelwahab Doukkali contribuyó a moldear la identidad de la canción marroquí moderna a través de sus composiciones», recuerda.
El realizador evocó igualmente la dimensión atemporal de su legado: «Su cuerpo se ha ido, pero permanecerá con nosotros. Seguiremos viviendo con su música, con las historias que contaba en sus canciones y con su sensibilidad artística».
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Desde mediados de los años 60, sus melodías, interpretadas tanto en árabe clásico como en darija, habían atravesado fronteras y generaciones. Kan ya makan, Marsoul el houb, Ma ana illa bachar, Souk al bacharia o Allah Hay se convirtieron en clásicos imprescindibles del repertorio marroquí y árabe. Abdelwahab Doukkali dejó también su huella en el cine marroquí, componiendo varias bandas sonoras y apareciendo en obras convertidas en referencias del séptimo arte nacional.
Su desaparición se produce apenas unos meses después de la muerte de Abdelhadi Belkhayat, fallecido en enero de 2026. En apenas unos meses, Marruecos ve apagarse así dos de las últimas grandes voces de una generación que marcó profundamente la edad de oro de la canción marroquí.
El poeta y compositor Mohammed El Batouli mide la magnitud del vacío dejado por esta desaparición: «La marcha de Abdelwahab Doukkali es una inmensa pérdida para la nación y para la historia de Marruecos. Desde los años 50 luchó para hacer vivir la canción marroquí y para que estuviera impulsada por los propios marroquíes. Nos deja un patrimonio musical inmenso. Hoy queda una pregunta: ¿quién llevará el relevo de la canción marroquí, ahora que los pioneros han desaparecido?».
Con Abdelwahab Doukkali desaparece una de las grandes voces del patrimonio artístico marroquí. El pintor Abdelhay Mellakh le rindió un último homenaje: «Era un revelador de nuestra civilización artística y musical. Que Dios le conceda su misericordia y lo acoja entre aquellos que contribuyeron a la elevación cultural y artística de nuestro país».
Su obra, sin embargo, permanece.