Maratón de Rabat: naranjas podridas, caos y amateurismo… la FRMA y Ahizoune, en el centro de las críticas

Maratón Internacional de Rabat: participantes denuncian graves fallos organizativos y el reparto de naranjas en mal estado tras la carrera.

El 11/05/2026 a las 08h28

El Maratón Internacional de Rabat, organizado por la federación presidida por Abdeslam Ahizoune, se encuentra en el centro de una fuerte polémica tras varios fallos que marcaron esta edición. Entre el caos organizativo, una salida confusa y el reparto de naranjas podridas a los corredores, la indignación de los participantes no deja de crecer y reaviva las críticas sobre la gestión del atletismo marroquí.

Lo que debía ser un escaparate del Marruecos deportivo acabó convirtiéndose en un auténtico fiasco organizativo. La última edición del Maratón Internacional de Rabat, celebrada el domingo 10 de mayo bajo la supervisión de la Real Federación Marroquí de Atletismo (FRMA), presidida por Abdeslam Ahizoune, deja tras de sí un profundo malestar y una avalancha de críticas por parte de participantes, observadores e incluso simples ciudadanos sorprendidos por las imágenes difundidas en redes sociales.

En el centro de la polémica: naranjas podridas repartidas a los corredores. Una escena surrealista para una competición que presume de etiqueta «internacional» y que debía representar el saber hacer marroquí en la organización de eventos deportivos. En un vídeo que se ha hecho viral, un participante muestra frutas en mal estado entregadas a los atletas dentro del avituallamiento posterior a la carrera. Una secuencia humillante que desató rápidamente indignación y enfado.

Porque, más allá de la imagen chocante, lo que está en juego es la propia salud de los corredores. ¿Cómo se puede aceptar que, tras 10, 21 o 42 kilómetros de esfuerzo intenso, los deportistas reciban productos no aptos para el consumo? ¿Cómo puede un comité organizador permitir semejante negligencia en un evento que cuenta con importantes recursos y una amplia cobertura mediática?

Pero el asunto de las naranjas en mal estado no es más que la parte visible de un problema más profundo. Numerosos participantes denuncian también una organización improvisada, una salida confusa, instrucciones poco claras y una gestión logística considerada impropia de un maratón internacional. Algunos corredores hablan incluso de un auténtico desorden que perturbó su concentración y afectó a sus tiempos.

Para muchos, esta edición del Maratón de Rabat simboliza sobre todo la creciente distancia entre los discursos oficiales y la realidad sobre el terreno. Desde hace años, la FRMA multiplica los mensajes sobre el prestigio del atletismo marroquí y la ambición del Reino de acoger los mayores eventos deportivos. Sin embargo, sobre el terreno, los fallos siguen acumulándose sin que parezca existir una verdadera autocrítica.

La responsabilidad de la Federación y de su presidente, Abdeslam Ahizoune, es hoy claramente señalada. En cualquier gran cita deportiva internacional, un escándalo de este tipo habría provocado explicaciones públicas inmediatas, e incluso sanciones. Sin embargo, hasta ahora, el silencio y la ausencia de una comunicación contundente no hacen más que alimentar la indignación de los participantes.

Lo que también genera estupor es el daño causado a la imagen de Marruecos. En un momento en el que el país multiplica sus candidaturas y ambiciones deportivas a escala continental y mundial, ver circular en redes sociales imágenes de alimentos podridos distribuidos a atletas constituye una publicidad desastrosa. El Maratón de Rabat debía ser una fiesta popular y deportiva. Ha terminado convirtiéndose en el símbolo de un amateurismo difícil de comprender.

En el fondo, la cuestión va mucho más allá de un simple problema de naranjas podridas. Plantea el debate sobre el respeto hacia los deportistas, los ciudadanos y la propia imagen del país. Organizar un maratón internacional no consiste únicamente en cortar algunas calles y repartir dorsales. Exige rigor, profesionalidad y, sobre todo, respeto hacia los participantes. En Rabat, este año, muchos sintieron exactamente lo contrario.

Por Adil Azeroual
El 11/05/2026 a las 08h28