ras imponerse con autoridad a Canadá (3-0) en los octavos de final, los Leones del Atlas vuelven a cruzarse con un viejo conocido. Cuatro años después de la semifinal del Mundial de Qatar, que cayó del lado de los Bleus, Marruecos se medirá de nuevo a Francia. En juego estará, una vez más, un puesto en las semifinales de la Copa del Mundo. Sin embargo, el contexto ha cambiado profundamente.
En 2022, Marruecos era la gran revelación del torneo. En 2026, llega con mayor experiencia, una identidad futbolística consolidada y la convicción de pertenecer ya al grupo de las grandes potencias del fútbol mundial.
Enfrente estará una Francia que sigue haciendo honor a su condición de favorita. El equipo dirigido por Didier Deschamps firma hasta ahora un torneo casi perfecto: cinco partidos, cinco victorias, catorce goles a favor y solo dos en contra. Ninguna otra selección presenta un equilibrio semejante entre eficacia ofensiva y solidez defensiva.
Ese dominio también queda reflejado en las estadísticas avanzadas. Los Bleus acumulan 10,7 goles esperados (xG), uno de los mejores registros del campeonato, promedian 7,8 disparos a puerta por encuentro y han generado 21 ocasiones claras de gol. Es decir, Francia no gana únicamente gracias al talento individual de sus delanteros: produce mucho juego y genera un enorme volumen de oportunidades.
Un ataque que ya no depende únicamente de Mbappé
Kylian Mbappé sigue siendo, naturalmente, la principal amenaza. Con siete goles, el capitán francés lidera la clasificación de máximos goleadores y atraviesa probablemente el mejor momento de su carrera internacional. Pero reducir el potencial ofensivo francés a su dorsal 10 sería un error.
El auténtico director de orquesta del ataque es hoy Michael Olise. Actuando entre líneas, el jugador del Bayern de Múnich participa en la mayoría de las acciones peligrosas de Francia. Sus cinco asistencias desde el inicio del torneo reflejan perfectamente su influencia.
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A ello se suma Ousmane Dembélé, autor ya de cuatro goles y capaz de desequilibrar cualquier defensa gracias a su velocidad y capacidad de desborde. Bradley Barcola, Désiré Doué y Rayan Cherki ofrecen además nuevas alternativas ofensivas a Didier Deschamps, que probablemente dispone del banquillo más potente del campeonato.
Para Mohamed Ouahbi, la misión será mucho más compleja que limitar a Mbappé. Será imprescindible impedir que Olise reciba entre líneas y romper las conexiones que alimentan constantemente a los atacantes franceses.
Paraguay mostró el camino
Aunque Francia impresiona, no es un equipo invulnerable. Su partido de octavos frente a Paraguay constituye probablemente el mejor ejemplo. Durante cerca de 70 minutos, los sudamericanos lograron cerrar espacios, ralentizar la circulación francesa e impedir que Mbappé encontrara profundidad. El resultado fue que los Bleus tuvieron muchas dificultades para superar el bloque paraguayo hasta que un penalti transformado por su capitán abrió el marcador.
Ese encuentro confirmó una realidad: cuando desaparecen los espacios, el juego francés pierde fluidez y disminuye buena parte de su capacidad ofensiva.
Precisamente ese es el tipo de partido que Marruecos puede plantear. Desde el inicio del torneo, los Leones han alternado con éxito una presión selectiva, un bloque medio compacto y rápidas transiciones ofensivas. Esa capacidad de adaptación constituye probablemente una de sus mayores fortalezas.
Hakimi y Brahim, las claves de las transiciones
El planteamiento de Mohamed Ouahbi debería basarse en una idea sencilla: aceptar determinadas fases de posesión francesa sin permitir que los Bleus encuentren espacios por el carril central. El verdadero peligro llegará tras cada recuperación. Cada balón recuperado deberá convertirse rápidamente en una transición aprovechando las incorporaciones de Achraf Hakimi, las conducciones de Brahim Díaz y los desmarques de Soufiane Rahimi o de Ismael Saibari, si este se recupera plenamente de sus molestias musculares.
El objetivo será también atacar los espacios que dejan a su espalda los laterales franceses, habitualmente muy adelantados para incorporarse al ataque. Es precisamente ahí donde Marruecos puede encontrar una vía para hacer daño.
Los Leones también llegan con cifras de primer nivel
Las estadísticas conceden una ligera ventaja a Francia, pero también muestran que Marruecos está firmando un Mundial de altísimo nivel.
Los Leones del Atlas alcanzan los cuartos de final con tres victorias y dos empates, uno de ellos resuelto a su favor en la tanda de penaltis frente a Países Bajos. Han marcado 10 goles y solo han encajado 4.
Su producción ofensiva también resulta muy destacable: acumulan 8,3 goles esperados (xG), una media de cinco disparos a puerta por partido y 17 ocasiones claras de gol.
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Otro dato significativo es que, al igual que Francia, Marruecos aún no ha recibido ningún gol a balón parado en este Mundial. Una estadística que refleja el excelente trabajo defensivo realizado por el cuerpo técnico de Mohamed Ouahbi y la concentración de los Leones dentro de su propia área.
El factor Bounou
En una eliminatoria de este nivel, un portero puede decidir un partido. Marruecos cuenta probablemente con uno de los mejores especialistas del mundo.
Héroe en la tanda de penaltis frente a Países Bajos y decisivo también ante Canadá, Yassine Bounou representa una importante ventaja psicológica si este duelo llegara a la prórroga o a los penaltis.
Su serenidad, experiencia y capacidad para aparecer en los momentos decisivos constituyen un arma adicional para los Leones del Atlas.
Tchouaméni, un detalle que puede marcar diferencias
Otro aspecto a seguir antes del encuentro es el estado físico de Aurélien Tchouaméni. El centrocampista del Real Madrid se perdió el partido de octavos frente a Paraguay debido a una lesión. Si finalmente no pudiera jugar, Didier Deschamps perdería a su principal recuperador y el equilibrio de su centro del campo podría verse afectado.
Sin él, las transiciones ofensivas de Marruecos podrían encontrar más espacios por delante de la defensa francesa.
Mucho más que una revancha
Este Francia-Marruecos se parece muy poco al disputado en Qatar. Marruecos ya no es la selección sorpresa. Llega con un bloque mucho más consolidado, jugadores plenamente maduros y un seleccionador que ha sabido imprimir su propio sello al equipo.
Frente a ellos estará probablemente la selección más completa del torneo, impulsada por una generación extraordinaria capaz de decidir un partido en cualquier momento.
Las estadísticas conceden un ligero favoritismo a los Bleus. También la experiencia. Pero este Mundial ya ha demostrado que los Leones del Atlas son capaces de competir de tú a tú con las mejores selecciones del planeta. Lo hicieron ante Brasil, lo confirmaron frente a Países Bajos y volvieron a demostrarlo contra Canadá.
En Boston tocará sufrir, pero si los compañeros de Noussair Mazraoui consiguen imponer un partido cerrado, contener las aceleraciones francesas y convertir cada transición en una ocasión de peligro, estos cuartos de final podrían resultar mucho más igualados de lo que sugieren los números.
