En un contexto de fuerte volatilidad del mercado, marcado por las tensiones en Oriente Medio, el Consejo de la Competencia sitúa su análisis en «una intensificación de la subida de los precios en los mercados internacionales entre el 16 de marzo y el 1 de abril de 2026», caracterizada por «una aceleración notable de las cotizaciones de los productos petrolíferos, en un entorno de alta inestabilidad». Esta dinámica externa incide directamente en las condiciones de abastecimiento del mercado nacional, dominado por las referencias del noroeste europeo.
Este marco permite analizar, en dos periodos consecutivos, cómo los operadores trasladan las variaciones internacionales a los precios en surtidor, a partir de datos del Ministerio de Transición Energética.
El análisis de los datos muestra un ajuste incompleto en el caso del diésel. En el primer periodo, el aumento de las cotizaciones alcanza +2,92 DH/L, frente a +2,18 DH/L en el segundo. En paralelo, los precios en las estaciones suben +2,03 DH/L y +1,72 DH/L, respectivamente.
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La diferencia de transmisión, negativa en ambos casos, refleja una repercusión parcial. El Consejo de la Competenciaseñala así «un desfase de -0,89 DH/L» en la primera fase y «-0,46 DH/L» en la segunda, lo que supone una mejora del nivel de transmisión, que pasa de aproximadamente el 69,5% a cerca del 79%. Esta evolución apunta a un ajuste más rápido, aunque todavía lejos de reflejar plenamente las cotizaciones internacionales.
El comportamiento de la gasolina es claramente distinto. Las cotizaciones suben +1,26 DH/L y +1,37 DH/L, mientras que los precios en surtidor aumentan aún más, con +1,43 DH/L y +1,53 DH/L, respectivamente.
El Consejo de la Competencia destaca así «una transmisión superior a la variación internacional», con diferencias positivas de +0,17 DH/L y +0,16 DH/L. Este diferencial remite a prácticas de compensación entre productos, con operadores que ajustan sus márgenes de forma distinta según el carburante.
Un mecanismo de compensación limitado por la estructura del mercado
El análisis apunta a un arbitraje económico interno en el sector. Según el Consejo de la Competencia, los operadores pueden «repercutir en mayor medida las subidas sobre la gasolina para compensar, en parte, los desfases observados en el diésel».
Sin embargo, el alcance de este mecanismo está condicionado por la estructura de las ventas. La gasolina representa «una parte limitada de la facturación total de los operadores —en torno al 13%—», mientras que el diésel sigue siendo claramente dominante, lo que limita la capacidad de compensación y mantiene una asimetría en la formación de precios.
El balance del conjunto del mes refleja una divergencia persistente entre productos. El Consejo de la Competenciaconstata «una transmisión diferenciada de las variaciones de las cotizaciones internacionales».
El diésel acumula un desfase total de -1,35 DH/L, lo que confirma una transmisión incompleta, pese a la mejora reciente. Por el contrario, la gasolina presenta un diferencial total de +0,33 DH/L, reflejo de una transmisión superior a la evolución internacional. Esta asimetría constituye un elemento estructural del funcionamiento del mercado.
Más allá de estos desfases, el Consejo de la Competencia señala la ausencia de prácticas anticompetitivas. Precisa que «no se ha identificado ningún comportamiento contrario a la competencia».
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El análisis apunta, no obstante, a un factor organizativo: «la alineación de los operadores en fechas idénticas de revisión de precios», acompañada de variaciones similares, lo que reduce la flexibilidad de los ajustes. Este funcionamiento, heredado del antiguo sistema de regulación con revisiones los días 1 y 16 de cada mes, tiende a homogeneizar la evolución de los precios.
El Consejo de la Competencia insiste así en la necesidad de evolucionar en las prácticas. Considera que las decisiones de precios deberían integrar más variables propias de cada operador, como «la frecuencia real de los aprovisionamientos, las condiciones contractuales de compra, los niveles de stock y las estrategias comerciales».
Una adaptación en este sentido permitiría mejorar la capacidad de reacción de los precios internos ante las señales internacionales, manteniendo al mismo tiempo el equilibrio del mercado.
En conjunto, estos elementos confirman que la formación de los precios de los carburantes en Marruecos sigue marcada por ajustes diferenciados según el producto, en un entorno aún influido por prácticas heredadas, pese a un marco oficialmente liberalizado.
