El índice de precios al consumo (IPC) aumentó un 1,2% en marzo de 2026 respecto al mes anterior, según el Haut-Commissariat au Plan (HCP). Este incremento se explica directamente por una subida del 1,9% en los precios de los productos alimentarios y del 0,6% en los productos no alimentarios, lo que confirma una evolución diferenciada entre los distintos componentes de la cesta de los hogares.
El desglose publicado por el HCP muestra que este repunte no responde a una tendencia generalizada, sino a impulsos concentrados en determinadas categorías. Las verduras registran una subida del 9,7%, seguidas de las frutas (+2,6%) y las carnes (+2,4%), lo que evidencia una presión especialmente fuerte sobre los productos frescos.
En paralelo, los productos no alimentarios contribuyen al alza global a través de un factor específico, en particular los carburantes. Sus precios aumentaron un 10,7% en un solo mes, según el HCP, lo que genera un efecto de arrastre sobre los costes de transporte y distribución.
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Esta evolución introduce un mecanismo clásico de transmisión inflacionista. El encarecimiento de los carburantes impacta directamente en los costes logísticos, lo que tiende a prolongar la presión sobre los precios al consumo más allá del segmento energético. De hecho, los datos del HCP confirman un aumento del 3,0% en el índice del transporte durante el mismo periodo.
En comparación con marzo de 2025, el aumento del IPC se mantiene contenido en el 0,9%, según los datos oficiales del HCP. No obstante, esta evolución moderada oculta importantes disparidades entre sus componentes.
Los productos alimentarios suben un 0,6% en términos interanuales, mientras que los no alimentarios registran un incremento del 1,1%. Algunas categorías destacan especialmente, como los «bienes y servicios diversos» (+3,5%), lo que apunta a una transmisión parcial de la inflación hacia los servicios.
La dinámica inflacionista presenta también una marcada dimensión territorial, con subidas más intensas en Guelmim y Al Hoceima (+2,7%), seguidas de Errachidia (+1,8%) y Agadir (+1,6%), según el HCP.
Por el contrario, algunas grandes ciudades registran aumentos más moderados, como Casablanca (+1,0%) y Rabat(+0,9%). Estas diferencias reflejan variaciones en la estructura de consumo local y en la exposición a las fluctuaciones de los precios alimentarios.
Una inflación subyacente a la baja
El indicador de inflación subyacente, que excluye los productos volátiles y los precios regulados, aporta una lectura complementaria. Este aumentó un 0,1% en términos mensuales, pero descendió un 0,6% en tasa interanual, según el HCP.
Esta evolución sugiere que las tensiones inflacionistas siguen estando ligadas en gran medida a factores puntuales o sectoriales, más que a una dinámica generalizada de aumento de precios. La diferencia entre la inflación general y la subyacente confirma el papel predominante de los alimentos y la energía en la formación de los precios.
El análisis de los datos del HCP pone de manifiesto una inflación impulsada por segmentos específicos, sin una transmisión homogénea al conjunto de la economía.
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Este perfil refleja una dependencia persistente de las fluctuaciones de los precios agrícolas y energéticos, dos variables altamente expuestas a las condiciones climáticas y a los mercados internacionales. El fuerte aumento de las verduras, combinado con el de los carburantes, ilustra esta doble vulnerabilidad.
Por ahora, la moderación de la inflación subyacente limita el riesgo de una espiral inflacionista generalizada. También indica que la demanda interna no constituye el principal motor del encarecimiento de los precios.
