Desde Meknès, en el marco del Salón Internacional de la Agricultura en Marruecos (SIAM), Marruecos y Portugal han escenificado su voluntad de construir un modelo agrícola conjunto más moderno, resiliente y orientado a los mercados internacionales.
Lejos de limitarse a declaraciones institucionales, la cita ha servido para traducir esa ambición en acuerdos concretos, con el objetivo de consolidar una cooperación que ya se considera estratégica en el espacio euro-mediterráneo.
El ministro marroquí de Agricultura, Ahmed El Bouari, fue claro al definir el horizonte común al señalar que «nuestra ambición es clara: construir juntos un partenariado agrícola moderno, innovador y resiliente».
Para Rabat, este acercamiento no solo responde a la necesidad de reforzar la seguridad alimentaria, sino también a la de posicionarse mejor en los mercados europeos y africanos. La complementariedad entre ambos países, tanto en términos geográficos como productivos, constituye una base sólida para avanzar en esta dirección.
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Desde el lado portugués, el mensaje ha sido igualmente explícito. El ministro José Manuel Fernandes subrayó la intención de Lisboa de actuar como «aliado estratégico del Marruecos ante la Unión Europea», apostando por una integración más profunda en los programas europeos, especialmente en materia de financiación e investigación.
En este sentido, el eje atlántico se consolida como un puente natural entre ambas economías, llamado a desempeñar un papel clave en la estabilidad alimentaria regional.
Del discurso a los acuerdos concretos
Más allá de la retórica, el SIAM 2026 ha sido escenario de una batería de acuerdos estructurantes que buscan dar contenido real a esta cooperación.
Entre ellos destaca un protocolo entre los ministerios de Agricultura de ambos países, que establece un marco global de colaboración en ámbitos como la modernización de las cadenas agroalimentarias, la agricultura sostenible, la irrigación o la formación profesional.
En paralelo, la investigación científica ocupa un lugar central. Un memorando firmado entre el INRA marroquí y el INIAV portugués abre la puerta a programas conjuntos, intercambios de expertos y movilidad académica, con el objetivo de desarrollar soluciones adaptadas a desafíos comunes como la sequía o las enfermedades agrícolas.
A esto se suman iniciativas en innovación y agrobusiness, así como acuerdos en el ámbito forestal que abarcan desde la mejora genética hasta la logística del sector maderero.
Seguridad alimentaria y cambio climático como ejes comunes
El acercamiento entre Marruecos y Portugal se apoya en una constatación compartida. Ambos países enfrentan retos similares, entre ellos la gestión sostenible del agua, la adaptación al cambio climático y la necesidad de garantizar la soberanía alimentaria.
Fernandes insistió en que estos desafíos requieren «partenariados previsibles y duraderos», especialmente entre países vecinos.
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Portugal, por ejemplo, ha lanzado un ambicioso programa de inversión en el agua que movilizará 5.400 millones de euros hasta 2030, una experiencia que podría servir de referencia para reforzar la cooperación técnica con Marruecos.
El SIAM como plataforma de proyección internacional
La elección de Portugal como país invitado de honor en esta 18ª edición del SIAM no es casual. Refleja el dinamismo de las relaciones bilaterales y la voluntad de ambos gobiernos de elevarlas a un nuevo nivel.
El salón, que reúne a más de 1.500 expositores, 70 países y más de un millón de visitantes previstos, se consolida como una plataforma clave para tejer alianzas estratégicas en el sector agrícola.
En este contexto, la cooperación marroquí-portuguesa emerge como uno de los ejes más prometedores, con una hoja de ruta clara que combina innovación, sostenibilidad y apertura a nuevos mercados.
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Más allá de los acuerdos firmados, lo que se perfila es una visión común de largo plazo. Marruecos y Portugal aspiran a construir un modelo agrícola capaz de responder a los desafíos globales sin renunciar a la competitividad.
Una ambición que, si se concreta, podría convertir esta alianza en un referente dentro del espacio euro-africano, en un momento en el que la agricultura vuelve a situarse en el centro de las preocupaciones económicas y geopolíticas.
