Según la prensa local, varios barrios de la periferia este de Argel permanecen completamente paralizados desde el pasado sábado, después de que la SEAAL anunciara una nueva avería técnica en la planta desalinizadora de agua de mar de la localidad de El Marsa.
La avería provocó graves alteraciones en el suministro de agua y afectó a los municipios de Heraoua, El Marsa y Bordj El Bahri. El incidente se produjo menos de una semana después de otra avería similar que dejó fuera de servicio la misma planta a mediados de agosto y afectó simultáneamente a 11 municipios de la wilaya de Argel.
Este nuevo episodio de sequía se produjo mientras varios informes confirmaban la fragilidad de la red eléctrica que abastece a las estaciones de bombeo y su incidencia directa en la interrupción de los ciclos de producción y en el retraso del llenado de los principales depósitos de agua.
Así, los medios locales atribuyen estas averías recurrentes a la elevada vulnerabilidad de la red eléctrica que alimenta las estaciones de bombeo y desalación. Las fluctuaciones de la corriente interrumpen automáticamente los ciclos de tratamiento y alteran el llenado de los depósitos estratégicos, convirtiendo cualquier corte temporal de electricidad en una grave escasez de agua que puede prolongarse durante varios días.
Por otra parte, y siempre según la prensa local, el almacenamiento estratégico constituye una de las principales deficiencias de gestión que afectan a las grandes ciudades argelinas, incluida la capital. La capacidad limitada de los grandes depósitos y la ausencia de reservas de seguridad para cubrir las operaciones periódicas de mantenimiento provocan graves alteraciones en los programas de bombeo. De este modo, simples averías mecánicas terminan convirtiéndose en cortes de agua prolongados. El sistema de distribución diaria deja paso a un estricto régimen de racionamiento.
Inauguraciones protocolarias que indignan a la población
Ya no son únicamente las frecuentes averías que afectan al suministro de agua las que alimentan el malestar de la población. La indignación crece ahora con cada aparición del ministro de Recursos Hídricos, Lounès Bouzegza, en las redes sociales. En ellas se le puede ver visitando obras paralizadas y posando junto a nuevas plantas desalinizadoras, mientras el agua que aparentemente circula por estas instalaciones nunca llega a los grifos de los hogares, acostumbrados a la escasez.
Esta puesta en escena refleja la enorme brecha entre el discurso oficial y la realidad sobre el terreno. En este contexto, las páginas y redes sociales del Ministerio de Recursos Hídricos acumulan miles de comentarios de ciudadanos indignados que enfrentan el discurso sobre la «seguridad hídrica» con la dura realidad de la sequía.
Uno de los comentarios, firmado por un ciudadano identificado como Tayeb Moussa, interpela directamente a Lounès Bouzegza: «Vivimos en el barrio situado frente a su ministerio en Argel y sufrimos cortes de agua desde hace mucho tiempo… Estamos cansados de quejarnos sin obtener nunca una respuesta». Sin embargo, todo apunta a que ni el ministro ni su equipo tienen tiempo para leer los comentarios de los ciudadanos.
Este contraste entre las promesas oficiales y la realidad de la escasez de agua en las inmediaciones de la propia sede del Ministerio de Recursos Hídricos revela la enorme distancia entre el discurso político y la experiencia cotidiana de la población, y confirma que la abundancia de datos y declaraciones no se ha traducido en agua en los grifos, secos desde hace semanas.
Cobros agresivos en plena ola de calor
Ante estas graves dificultades, la dirección de la SEAAL ha provocado una fuerte indignación después de enviar a sus equipos sobre el terreno para cortar el suministro y retirar los contadores de los usuarios que no habían pagado sus facturas. Según el diario «Akhbar Al Watan», la medida ha generado una fuerte reacción. «¿Cómo se puede cortar el agua allí donde ya está cortada?», denuncian los usuarios, que critican la obligación de pagar facturas que consideran injustificadas por contadores que funcionan con la presión del aire atrapado en unas tuberías secas.
Esta situación refleja una evidente paradoja administrativa y enfrenta a la empresa con un creciente malestar social. Mientras despliega importantes esfuerzos para recuperar las cantidades adeudadas y amenaza con sanciones en plena ola de calor, sigue sin poder solucionar las fugas que inundan las calles ni poner fin a las averías crónicas que privan a los ciudadanos de un derecho básico.
Escasez de agua embotellada y parálisis del sector petroquímico
Las consecuencias de la crisis no se limitan al deterioro de las redes públicas de distribución. El mercado del agua mineral embotellada también afronta graves problemas de abastecimiento y sucesivas subidas de precios. El precio de una botella ha pasado de 220 a cerca de 300 dinares, unos 12,5 dirhams marroquíes, mientras aumenta el temor a que el encarecimiento se extienda a las botellas de aceite, las bebidas y los productos lácteos.
El periodista argelino Abdou Semmar atribuye esta situación a la incapacidad de las fábricas locales para obtener las materias primas petroquímicas necesarias para fabricar botellas y tapones de plástico, principalmente polietileno y polipropileno.
Esta escasez es consecuencia de la caída de las importaciones a través del estrecho de Ormuz y del aumento del coste del transporte marítimo internacional, lo que obliga al Tesoro público a desembolsar cerca de 2.900 millones de dólares al año para cubrir las necesidades de estas materias primas esenciales.
Semmar considera que estas dificultades de suministro ponen de manifiesto una paradoja para un país que dispone de enormes reservas de gas, pero que no es capaz de transformarlas localmente. El periodista atribuye la crisis a la paralización, por parte del actual régimen, del proyecto del complejo petroquímico STEP en Arzew. Lanzado en 2018 mediante una asociación estratégica con la empresa francesa TotalEnergies, el proyecto pretendía producir medio millón de toneladas de polipropileno al año.
Sin embargo, el proyecto se vio afectado por obstáculos sistemáticos y ajustes de cuentas políticos que llevaron a la retirada del socio extranjero. Posteriormente, las obras quedaron completamente paralizadas después de ser adjudicadas a otras empresas, dejando al mercado interno a merced de las fluctuaciones de las importaciones y de las recurrentes escaseces.
La paradoja de la abundancia y la escasez de agua
Esta compleja crisis sitúa a las autoridades argelinas ante un dilema político y moral frente a la opinión pública. La persistente incapacidad para garantizar el suministro de agua potable en el corazón de la capital y de las principales ciudades demuestra que apostar únicamente por ampliar el número de plantas desalinizadoras, sin una estrategia concreta de mantenimiento y renovación de unas redes de distribución envejecidas, constituye apenas un paliativo temporal y una solución de emergencia incapaz de resistir la realidad.
Ante esta situación, los grifos secos se han convertido cada día en el reflejo del despilfarro de los ingresos procedentes de los hidrocarburos y del fracaso de las políticas públicas, que han desembocado en interminables colas y en una búsqueda desesperada de agua bajo el intenso calor del verano, en un país con enormes recursos energéticos pero incapaz de saciar la sed de su población.
