Después de interpelar públicamente y de forma reiterada a la dirección de Mediaset España y Cuatro, y de dirigirse posteriormente al conjunto de la profesión periodística española, Lahcen Haddad ha obtenido una primera respuesta institucional. La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha confirmado oficialmente que ha remitido su escrito a la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo, órgano encargado de examinar posibles vulneraciones de los principios éticos de la profesión periodística en España.
La iniciativa se produce después de que, durante un programa de la cadena española Cuatro, uno de los invitados llamara a la «destrucción política y económica» de Marruecos sin que sus palabras fueran rebatidas en el plató. «¿Es aceptable normalizar en televisión la “destrucción política y económica” de un país? La Asociación de la Prensa de Madrid me ha comunicado que ha remitido mi escrito a la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo [...]. Mi posición sigue siendo estrictamente periodística y deontológica», escribió Lahcen Haddad al anunciar la decisión.
Una deriva en directo
Todo comenzó el 31 de julio de 2026. Esa noche, la cadena española Cuatro emitió el episodio 256 de la sexta temporada de su programa de actualidad y debate Horizonte, presentado para la ocasión bajo el título «Especial: crisis en la frontera».
El espacio estaba conducido por Iker Jiménez y Carmen Porter. En la mesa participaban varios tertulianos, entre ellos Eduardo Inda, director de OKDIARIO; el comentarista Rubén Pulido, y Taleb Alisalem, presentado en el programa como «activista saharaui».
Durante el debate, centrado en las tensiones fronterizas en Sebta, Alisalem afirmó que España dispondría, sin necesidad de recurrir a la fuerza militar, de instrumentos de presión capaces de «destruir política y económicamente a Marruecos».
Lejos de quedar como una frase aislada pronunciada durante una emisión en directo, la secuencia fue posteriormente difundida y archivada tanto en la web oficial del programa como en la plataforma digital de Mediaset. Los contenidos que acompañaban la repetición recogían también las declaraciones de Alisalem en las que calificaba la crisis de Sebta de «segunda Marcha Verde» y sostenía que Marruecos mantiene una política expansionista dirigida hacia Sebta, Melilla y el archipiélago canario.
Una retórica de castigo colectivo
Ante estas declaraciones, Lahcen Haddad decidió redactar una carta abierta dirigida a Cuatro y Mediaset, a la producción de Horizonte y a los presentadores y colaboradores del programa.
En su primer escrito, Haddad delimita cuidadosamente el objeto de su crítica y aclara que no pretende impedir el debate ni cuestionar la legitimidad de las opiniones políticas. «Es perfectamente legítimo criticar al Gobierno marroquí. Es legítimo cuestionar las posiciones diplomáticas del Reino. Es legítimo defender al Polisario o cualquier otra posición sobre el Sáhara. La libertad de expresión debe proteger opiniones profundamente divergentes, incluso extraordinariamente duras. Pero hablar de la “destrucción política y económica” de todo un país pertenece a otro registro».
Haddad recuerda además la dimensión humana que se esconde detrás de semejante formulación. «Marruecos no es una abstracción diplomática. Es una nación de cerca de cuarenta millones de habitantes. “Destruir económicamente” Marruecos implicaría necesariamente afectar a empleos, ingresos, empresas, familias, servicios públicos, ahorros y expectativas de millones de ciudadanos corrientes [...]. Existe aquí, como mínimo, una retórica de castigo colectivo que merece ser examinada con el máximo rigor», escribe.
El académico apoya también su argumentación en las normas internacionales de derechos humanos, entre ellas el artículo 20.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), relativo a la apología del odio nacional que constituya incitación a la discriminación o la violencia, así como el Plan de Acción de Rabat de Naciones Unidas, que establece distintos criterios para evaluar la gravedad de un discurso, como su contexto, autor, intención, contenido, alcance y la probabilidad de que provoque un daño.
El silencio del plató
La principal crítica de Haddad no se dirige únicamente al invitado, sino también a la responsabilidad de la redacción y de los periodistas presentes en el plató, que permitieron que esas palabras se pronunciaran sin introducir ninguna objeción.
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«No pido censura. Pido algo mucho más elemental: una explicación periodística y editorial. Cuando el señor Alisalem habló de “destruir política y económicamente Marruecos”, ¿qué réplica recibió? ¿Se le preguntó qué significaría concretamente esa “destrucción” para millones de marroquíes? [...] ¿Se le preguntó si aceptaría el mismo razonamiento si un invitado acudiera a un plató de televisión para proponer “destruir política y económicamente” España, Argelia, Francia o cualquier otra nación?», plantea.
Pese a esta interpelación, ni Mediaset, ni Cuatro, ni el equipo de producción del programa de Iker Jiménez respondieron a la carta abierta.
Ante la ausencia de respuesta, Lahcen Haddad reiteró su petición y decidió dirigirse directamente a la profesión y a las organizaciones representativas de los periodistas españoles, trasladando el debate al terreno de los estándares profesionales.
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«¿Es periodísticamente normal que un invitado proponga en televisión la “destrucción política y económica” de un país de cerca de 40 millones de habitantes sin que se le cuestione inmediatamente sobre las consecuencias humanas de semejante propuesta? No pido censura. Tampoco pido que nadie comparta mis posiciones sobre Marruecos. Simplemente pregunto si los estándares periodísticos serían los mismos si alguien propusiera la “destrucción” de España, Francia o Argelia», señaló.
La respuesta de la Asociación de la Prensa de Madrid y la remisión del expediente a la Comisión competente en materia de deontología periodística abren ahora una nueva etapa en el caso. Al situar la cuestión en el terreno estrictamente profesional, el planteamiento de Lahcen Haddad deja sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿puede un programa de televisión, amparándose en la libertad de expresión, dar cabida y difusión sin ningún distanciamiento crítico a un llamamiento a la destrucción económica y política de todo un país?
La posición que adopte la Comisión podría convertirse en una referencia dentro del debate sobre la responsabilidad editorial de los medios ante los discursos extremos pronunciados por sus invitados.
