Acusar a Marruecos de «genocidio» en Antena 3, cuando la propaganda separatista se disfraza de análisis

El 24/08/2026 a las 15h06

Después de reclamar en Cuatro la «destrucción política y económica» de Marruecos, Taleb Alisalem reapareció en una televisión española para acusar al Reino de cometer un «genocidio». Esta vez fue Antena 3 la que dejó avanzar la acusación sin exigir pruebas y permitió que Beatriz Mesa, doctora en Ciencias Políticas y especialista en el Magreb y el Sahel, apenas pudiera responder.

El debate podía haber sido útil. Espejo Público había reunido voces con posiciones diferentes para hablar de Marruecos y España. Eso, en principio, honra a cualquier programa que pretenda abordar una cuestión compleja. El problema comenzó cuando aquella pluralidad quedó reducida a una simple composición de pantalla y uno de los participantes decidió que la discrepancia no merecía ser escuchada.

El rótulo de Antena 3 ya le había concedido a Taleb Alisalem la condición de «analista político y activista saharaui». El análisis, sin embargo, duró poco. Bastó con que Beatriz Mesa intentara desmontar su relato para que las explicaciones dejaran paso a las interrupciones y el volumen sustituyera a los argumentos.

Mesa no era precisamente una invitada improvisada. Doctora en Ciencias Políticas, profesora universitaria, periodista y especialista en el Magreb y el Sahel, lleva cerca de dos décadas estudiando sobre el terreno las dinámicas políticas de la región. Frente a ella, Alisalem despachó la situación del Sáhara con una palabra que parecía resolverlo todo: «genocidio». No aportó hechos, fuentes ni razonamiento alguno. ¿Para qué estropear una acusación tan rotunda con explicaciones?

La profesora trató de introducir dos elementos que rara vez encuentran espacio en los platós españoles. El primero, que la integridad territorial no es para Marruecos una pieza disponible en una mesa de negociación. El segundo, todavía más incómodo para el activista, que el Polisario no representa a todos los saharauis y que muchos de ellos defienden su pertenencia al Reino. Alisalem respondió de la forma más eficaz para no tener que rebatirla: hablando por encima de ella.

«Ya está bien de no respetar otras opiniones», terminó protestando Mesa. Aun así, volvió a ofrecerle la posibilidad de discutir con argumentos. «Te hablo con todo el respeto y te pido que contraargumentes», le dijo, asegurándole que ella sí escucharía la respuesta. Alisalem replicó que no le interesaban «las personas con narrativas que llaman al odio». La operación era cómoda. Quien cuestiona su versión ya no discrepa, sino que «llama al odio»; y el saharaui que no respalda al Polisario deja directamente de merecer voz.

Antena 3 había reunido varias opiniones, aunque olvidó garantizar la única condición necesaria para que existiera un debate... que pudieran escucharse. Mesa aportaba conocimiento académico, experiencia sobre el terreno y una lectura que rompía el habitual relato único. Alisalem aportó una acusación de «genocidio» y suficientes interrupciones para evitar que pudiera ser examinada. La cadena dejó que el segundo se impusiera sobre la primera. Todo muy plural, siempre que nadie contradijera al «analista».

Del activismo al comodín de plató

Taleb Alisalem nació en 1992 en los campamentos de Tinduf y llegó a España con diez años a través del programa Vacaciones en Paz. Residente en Madrid, ha desarrollado su trayectoria como activista y escritor comprometido con la causa separatista. Su propia editorial lo presenta como formado en cooperación internacional y ayuda al desarrollo.

Nada de ello invalida su derecho a intervenir en el debate sobre el Sáhara. Sí obliga, sin embargo, a situar correctamente desde qué posición habla. Alisalem no es un observador exterior del conflicto, sino un militante de una de sus partes. El problema aparece cuando los programas de televisión borran esa diferencia y convierten una voz activista en autoridad analítica sin someterla a las exigencias que esa condición comporta.

Un analista puede tener convicciones políticas. Lo que lo distingue de un propagandista no es la ausencia de opinión, sino el método. Debe separar información e interpretación, justificar sus conclusiones y admitir la existencia de hechos que incomodan su relato.

Alisalem hizo justamente lo contrario cuando se negó a escuchar que una parte importante de los saharauis respalda la integridad territorial de Marruecos y no se considera representada por el Polisario. En las provincias del Sur viven saharauis que votan en las elecciones marroquíes, ocupan responsabilidades municipales y regionales y participan en las instituciones nacionales. Se puede discutir el peso de cada corriente, pero no borrar a una de ellas para preservar la ficción de que todo saharaui es necesariamente separatista.

Sin embargo, cuando Beatriz Mesa intentó introducir esa realidad, Alisalem no la discutió. Simplemente trató de impedir que se escuchara.

Una escalada tolerada por los platós

La secuencia de Antena 3 tampoco constituye su primer exceso televisivo. El 31 de julio, durante el programa Horizonte de Cuatro, Alisalem sostuvo que España disponía de instrumentos capaces de «destruir política y económicamente a Marruecos».

La frase se pronunció sin una objeción seria en el plató y terminó provocando una iniciativa del académico y político Lahcen Haddad ante la profesión periodística española. La Asociación de la Prensa de Madrid remitió posteriormente el expediente a la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo.

En menos de un mes, Alisalem ha pasado de proponer la «destrucción» política y económica de un país de cerca de cuarenta millones de habitantes a acusarlo de cometer un «genocidio». Primero fue Cuatro. Ahora, Antena 3. En ambos casos, las cadenas le ofrecieron el plató, el rótulo de autoridad y una contradicción insuficiente.

Antena 3 ha convertido además a Alisalem en un colaborador recurrente sobre Marruecos. Desde Espejo Público ha presentado la crisis migratoria de Sebta como una «operación perfectamente preparada y organizada» por Rabat, ha asegurado que en Marruecos «ya hablan de que Andalucía tiene que volver a ser marroquí» y ha atribuido al Reino una estrategia destinada a sembrar el caos y medir la capacidad de respuesta española.

La reiteración televisiva termina concediendo apariencia de autoridad a lo que sigue siendo el discurso de un activista abiertamente comprometido con una de las partes. El rótulo de «analista político» no vuelve neutrales sus afirmaciones ni dispensa a la cadena de comprobarlas.

Tras la emisión, Alisalem escribió en X que había tenido que «aguantar a esta señora llamada Beatriz», a la que acusó de hacer «malabares» y de «hablar mucho sin decir nada» para defender a Marruecos. La frase adquiere un significado particular después de ver la secuencia. Quien apenas pudo hablar fue ella.

Antena 3 tiene todo el derecho a invitar a Taleb Alisalem y él puede defender abiertamente la independencia del Sáhara. Lo que una cadena no debería hacer es presentar a un militante como autoridad neutral, permitirle lanzar acusaciones de «genocidio» sin exigirle que las fundamente y dejar que silencie mediante interrupciones a quien cuestiona su relato.

Un debate plural no consiste en colocar varias caras en una pantalla. Consiste en permitir que todas hablen, exigir pruebas para las afirmaciones más graves y recordar que ninguna persona, por mucho espacio televisivo que acumule, posee el monopolio de la voz saharaui.

Por Faiza Rhoul
El 24/08/2026 a las 15h06