Marruecos y las Islas Canarias: entre las derivas del discurso español y la realidad histórica

Samir Bennis.

El 22/08/2026 a las 13h00

TribunaLa tesis de que Rabat alberga planes para apoderarse de las Islas Canarias no resiste el más mínimo contraste con el registro histórico. En 1978, cuando Argel trató precisamente de instrumentalizar la cuestión canaria, armando a un movimiento separatista y ejerciendo presión en el seno de la OUA para que el archipiélago fuera declarado «territorio africano pendiente de descolonización», fue Marruecos quien se posicionó pública e inequívocamente del lado de España.

Una de las afirmaciones más extravagantes que se repiten en el debate público español en torno a los acontecimientos de Ceuta sostiene que estos formarían parte de un plan marroquí encaminado no solo a recuperar Ceuta y Melilla, sino también a apoderarse de las Islas Canarias. Se trata de una extrapolación desmesurada que ignora un hecho histórico fundamental: Marruecos nunca ha reivindicado la soberanía sobre las Islas Canarias. Más aún, Marruecos se alineó activamente con España en defensa de su soberanía sobre el archipiélago cuando esta comenzó a ser objeto, a partir de 1977, de una contestación persistente por parte de Argelia. El registro histórico es inequívoco a este respecto y merece ser examinado con detenimiento, aunque solo sea porque estos hechos son sistemática —y convenientemente— omitidos en buena parte del discurso español actual.

Tras la firma del Acuerdo de Madrid, el acuerdo tripartito suscrito entre Marruecos, España y Mauritania el 14 de noviembre de 1975, Argelia emprendió una campaña diplomática que se prolongaría durante varios años y cuyo objetivo era lograr que España se distanciara de dicho acuerdo, no solo declarando que la cuestión del Sáhara seguía sin resolverse, sino también reconociendo al Polisario como representante «legítimo» del «pueblo saharaui».

Cubillo, el MPAIAC y la guerra por delegación de Argel

Para alcanzar este objetivo, Argelia dio refugio a un movimiento marginal que propugnaba la independencia de las Islas Canarias. Al frente de este se encontraba un abogado llamado Antonio Cubillo, dirigente del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). Argelia concedió asilo a Cubillo y puso a su disposición los medios de comunicación necesarios para desarrollar actividades propagandísticas en favor de su causa, especialmente a través de un programa específicamente dedicado a ella en la radio estatal argelina, La Voz de Canarias Libre, desde el que se difundían llamamientos separatistas dirigidos al archipiélago.

Conviene subrayar que el MPAIAC distaba mucho de constituir una mera molestia retórica. Su brazo armado, las Fuerzas Armadas Guanches, había perpetrado un atentado con bomba en un centro comercial de Las Palmas de Gran Canaria en 1976, lo que pone aún más de manifiesto que el respaldo argelino no se limitaba a la difusión de propaganda, sino que alcanzaba a una organización dispuesta a recurrir a la violencia contra objetivos civiles españoles. Este contexto resulta esencial: la amenaza que Argelia contribuía a proyectar sobre la soberanía española en Canarias no era una abstracción circunscrita a las salas de reuniones de los comités de la OUA, sino que emanaba de un movimiento que había demostrado su capacidad —y manifestado expresamente su voluntad— de actuar violentamente dentro del propio territorio español.

«Cuando quedó claro que España seguía sin dar señales de estar dispuesta a adoptar una posición abiertamente hostil hacia Marruecos mediante el reconocimiento del Polisario como representante «legítimo» de los saharauis, Argelia recurrió al chantaje, utilizando la integridad territorial de España y su soberanía sobre las Islas Canarias como instrumentos de presión.»

—  Samir Bennis

Cuando quedó claro que España seguía sin dar señales de estar dispuesta a adoptar una posición abiertamente hostil hacia Marruecos mediante el reconocimiento del Polisario como representante «legítimo» de los saharauis, Argelia recurrió al chantaje, utilizando la integridad territorial de España y su soberanía sobre las Islas Canarias como instrumentos de presión. Aprovechando la influencia que ejercía en el seno de la Organización para la Unidad Africana (OUA), Argelia comenzó, a partir de 1977, a promover el reconocimiento del MPAIAC como movimiento de liberación nacional y de las Islas Canarias como territorio africano pendiente de descolonización.

Los esfuerzos argelinos alcanzaron su punto culminante durante las reuniones del Comité ad hoc de Liberación de la OUA, celebradas en Trípoli entre el 13 y el 18 de febrero de 1978. Allí se presentaron propuestas encaminadas a considerar las Islas Canarias como un territorio africano sometido a dominación colonial y, por tanto, necesitado de liberación; a proporcionar apoyo económico y logístico al movimiento de «liberación canario»; y a encomendar al secretario general de la OUA, William Eteki, el seguimiento posterior de la cuestión.

La maniobra argelina en torno a Canarias no puede entenderse al margen de la rivalidad más amplia entre Argelia y Marruecos, que se había cristalizado en torno al conflicto del Sáhara y que, a su vez, estaba condicionada por la dinámica global de la Guerra Fría: Argel contaba con el respaldo soviético y cubano, mientras Rabat se alineaba con Washington y París. Tras erigirse en principal patrocinador y defensor internacional del Polisario, Argel tenía todos los incentivos para elevar el coste diplomático del acercamiento de España a Marruecos y Mauritania. Desde esta perspectiva, la instrumentalización de un movimiento separatista marginal tenía menos que ver con las propias Islas Canarias que con la voluntad de dotarse de un instrumento de presión sobre Madrid: una estrategia de presión por delegación que historiadores tanto marroquíes como españoles han descrito posteriormente como característica de la diplomacia regional argelina durante aquel periodo.

Un artículo publicado por El País el 21 de febrero de 1978 sacó a la luz lo que por entonces constituía un secreto a voces, tanto en España como en los círculos diplomáticos extranjeros. «La presión argelina sobre estas cuestiones parece encaminada a lograr que España modifique su posición sobre el Sáhara, apoyando al Frente Polisario contra Marruecos, para salvar de ese modo las Islas Canarias», escribió José Ramón Ariño Rodríguez, autor del artículo, en una observación que dejaba al descubierto la lógica instrumental que subyacía a la maniobra argelina en torno a Canarias.

Las maniobras de Argelia adquirieron un cariz aún más preocupante para España en junio de ese mismo año, cuando el Comité de Liberación clausuró su sesión ordinaria reafirmando su apoyo a la independencia de las Islas Canarias y, paralelamente, llamando la atención sobre el intento de asesinato del que Cubillo había sido víctima en Argel el 5 de abril de aquel año, un episodio posteriormente atribuido a los servicios de seguridad españoles y que dejó a Cubillo con una discapacidad permanente. Considerados en su conjunto, estos acontecimientos provocaron una enorme controversia y suscitaron una profunda inquietud tanto en el seno del Gobierno español como entre las élites académicas y mediáticas del país, que entendieron, con razón, que Argelia estaba utilizando las Islas Canarias como palanca para obligar a España a reconsiderar su posición sobre el Sáhara.

Un artículo publicado por El País en junio reflejaba con particular agudeza el estado de ánimo que imperaba entonces en España ante la maniobra argelina: «El régimen argelino, que ha levantado el espantajo canario y lo manipula con el propósito declarado de chantajear a España y hacerle pagar sus “errores” en el Sáhara Occidental, debe sentirse desbordado por la mascarada política organizada por el MPAIAC en la capital tanzana, a menos que sea él mismo el instigador de una nueva maniobra destinada a conseguir que se condene el “imperialismo español” en la conferencia africana de Jartum».

Rabat se posiciona junto a Madrid

¿Y qué hizo Marruecos ante todo ello? El país norteafricano expresó, de manera categórica, inequívoca y enfática, su apoyo a la integridad territorial de España y su rechazo al intento argelino de presionar a Madrid mediante la instrumentalización de la cuestión de las Islas Canarias. Se trata, significativamente, de un aspecto de este periodo que analistas, académicos y periodistas españoles tienden a pasar por alto cuando abordan este capítulo de las relaciones hispano-marroquíes. Durante aquella misma reunión del Comité de Liberación de la OUA celebrada en Trípoli en febrero de 1978, Marruecos defendió firme y públicamente la integridad territorial de España.

« El país norteafricano expresó, de manera categórica, inequívoca y enfática, su apoyo a la integridad territorial de España y su rechazo al intento argelino de presionar a Madrid mediante la instrumentalización de la cuestión de las Islas Canarias. »

—  Samir Bennis

En respuesta a la vehemente y particularmente dura declaración contra España formulada a propósito de las Islas Canarias por el ministro argelino de Asuntos Exteriores, Abdelaziz Bouteflika, su homólogo marroquí, Mohamed Boucetta, puso en duda la credibilidad de las tesis esgrimidas acerca del supuesto carácter «africano» de las Islas Canarias. El responsable marroquí observó, con evidente ironía: «Resulta sorprendente que Bouteflika y el Gobierno al que pertenece hayan esperado a que Cubillo llegara a Argelia para descubrir la existencia de un “pueblo guanche” y de un “nuevo colonialismo”».

Marruecos reiteró formalmente su rechazo a cualquier intento de menoscabar la integridad territorial de España en una declaración oficial publicada por su Embajada en Madrid el 20 de febrero. En dicha declaración, Rabat reafirmó su posición de que las Islas Canarias constituían parte integrante del territorio español, que «nunca había puesto en duda su carácter español», que no reconocía a la organización separatista encabezada por Antonio Cubillo y que respaldaba la posición del Gobierno español.

Una diplomacia de garantías, reiteradamente rechazada

Y eso no es todo. Desde los primeros años posteriores a su independencia, cuando Marruecos comenzó a invitar a España a entablar un diálogo sobre las disputas territoriales entre ambos países, Rabat manifestó de forma constante su disposición a tener en cuenta la seguridad y los intereses de las Islas Canarias en cualquier entendimiento que pudiera alcanzarse entre Marruecos y España, particularmente en lo relativo a la cuestión del Sáhara.

Consciente de las preocupaciones estratégicas derivadas de la proximidad geográfica de las Islas Canarias al Sáhara, el rey Hassan II aseguró al embajador de España, Manuel Aznar, durante una reunión celebrada en el Palacio Real de Fez el 22 de abril de 1963, que Marruecos estaba dispuesto, una vez reconocida su soberanía sobre el Sáhara, a permitir que España mantuviera una base militar en la zona con el propósito de garantizar la seguridad del archipiélago. Marruecos propuso, además, la celebración de un acuerdo bilateral en virtud del cual ambos países cooperarían tanto en la extracción y comercialización de los recursos naturales del Sáhara como en la explotación de los recursos situados en los fondos marinos de la plataforma continental del territorio.

Marruecos ofreció garantías comparables al general Franco en 1970. Ninguna de aquellas propuestas llegó finalmente a materializarse, ya que España optó, en ambas ocasiones, por seguir un rumbo distinto del planteado por Marruecos. La maniobra argelina tampoco acabó prosperando. La constitución de las Islas Canarias como Comunidad Autónoma por parte de España en 1982 contribuyó a neutralizar buena parte del atractivo que el movimiento separatista conservaba en el ámbito interno y, ya en 1979, el MPAIAC había renunciado formalmente a la lucha armada. El propio Cubillo acabaría beneficiándose de un indulto real y regresaría a España, donde la causa independentista que había defendido desde su exilio en Argel nunca volvió a recuperar el impulso que Argelia había intentado conferirle.

Este registro histórico deja escaso margen para el revisionismo que hoy empieza a abrirse paso en determinados sectores del debate español. Lejos de albergar pretensiones sobre las Islas Canarias, Marruecos se ha situado, en cada coyuntura decisiva del último medio siglo, del lado de la soberanía española sobre el archipiélago, incluido precisamente el momento de 1978, cuando dicha soberanía se enfrentaba a un cuestionamiento real y serio por parte de Argelia. Quienes hoy, en España, invocan el espectro de una amenaza marroquí sobre Canarias harían bien en consultar este registro histórico antes de seguir repitiendo una afirmación que las pruebas disponibles sencillamente no respaldan.

Por Samir Bennis
El 22/08/2026 a las 13h00