Lejos de las cámaras, las cifras de la OIM revelan cómo el éxodo silencioso de los argelinos se ha convertido en el principal foco de la migración en el Mediterráneo

Une équipe espagnole de sauvetage en mer secourt 19 Algériens à Carthagène, le 28 mai 2024.

Un equipo español de salvamento marítimo rescata a 19 argelinos en Cartagena, el 28 de mayo de 2024.

El 13/08/2026 a las 13h32

Mientras la atención europea sigue centrada en los espectaculares intentos de entrada en Sebta y Melilla, los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones revelan una realidad muy distinta. Argelia se ha convertido en el principal país de origen de la inmigración clandestina, con el 42% de las llegadas registradas en España entre enero y abril. Un flujo constante, organizado y sin retorno, favorecido por el desentendimiento del régimen de Argel y con un destino final preferente, Francia.

Un enorme árbol mediático está ocultando un bosque silencioso. Por un lado, las impactantes imágenes de entradas masivas en Sebta, reproducidas una y otra vez, seguidas por el regreso de la práctica totalidad de quienes participaron en ellas. Por otro, el discreto ir y venir de decenas de pateras y lanchas rápidas que navegan hacia Baleares o Alicante, cargadas de jóvenes argelinos que no regresarán. Las últimas estadísticas publicadas este 12 de agosto por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) desmontan una idea muy extendida: en el Mediterráneo occidental, la principal presión migratoria ya no procede de Marruecos, sino de Argelia.

Un análisis detenido de los datos arroja de entrada una conclusión geopolítica de calado. Argelia se ha convertido en el primer país de origen de la inmigración clandestina en la ruta del Mediterráneo occidental, muy por delante de Marruecos, pese a que apenas 14 kilómetros separan al Reino de España. Mientras la atención mediática europea permanece concentrada en unos cruces terrestres ciertamente espectaculares, pero puntuales, la realidad se encuentra en otra parte.

Los datos oficiales de la OIM reflejan un cambio profundo y estructural. Durante el periodo analizado, Argelia concentró por sí sola el 42% de las 5.647 llegadas registradas en España, situándose oficialmente como el «primer país de origen» en esta ruta. Marruecos, en comparación, representó el 22%, prácticamente la mitad del contingente argelino. Como señala el informe de la OIM, aunque históricamente la mayoría de las travesías partían de Marruecos, la tendencia se invirtió en 2025 y se consolida con fuerza en 2026, con una mayoría de candidatos a la emigración que parten ahora desde Argelia.

Un flujo organizado y constante

El análisis comparativo de las formas de entrada pone de manifiesto dos dinámicas migratorias radicalmente diferentes. En el caso marroquí, el informe señala los cruces terrestres en Sebta y Melilla, con 2.164 llegadas. Estos intentos se caracterizan por su carácter discontinuo, con entradas de grandes grupos concentradas en periodos muy breves. Sin embargo, la realidad sobre el terreno y el seguimiento de los datos muestran que estos episodios no desembocan necesariamente en una permanencia duradera. Como ocurrió durante los últimos acontecimientos, la práctica totalidad de quienes participaron en esas entradas ampliamente mediatizadas regresaron a sus hogares. La OIM vincula además el relativo control de estos accesos con el refuerzo de la cooperación entre Rabat y Madrid, materializado en la gestión conjunta de los puntos de paso.

En cambio, la emigración argelina responde a una lógica organizada, casi industrial. Las embarcaciones procedentes de Argelia, gestionadas por redes de traficantes, aplican una estrategia de dispersión a gran escala y alcanzan distintos puntos del litoral español, desde las islas Baleares hasta las costas de Almería, Murcia y Alicante. Al no depender de un único punto de paso, estas redes aprovechan sistemáticamente cualquier ventana meteorológica favorable para enviar al mar grupos de migrantes de forma regular, en un silencio casi absoluto que contrasta con la dureza de estas operaciones.

Esta logística marítima genera así una dinámica prácticamente sin retorno. A diferencia de los intentos terrestres, donde los migrantes son interceptados con frecuencia, quienes se hacen a la mar desde las costas argelinas emprenden una travesía con vocación definitiva, alimentando un flujo continuo y en una sola dirección que, por ahora, nada parece capaz de contener.

La migración como «válvula de escape»

Uno de los datos más reveladores del informe tiene que ver con el control de las fronteras. Mientras la presión migratoria procedente de Argelia alcanza cifras récord, las interceptaciones realizadas por las fuerzas navales argelinas se han desplomado un 37% en un año, con apenas 1.002 entre enero y abril de 2026.

Este retroceso en el control plantea interrogantes sobre la responsabilidad de las autoridades de Argel. Argelia, un país rico en hidrocarburos, afronta importantes tensiones socioeconómicas internas y una juventud con escasas perspectivas. El régimen parece utilizar esta emigración clandestina como una válvula de escape política. Permitir la salida de una juventud desencantada contribuye a aliviar la presión social interna y a reducir el riesgo de estallidos populares o de contestación política. Reducir el esfuerzo de vigilancia marítima supone, al mismo tiempo, trasladar a la orilla europea el coste humano y de seguridad de su propia crisis socioeconómica.

Una lectura estricta de las estadísticas oficiales oculta, sin embargo, una realidad geográfica bastante más compleja. Aunque los datos de la OIM contabilizan con precisión las llegadas al litoral español como puerta de entrada a la Unión Europea, no reflejan el verdadero destino final de buena parte de este flujo clandestino: Francia. Para la gran mayoría de estos migrantes procedentes de Argelia, la península ibérica no sería más que una escala, un territorio de tránsito que abandonan rápidamente apoyándose en sólidas redes comunitarias.

Atraídos por redes familiares ya asentadas, una evidente proximidad lingüística y una larga tradición migratoria, estos grupos tienen Francia como destino prioritario. Este desplazamiento genera un impacto estadístico ampliamente infravalorado: tras desembarcar en Murcia, Alicante o las islas Baleares, muchos de estos migrantes desaparecen rápidamente de los registros españoles al desplazarse por el espacio Schengen hacia territorio francés, dificultando así la medición de su impacto real en el país de destino.

Atendiendo estrictamente a las tendencias estadísticas, la conclusión es clara: se está produciendo un éxodo masivo, regular y silencioso desde Argelia hacia Francia a través de España, eclipsado por la atención mediática dedicada a otros focos migratorios del Mediterráneo. El informe de la OIM de agosto de 2026 vuelve a situar el debate en sus verdaderas dimensiones. La imagen de Marruecos como una «puerta de Europa» sometida a una presión constante oculta una realidad estructural cada vez más evidente en el Mediterráneo occidental: el deterioro de la gobernanza interna en Argelia se traduce en una salida continua de sus ciudadanos hacia Europa.

Por Tarik Qattab
El 13/08/2026 a las 13h32