El comunicado de la Dirección General de Seguridad Nacional, difundido el domingo 11 de octubre y reproducido de inmediato por todas las televisiones argelinas, se resume en unas pocas líneas. Los 61 marroquíes, «entre ellos un antiguo militar del Ejército marroquí», habrían volado hasta Túnez y después entrado en Argelia «por senderos montañosos escarpados y caminos forestales aislados en la región de El Kala», antes de dirigirse a Orán «para ejecutar sus actos de sabotaje».
Un comunicado difícil de sostener
Basta con leerlo para apreciar su fragilidad. Las detenciones se produjeron «a principios de octubre», pero la policía no es capaz de precisar la fecha. La red es calificada de «extremadamente peligrosa», aunque no se ha incautado ninguna arma. Como únicas pruebas, el comunicado menciona «pasaportes marroquíes, así como cantidades de dinero en dírhams marroquíes y euros». Lo mismo que puede llevar en el bolsillo cualquier viajero marroquí.
Queda por explicar el itinerario. Según esta versión, 61 personas habrían cruzado clandestinamente una de las fronteras más vigiladas de la región y recorrido Argelia de este a oeste, a lo largo de casi mil kilómetros, sin llamar la atención.
Y todo para acabar detenidas juntas en Orán, con sus pasaportes en el bolsillo. Así no opera una red de saboteadores. En cambio, así es como se construye un guion. Entonces, ¿qué prepara el régimen argelino? Los precedentes permiten aventurar una respuesta.
Confesiones televisadas
En primer lugar, el régimen prepara un espectáculo. El guion ya se ensayó este verano. El 13 de julio, el Ministerio de Defensa argelino anunció la detención de seis «miembros del MAK», cuatro de ellos marroquíes, acusados de querer perturbar las elecciones legislativas.
Un mes después, la televisión pública emitió sus «confesiones». Cabe esperar el mismo tratamiento para los 61 detenidos en Orán: rostros difuminados, frases aprendidas y Marruecos señalado como responsable.
Una marrocofobia de Estado
El régimen también alimenta el odio. Este caso no es un incidente aislado, sino que se inscribe en una marrocofobia cultivada metódicamente por las autoridades argelinas durante años. En agosto de 2021, el Alto Consejo de Seguridad de Argelia acusó a Marruecos de estar detrás de los mortíferos incendios de Cabilia, antes de romper las relaciones diplomáticas unos días después.
Desde entonces, el marroquí se ha convertido en el culpable habitual. En el discurso militar es «el enemigo de siempre». En una prensa sometida al poder, que lo convierte en protagonista de sus informaciones cotidianas, aparece como espía, traficante o agente del MAK o de Israel.
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Esta propaganda no apunta contra un «Majzén» abstracto, como sostiene el régimen. Apunta contra un pueblo. Día tras día, enseña a los argelinos a desconfiar de sus vecinos, de sus antiguos compañeros de trabajo y del obrero marroquí que vive en su barrio. Fabrica un enemigo para después poder señalarlo con el dedo.
La persecución de los marroquíes
Una vez identificado el enemigo, puede comenzar la persecución. Los primeros objetivos suelen ser los más vulnerables: los marroquíes establecidos en Argelia, muchos de ellos artesanos u obreros de la construcción, algunos en situación irregular, sin protección ni voz.
El visado impuesto a los marroquíes en 2024, los cuatro obreros presentados como agentes del MAK en julio y ahora 61 personas detenidas de una sola vez responden a la misma lógica.
Hacer olvidar la incompetencia
Porque hay que hablar de algo que no sea la vida cotidiana de los argelinos. El 2 de julio, apenas algo más de uno de cada cinco electores acudió a las urnas en las elecciones legislativas: la participación oficial fue del 20,79%, la más baja de la historia del país, con colegios electorales prácticamente vacíos en Cabilia. Con su silencio, los argelinos expresaron lo que piensan de quienes los gobiernan.
Y motivos no les faltan. En un país que figura entre los más ricos de África en petróleo y gas, el coste de la cesta de la compra se dispara. Entre finales de junio y mediados de agosto, una bandeja de huevos subió alrededor de un 65% y el precio del pollo, un tercio en los mercados, según Maghreb Émergent. La carne, las frutas y las verduras se han convertido en un lujo para numerosas familias.
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Este verano, decenas de municipios de la capital volvieron a sufrir cortes de agua, mientras una planta desalinizadora quedaba fuera de servicio. Sin embargo, el dato más demoledor no procede de Argel, sino de Bruselas.
Según la agencia europea Frontex, entre enero y agosto de 2026 se detectó a 7.910 argelinos en situación irregular en las fronteras de la Unión Europea. Argelia ocupa así el tercer puesto por nacionalidad entre los migrantes en situación irregular, por detrás de Bangladés y Sudán, un país devastado por la guerra.
En la ruta del Mediterráneo occidental, que conduce a Baleares y a las costas españolas, los argelinos representan por sí solos más del 40% de los cruces. También es la única ruta migratoria hacia Europa que registra un aumento este año, con un 34% más en comparación con el mismo periodo anterior. Con un desempleo juvenil estimado en cerca del 30% por el Banco Mundial, los jóvenes de un país productor de gas huyen en embarcaciones precarias. Ningún saboteador marroquí es responsable de este éxodo.
Estos son los verdaderos problemas. Ninguno es atribuible a Marruecos. Todos son responsabilidad de un régimen que administra las rentas de los recursos naturales sin construir un futuro. Para evitar que le pidan cuentas, necesita un enemigo. El marroquí cumple esa función. Mañana, probablemente, también lo culparán del encarecimiento de la vida.
Una maniobra de distracción antes de Nueva York
El calendario tampoco es casual. El Consejo de Seguridad debe aprobar a finales de octubre una nueva resolución sobre el Sáhara, un año después de la resolución 2797, que situó la autonomía como base de las negociaciones. Argel, que afronta esta perspectiva entre lamentaciones, necesita presentarse como víctima de una agresión marroquí. La aparición de 61 «saboteadores» llega en un momento oportuno.
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Marruecos tiene medios para responder
Ante estas detenciones, Marruecos tiene derecho a proteger a sus ciudadanos por todos los medios legales a su alcance. Estas 61 personas tienen derecho a contar con un abogado, a un juicio justo y a recibir protección consular de su país.
Se puede y se debe recurrir al Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria, al Consejo de Derechos Humanos y a las principales organizaciones no gubernamentales. Un régimen que detiene en masa a ciudadanos extranjeros basándose en un comunicado de apenas unas líneas tendrá que dar explicaciones algún día.
Mientras tanto, Argel ya ha dejado claro lo esencial. No es Marruecos quien amenaza a Argelia. Es el régimen argelino el que necesita a los marroquíes para justificar su propia existencia.
