Argelia: en una nueva perorata, Tebboune exhibe toda su vulgaridad

El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune.

El 28/07/2026 a las 14h59

El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, protagonizó este lunes 27 de julio un nuevo ejercicio de verborrea ante dos periodistas de medios públicos. En esta insípida entrega de más de dos horas, emitida en diferido por los medios audiovisuales estatales, Tebboune confirmó, sobre todo, que Túnez, donde Kaïs Saied se enfrenta a una fuerte contestación popular, no es más que una wilaya argelina. También restó importancia a la incapacidad de su régimen para hacer frente a los incendios forestales, reiterando sus promesas de adquirir aviones bombarderos de agua. La intervención estuvo salpicada por un registro en el que Tebboune sobresale: la vulgaridad.

Los incendios forestales que asolan Argelia desde hace varias semanas han dejado al descubierto la persistente dejadez del régimen argelino ante unos siniestros que cada año provocan importantes daños materiales y pérdidas humanas. Este problema fue claramente el principal asunto sobre el que Tebboune quiso explayarse. No para aportar soluciones, mientras los argelinos, y el mundo entero con ellos, contemplan horrorizados cómo ciudadanos abandonados a su suerte combaten las llamas con sus propias manos o con cubos de agua y medios rudimentarios, sino para apagar con mentiras el fuego de la indignación.

Desde la primera pregunta, Tebboune intentó desviar la atención de esta ausencia del Estado afirmando que, además del «Ejército, los bomberos… la juventud argelina» había demostrado un alto grado de «patriotismo» frente a los incendios, en referencia a las poblaciones que, ante la ausencia del Estado, se enfrentaron a los fuegos forestales.

Aunque el país sigue sin disponer de medios aéreos adecuados para combatir los incendios forestales, el presidente argelino trató de mejorar su imagen en este ámbito afirmando que, en 2020, al inicio de su primer mandato, Argelia solo contaba con dos pequeños aviones para luchar contra el fuego. Así, aseguró que actualmente están operativas 21 aeronaves antiincendios, cuando en realidad se trata únicamente de helicópteros del Ejército, sin que siga habiendo rastro alguno de los Canadair, esos indispensables aviones bombarderos de agua.

Tebboune afirmó haber pedido al Ministerio de Defensa, que dirige de iure, la adquisición de aviones bombarderos de agua. Sin embargo, pese a disponer de un presupuesto anual de 25.000 millones de dólares, a los que se suman otros 25.000 millones de presupuesto anual no asignado, Argelia sigue demorando la compra de este tipo de aeronaves de primera necesidad. Todo lleva a pensar que se trata de una negligencia deliberada por parte de los pirómanos vestidos de verde caqui.

Propagandista hasta la saciedad, Tebboune también se detuvo en una imagen, con la complicidad de uno de sus entrevistadores, presentada como la de un trabajador de Sonelgaz esforzándose por restablecer el suministro eléctrico en medio de las llamas. Para hacer olvidar el escandaloso apagón general que dejó sin electricidad durante varias horas a las 16 wilayas más importantes del país durante la noche del 14 al 15 de julio, así como el desastre de los incendios en curso, Tebboune no dudó en aprovechar la oportunidad que le brindaban para declarar que esa imagen, supuestamente heroica, «solo puede verse en Argelia».

Todas estas declaraciones sobre los incendios revelan el pánico que se ha apoderado del régimen argelino tras las manifestaciones populares que estallaron en los últimos días en Túnez. Desencadenadas como reacción a los reiterados cortes de electricidad, estas protestas terminaron convirtiéndose en una denuncia contra el régimen del presidente Kaïs Saied. Las movilizaciones hacen temer un posible contagio en Argelia, sobre todo porque Túnez fue, hace unos quince años, el punto de partida de las revueltas que sacudieron numerosos países árabes.

Habituado a injerencias indirectas, pero muy reales, en los países vecinos, el régimen argelino volvió a entrometerse en los asuntos internos de Túnez. Tebboune denunció lo que calificó de «intento de desestabilización mediante el terrorismo de este país vecino». Añadió que «Argelia no permitirá que nadie lleve el terrorismo a Túnez ni que amenace a Túnez con el terrorismo».

El presidente argelino se dejó entonces llevar para emplear un lenguaje barriobajero, de una vulgaridad indigna de un jefe de Estado: «¡Al que lleve el terrorismo a Túnez, le voy a derribar la casa de sus padres!».

Más allá de la vulgaridad del presidente argelino, su intervención coloca a Túnez en una posición de vasallaje, pese a tratarse de un Estado soberano, dotado de un Ejército y capaz de defenderse frente a los peligros que amenazan al país. El paternalismo de Tebboune provocó, además, una oleada de indignación contra él en las redes sociales tunecinas.

Por otra parte, Tebboune abordó otro incendio dramático, el ocurrido en el orfanato de Mohammadia, en Argel, que recientemente causó la muerte de una decena de menores allí acogidos y dejó numerosos heridos. El presidente argelino se limitó a afirmar que había ordenado una investigación que abarcaría a todo el personal del orfanato y que se impondrían sanciones.

En relación con las recientes elecciones legislativas, Tebboune reconoció que los resultados proclamados por el Tribunal Constitucional, que confirmaron una participación del 21,24%, «son ahora cifras reales». Sin pretenderlo, admitió torpemente que la participación del 46% atribuida a las elecciones presidenciales de 2024 fue enormemente inflada, después de haber sido estimada en apenas un 10%. Sin embargo, reiteró que una baja participación no guarda relación alguna con la legitimidad.

«Sea del 20% o del 70%, la participación no resta legitimidad a la institución parlamentaria surgida de las urnas» el pasado 2 de julio, afirmó. Tebboune respondía así a los numerosos observadores experimentados que consideran que la sucesión de tasas de participación cada vez más bajas en todas las elecciones organizadas desde 2020 evidencia la flagrante falta de legitimidad del régimen argelino que actualmente dirige el país.

Es bien sabido, sin embargo, que este régimen solo se mantiene gracias a una represión generalizada y a los «regalos» salariales que, pese a repetirse coincidiendo con los momentos más agudos de las crisis, siguen sin garantizar un poder adquisitivo digno a la inmensa mayoría de los argelinos. Este lunes, Tebboune volvió a prometer un aumento del salario mínimo y una revalorización de las pensiones.

En el plano internacional, Tebboune habló de todo excepto del Sáhara marroquí, aunque aludió brevemente al gasoducto Marruecos-Nigeria, sin mencionar la reciente declaración de la CEDEAO en apoyo de este proyecto atlántico. Afirmó, como si nada, que «Argelia no necesita el gas nigeriano» y que su única intención era permitir que los países europeos y Níger se beneficiasen de su proyecto de gasoducto transahariano.

Sobre el vecino Mali, Tebboune declaró que «todo es positivo», a diferencia de Francia, a la que atacó por la cuestión de los visados. Juró por todos sus dioses que «nunca solicitó cuotas de visados a Francia», después del revuelo provocado por los 250.000 visados propuestos por el embajador francés en Argel durante una entrevista con un periódico local. Esta cifra fue denunciada en Francia por Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional, y Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, antes de que el propio Emmanuel Macron guardara finalmente esa abultada cifra en un cajón.

En cuanto a las grandes cifras que no puede evitar lanzar sin ningún comedimiento, Tebboune volvió a asegurar que las exportaciones argelinas no vinculadas a los hidrocarburos alcanzarán los 30.000 millones de dólares anuales en el horizonte 2029-2030. Sin embargo, tras siete años en el poder, nunca ha conseguido que superen el umbral de los 7.000 millones de dólares anuales, compuestos en su mayoría por productos derivados de los hidrocarburos.

Tebboune también es un experto en clasificaciones falsas sobre Argelia. Así, situó al país en el segundo puesto mundial en materia de desalinización de agua de mar. Sin embargo, el segundo lugar, por detrás de Arabia Saudí, lo ocupan Estados Unidos, seguidos por Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, España y China, entre otros. A menos que Tebboune continúe aferrándose a la cifra de 1.300 millones de metros cúbicos de agua desalinizada al día, anunciada en 2023 durante el 78º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU y que le valió las burlas del mundo entero.

Por Mohammed Ould Boah
El 28/07/2026 a las 14h59