Las intervenciones del presidente argelino se suceden y se parecen. Poco esperadas por los argelinos, acostumbrados a las mentiras y otras cifras disparatadas del presidente, estos ejercicios periódicos, marcados por la complacencia forzada de los periodistas, nunca se emiten en directo ni de forma íntegra.
La única novedad de la última intervención de Tebboune, y no es menor, reside en las declaraciones que hizo sobre el expediente del Sáhara.
Así, afirmó que para «el Sáhara occidental, hay una resolución de la ONU. Está siguiendo su curso».
¿Ha moderado Tebboune su postura, cuando aún ayer proclamaba que mientras el Polisario se aferrara a la autodeterminación, nunca abandonaría la causa saharaui? Al afirmar hoy que la resolución 2797 sigue su curso, reconoce que la aplicación de la solución de la ONU basada en la soberanía marroquí en el Sáhara es inevitable.
Cabe recordar que Argelia, entonces miembro no permanente del Consejo de Seguridad, no participó en la votación de la resolución 2797 sobre el Sáhara, adoptada el 31 de octubre de 2025. En lugar de ser el único país en votar «no» o abstenerse, optó por la política de la silla vacía. Esta resolución, que aboga por una solución política basada en el plan de autonomía bajo soberanía marroquí, también fue rechazada por el ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, el 2 de noviembre de 2025, durante una intervención en el canal público AL24 News. El régimen argelino estaba tanto más irritado con la resolución 2797 cuanto que reafirma con firmeza el plan marroquí de autonomía en el Sáhara. Además, el texto designa a Argelia como parte directamente implicada en el diferendo y la invita, como tal, a participar en las negociaciones entre las partes concernidas.
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Hay que decir que, ante la determinación de Estados Unidos de cerrar definitivamente este diferendo, el régimen argelino se ve obligado al pragmatismo. Incluso si ello implica empezar a planificar, de buen grado o por la fuerza, un desmantelamiento progresivo de los campamentos de Tindouf y el desarme de las milicias del Polisario antes de que sean oficialmente inscritas en la lista de organizaciones terroristas.
Tebboune no se extendió mucho sobre el Sáhara, aunque la continuación de sus declaraciones parece haber sido bruscamente recortada, como demuestra su paso abrupto y sin transición al expediente palestino. Sin embargo, los elogios dirigidos al subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau, recibido recientemente, dicen mucho sobre la firmeza del mensaje transmitido por este último respecto al Sáhara y al fin irreversible del Polisario.
El presidente argelino afirmó sentirse muy «conmovido por la simpatía en palabras y gestos» de Christopher Landau, añadiendo que «las divisiones ideológicas» entre Argel y Washington pertenecen ya al pasado y que no perjudican en absoluto sus relaciones tradicionales con Rusia.
Sin embargo, fue denunciando la presencia de lo que calificó de «mercenarios» rusos en Malí como evocó los graves acontecimientos que han sacudido recientemente a este país vecino, con el que Argelia se encuentra en ruptura total.
Al no haber logrado derrocar al poder de transición en Bamako mediante los ataques de los terroristas del JNIM, cuyo jefe Iyad Ag Ghali es un protegido del régimen argelino, Tebboune terminó tendiendo la mano a Assimi Goïta. Justificó este gesto afirmando que el jefe de Estado maliense nunca ha atacado a Argelia, a diferencia de su entorno, al que acusa de haber llevado a Malí al caos.
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Tebboune también jugó la carta de la división árabe. Aprovechando el actual enfriamiento entre Abu Dabi y Riad, calificó de «no acontecimiento» la retirada de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP. De hecho, su enemistad hacia el presidente Mohamed Ben Zayed fue evidente durante el estallido de la guerra irano-estadounidense y las agresiones iraníes contra los países del Golfo. Tebboune apoyó, a regañadientes evidentemente, a todos los dirigentes de estos países, excepto a los de los Emiratos Árabes Unidos.
No obstante, el punto más destacado de la intervención de Tebboune sigue siendo lo que parece una adhesión forzada a la autonomía del Sáhara occidental bajo soberanía marroquí. Argel ya no se opone a la resolución 2797, lo que augura grandes cambios en los campamentos de Tindouf. Esta zona se convierte ahora en un foco de todos los peligros para un régimen que, durante cinco décadas, la ha convertido en el epicentro de su hostilidad persistente contra el Reino.
