Con motivo del 27º aniversario de su acceso al Trono, el rey Mohammed VI dirigió a la Nación un discurso caracterizado por una visión elevada y una serena confianza. En un mundo atravesado por múltiples tensiones geopolíticas, la inestabilidad económica y el repliegue proteccionista, el Soberano marroquí ofreció una lectura sustentada en dos pilares inquebrantables: una serenidad institucional que bebe de la continuidad de un Estado-nación milenario y un optimismo metódico respaldado por logros concretos.
La humildad de un Rey
Desde el comienzo del discurso real, el tono quedó fijado. No se trataba en modo alguno de una enumeración autocomplaciente de logros, sino de un ejercicio de rendición de cuentas guiado por el deber y la fe. Al rechazar categóricamente cualquier aspiración al prestigio personal, el Soberano reafirmó la filosofía íntima que ha orientado su actuación durante más de un cuarto de siglo.
«Nunca han sido un fin para mí la búsqueda de la gloria personal ni el deseo de obtener reconocimiento mediante el título de “líder continental o internacional”. Por el contrario, mi única preocupación ha sido siempre cumplir de la mejor manera posible la responsabilidad que me corresponde de servirte, velando por que todos los marroquíes puedan vivir dignamente como ciudadanos libres», precisó el Rey.
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Esta muestra de humildad confiere una dimensión singular a la serenidad real. La confianza expresada por el Soberano es el resultado maduro de un esfuerzo metódico y constante. Como afirmó claramente, «más que un motivo de satisfacción personal, este balance infunde un gratificante sentimiento de confianza y serenidad que nos fortalece y nos impulsa a seguir avanzando y a proseguir nuestra labor».
El Soberano detalló el método de actuación que garantiza la continuidad de este modelo de desarrollo: una visión estratégica clara y una doctrina de gobierno cuyos principios rectores son la iniciativa, el seguimiento riguroso, la autocrítica constructiva y la voluntad real de afrontar el futuro con determinación y una actitud positiva.
Al situar la «voluntad», la «iniciativa», el «seguimiento riguroso» y la «autocrítica» entre los fundamentos de la gobernanza, el rey Mohammed VI inscribe la trayectoria nacional en una perspectiva a largo plazo, protegida de las reacciones impulsivas ante las contingencias externas.
La estabilidad como capital estratégico
En un panorama internacional sacudido por crisis políticas y profundas transformaciones socioeconómicas, Marruecos reafirma la singularidad de su modelo. Para el Soberano, la estabilidad política de la que disfruta el Reino no constituye un mero estado de cosas, sino la piedra angular de su desarrollo. El Rey subrayó que Marruecos atraviesa una etapa decisiva de su historia moderna.
«Nuestro país se encuentra hoy en una etapa crucial de su proceso de desarrollo, en la que debe prevalecer un ideal de confianza y optimismo frente a cualquier discurso susceptible de alimentar la desesperanza y la frustración», señaló el Soberano.
Esta resiliencia marroquí se apoya en la profundidad histórica de un «país de historia milenaria», capaz de garantizar el funcionamiento de sus instituciones con «un espíritu de armonía y complementariedad». La eficacia de esta gobernanza quedó patente tanto en la gestión proactiva de catástrofes naturales, como las recientes inundaciones en el Gharb y el norte del país, como en la organización de grandes acontecimientos mundiales. Una capacidad que ha valido a Marruecos «muestras de admiración y reconocimiento en todo el mundo, aunque también haya despertado en ocasiones ciertas envidias».
El Soberano resumió esta gran ventaja al recordar que «la estabilidad política e institucional constituye un bien escaso y un activo de valor incalculable. Hoy, la estabilidad es la variable clave de la ecuación del desarrollo de Marruecos. Es también el capital estratégico del que se enorgullece el país».
Una dinámica pionera
El optimismo del Rey se sustenta en cifras concretas. Lejos de limitarse a una declaración de intenciones, el discurso trazó el balance de un país que acelera su industrialización y consolida su soberanía. Con una tasa de crecimiento del 4,9% en 2025 y unas perspectivas igualmente ambiciosas para 2026, Marruecos confirma la viabilidad de sus decisiones económicas.
Los sectores del automóvil y la aeronáutica constituyen los exponentes más espectaculares de esta transformación. Ambos representan ya más del 40% del total de las exportaciones del país y superan así al histórico sector de los fosfatos. Esta capacidad de anticipación estratégica se extiende ahora a las industrias tecnológicas de vanguardia, especialmente mediante el desarrollo de un sector integrado de baterías eléctricas y la puesta en marcha de la Oferta Marruecos para el hidrógeno verde, con la concesión de las primeras autorizaciones a un grupo de megaproyectos.
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Ante «el retorno del proteccionismo y la necesidad de garantizar la seguridad de las cadenas de suministro y producción», la respuesta marroquí es clara: reforzar la autosuficiencia estratégica. El Soberano recordó con satisfacción que las industrias agroalimentaria y farmacéutica cubren actualmente cerca del 80% de las necesidades nacionales. A ello se suma la creación de una base industrial y tecnológica en los ámbitos de la defensa y la ciberseguridad, que consolida la posición del Reino como potencia regional.
Esta dinámica industrial va acompañada de unos resultados históricos en el sector turístico, que recibió cerca de 20 millones de visitantes en 2025. Sin embargo, para el rey Mohammed VI, esta fortaleza económica solo cobra sentido si beneficia al conjunto de los ciudadanos.
«Paralelamente al impulso del sector económico, seguimos desplegando múltiples iniciativas y programas de desarrollo humano, especialmente mediante la generalización de la protección social. Nuestro objetivo último es mejorar las condiciones de vida de los marroquíes y establecer la justicia social y territorial», recordó el rey Mohammed VI.
Para respaldar esta ambición, el Soberano instó al sector financiero a desempeñar plenamente su papel de catalizador.
Diseñar conjuntamente las alianzas del futuro
En el plano diplomático, el discurso real refleja una confianza renovada y una soberanía ejercida sin complejos. Marruecos ya no se limita a seguir las agendas mundiales, sino que participa en el diseño de las alianzas del futuro.
«Gracias a esta posición, se encuentra ahora en condiciones de dirigirse al conjunto de sus socios con plena confianza y transparencia, y de formular propuestas de colaboración constructivas e iniciativas prometedoras de cooperación en relación con las distintas cuestiones bilaterales y los grandes desafíos internacionales», explicó el rey Mohammed VI.
El Soberano situó estas perspectivas por encima del próximo calendario electoral y político, al recordar que los avances de Marruecos son fruto de una labor colectiva y continua que trasciende los mandatos gubernamentales y parlamentarios, favorecida por las orientaciones estratégicas y las decisiones acertadas del país.
«Deseamos que, tras las próximas elecciones legislativas y la consiguiente formación de un nuevo Gobierno, se abra un nuevo ciclo en nuestra trayectoria de desarrollo, cuyos principios rectores sean la preservación de los logros alcanzados y la continuidad de los grandes proyectos y reformas», resumió el Soberano.
Este mensaje establece la hoja de ruta para las instituciones y los futuros gobernantes: mantener la continuidad reformista y perpetuar esta alianza ejemplar entre visión estratégica, serenidad institucional y un optimismo decidido.
