Hay momentos en la política exterior estadounidense en los que las señales de alarma parpadean con tal intensidad que no actuar se convierte, en sí mismo, en una forma de negligencia. «Estamos en uno de esos momentos»: así lo advierte la revista conservadora estadounidense American Thinker, que respalda el proyecto de ley S. 4063, presentado por el senador Ted Cruz junto a sus copatrocinadores Tom Cotton, Rick Scott y David McCormick. Un texto que incrimina al Polisario y busca clasificarlo como organización terrorista, en un contexto marcado por su supuesto papel como brazo indirecto del régimen iraní.
Para el autor del análisis, Julio Rivera, Ted Cruz y sus copatrocinadores no están haciendo teatro político, sino respondiendo a una amenaza creciente para la seguridad nacional, demasiado tiempo subestimada o ignorada en Washington. «La creciente cooperación entre el Frente Polisario y redes terroristas respaldadas por Irán, que operan en el norte de África y mucho más allá», constituye un peligro que el Senado ya no puede permitirse ignorar, señala el texto.
La urgencia de esta legislación se enmarca en un contexto geopolítico cambiante. «Irán ya no se limita a Oriente Medio», recuerda el artículo. Desde hace años, el régimen iraní teje una amplia red de grupos proxy, circuitos financieros y alianzas ideológicas que se extienden desde África hasta América Latina. «Los analistas de inteligencia y los expertos regionales han advertido repetidamente de que la influencia iraní se expande en África mediante redes militantes y organizaciones alineadas, dispuestas a desestabilizar gobiernos, amenazar aliados y crear nuevos terrenos de operación para actividades extremistas». Esta estrategia de expansión asimétrica, ya observable con Hezbolá o los hutíes, encuentra ahora un eco preocupante en el Sáhara Occidental.
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El proyecto de ley S. 4063, titulado oficialmente «Polisario Front Terrorist Designation Act of 2026», propone una respuesta firme pero medida. «[La ley] impondría sanciones al Frente Polisario si se establece que coopera con organizaciones terroristas afiliadas a Irán», subraya la revista. Frente a quienes puedan considerar esta iniciativa excesiva, la historia reciente debería servir de recordatorio. «Los estadounidenses lo aprendieron de la manera más amarga el 11 de septiembre. Europa lo sufrió con oleadas de atentados vinculados a redes radicales que se extendieron a través de las fronteras. Israel lo vive a diario», advierte American Thinker. La amenaza no conoce fronteras estables.
Las implicaciones de una inacción serían dramáticas. «Imaginen un futuro en el que grupos armados respaldados por Irán ganen una mayor libertad de acción en el norte y el oeste de África», alerta el artículo. Las consecuencias serían múltiples: intensificación del tráfico de armas, fortalecimiento de las redes de financiación del terrorismo, mayor vulnerabilidad de los aliados de Estados Unidos y exposición de rutas marítimas estratégicas. «Los socios europeos se enfrentarían a nuevas olas de caos migratorio alimentadas por los conflictos regionales, mientras grupos extremistas encontrarían de repente nuevos territorios para reclutar y organizar sus actividades», añade el texto. Nada de ello es una hipótesis. Se trata «exactamente del tipo de estrategia de expansión asimétrica que Irán lleva décadas desarrollando».
El compromiso de los autores de esta ley no corresponde al de simples militantes. «El senador Cruz dedica una parte importante de su mandato en el Senado a la seguridad nacional, la política exterior, la aplicación de sanciones y la lucha contra el terrorismo», destaca el análisis. Sus copatrocinadores, todos ellos con experiencia en defensa e inteligencia, actúan por convicción. «Estados Unidos no puede seguir ignorando las amenazas mientras regímenes hostiles amplían metódicamente su influencia», escribe Julio Rivera. Su legitimidad se basa en una experiencia reconocida, lejos de los cálculos partidistas.
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Sin embargo, Washington ha privilegiado demasiado a menudo una estrategia reactiva en lugar de preventiva. «La acción solo llega después de la catástrofe. Las advertencias se ignoran hasta que los titulares de prensa ya no dejan otra opción. En ese momento, el coste —financiero, militar y humano— se vuelve exponencialmente más elevado». La ley S. 4063 pretende precisamente romper ese ciclo. También envía un mensaje claro a la comunidad internacional. «Los aliados de Estados Unidos deben saber que América identifica las amenazas emergentes antes de que se vuelvan inmanejables». Marruecos, socio estratégico estable en una región volátil, tiene legitimidad para beneficiarse de ello, ya que «la inestabilidad vinculada al Frente Polisario tiene repercusiones mucho más allá de sus fronteras, amenazando la seguridad regional y la cooperación antiterrorista».
La inacción tendría un coste estratégico. Irán y sus aliados ponen constantemente a prueba las debilidades. Estudian las vacilaciones. Explotan las indecisiones. Cada respuesta tardía se convierte en una invitación a ir más lejos. La disuasión, recuerda el artículo, «solo funciona cuando los adversarios creen que Estados Unidos está atento». El Senado se enfrenta hoy a una elección simple. «Relegar el proyecto de ley S. 4063 al conjunto de textos que quedan estancados en comisión mientras las realidades geopolíticas se deterioran en tiempo real. O […] reconocer que las amenazas serias exigen respuestas serias antes de convertirse en urgencias de portada».
La segunda opción es la única responsable. «Los estadounidenses están agotados por guerras interminables. Pero prevenir conflictos futuros suele pasar por afrontar los peligros desde el principio, mientras la relación de fuerzas sigue siendo favorable». El proyecto de ley S. 4063 encarna esa lógica: «vigilancia, disuasión y claridad estratégica». Y sus autores merecen ser reconocidos por «haber descrito el panorama de amenazas tal como es, y no como algunos responsables políticos querrían que fuera». El Senado debe actuar sin demora para sacar adelante este texto.
