¿Y dónde se encaja el premonitor protagonismo del Sáhara marroquí en la génesis del Estado saadí, ed-Dawla Tagmadartí, como se enorgullece en nombrarlo los sureños, en referencia a Tagmadart de Ūad Dra’, fuente y centro del poder saadí?
Pues, una relectura atenta de las crónicas de la época, tanto marroquíes (la Descripción de Ibn al-Wazzan -León el Africano-, el-Manāhil de al-Fishtali, en-Nuzha de al-Ūfrani, …), como portuguesas (la Descripción de Fernandes, la Crónica de Zurara, el Esmeraldo de Pereira, …) y españolas (la Descripción de Carvajal, la Relación de Torres, la Historia de Viera, …), evidencia el papel constituyente de la costa atlántica sahariana en la conquista del poder por los Saadíes.
De hecho, desde la irrupción, en el siglo XI, de los Almorávides, Imazighen Sanhaya del Sáhara atlántico, quienes otorgaron a Marruecos el statūtum imperium y la harmonía doctrinal malikí, el Marruecos sahariano, Sūs al-Aqsa, con sus tres compartimentos, el arco anti-Atlas, los grandes Ūadís y las llanuras desérticas, guía el curso de la historia marroquí.
En el siglo XV, un centenario crucial en la historia de Marruecos, el férreo duelo entre las potencias ibéricas - a punto de repartirse el Nuevo Mundo - por la ocupación de las costas marroquíes, agudizó el fin del reinado de la dinastía Meriní/Wattasí confinada en «el Reino de Fez» mientras que regiones enteras del país se levantan contra la dejadez del poder central. En el norte, florecieron los corsarios, Banu Rashid en Chefchaouen y al-Mandari en Tetuán, mientras que en el centro, Marrakech, la otra capital del Imperio, estaba dominada por los Hantatas.
Saqiya al-Hamra, palanca de la defensa de la integridad territorial de Marruecos
Cobijado por el majestuoso Atlas, el sur de Marruecos, de Sūs a Saqiya al-Hamra, estaba inmerso, por su parte, en un anhelo patriótico para la reunificación del país y la defensa de su integridad territorial, promovido por las Zagüías Sufíes y inspirado por las ideas reformistas de al-Yazūli (Dala’il al-Jayrat), Zarrūq al-Fassi (Antología de poemas compuestos) y al-Ūzfi es-Sabti (Las Interpretaciones), que deberá llevar al poder al Jerife de Tagmadart, Mohamed al-Qaim.
Trumelet señala en « Los Santos del Islam », publicado en 1881, que « Andaluzíes expulsados de España tras la caída de Granada se refugiaron en la Seguiet al-Hamra, pertenecientes a la Zagüía Qadiriyya; místicos y eruditos, animados por una fe ferviente, resplandecieron allí la antorcha del Islam ». Por su parte, Féraud, en su opúsculo « Los Jerifanos de Marruecos », redactado en 1877, destaca el alcance de la creencia popular según la cual «Mūlay Dris, reconocido como Sultán, se transportó a la Sāqiya al-Hamra, en el extremo sur de Marruecos, y desde entonces, el Islam comenzó a relucir sobre Marruecos».
Dakhlia constata, asimismo, que «prácticamente no hay ningún santo en el Magreb que no proclama que sus raíces vienen de la Saqiya al-Hamra».
La tradición sahariana remonta a la segunda mitad del siglo XV la instalación de los Marabūes-Fundadores de tribus saharianas en la Saqiya al-Hamra procedentes del norte de Marruecos, bajo los auspicios de los Sultanes meriníes, tratándose de Sidi Mohamed el-Kūnti, Sidi Ahmed Laârūssi, Ūlad Bū-Sbaâ, Sidi Ahmed Bū-Ghenbūr (Ūlad Tidrarin), Sidi Ū-Hassūn (Yaggūt) y Sidi Ahmed R’gueibi, …, con el propósito de enmarcar la arquitectura tribal, imazighen y árabes, cuya fusión dio lugar a la sociedad hassaní.
Tagāwuṣt (Ksabi), capital del Sáhara saadí
Una de las raras fuentes directas de este periodo convulso, escaso en documentación histórica, es la obra enciclopédica del Viajero-Universalista Hassan Ibn al-Wazzane, León el Africano, quien realizó dos viajes en las provincias saharianas, en 1513 y 1515, en calidad de Emisario de los Meriníes ante los Saadíes. Su descripción ofrece preciosos detalles sobre la geografía humana y la vida económica en el Sáhara en aquel tiempo del medieval, caracterizado por la lenta agonía meriní/wattasí y el laborioso ascenso de los Saadíes.
Ibn al-Wazzane pone de relieve la dimensión metropolitana de Tagāwuṣt (Ksabi, cerca del Guelmim), capital de la región del Sáhara, « gran ciudad, la más importante del Sūs », que cuenta « 8.000 hogares », lo que corresponde a 40.000 habitantes, mientras que las dos -futuras- capitales sa’díes, Tidsi y Tarūdant, albergan a « 4.000 hogares », o 20.000 habitantes, y « 3.000 hogares », o 15.000 habitantes, respectivamente.
Mármol Carvajal hace hincapié en la omnipresencia de la comunidad judía y su extensa red sahariana de artesanos-negociantes, «200 casas judías en Teijeut, más de 300 en Tagāos y 1.000 en Taroudant», ciudades ligadas por Ifrán del Anti-Atlas, hogar de la población hebrea más antigua de Marruecos.
Pereira subraya que Tagāwuṣt, « el gran mercado del oro», suplanta, como puerto caravanero de la región atlántica meridional, a Nūl Lamta, la capital almorávide del Sáhara y, por ende, su taller de referencia en la fabricación de armas y acuñación de la moneda de oro; dos atributos de soberanía.
Almeida Mendes subraya en «Los portugueses y el primer Atlántico (siglos XV y XVI)» que «la acuñación de monedas de oro musulmanas se utilizaba en el 90% de las transacciones comerciales entre la península ibérica y el Magreb». « El Moravide », la primera moneda de oro de Castilla (España), estampada por el Rey Alfonso VIII (1158-1214), se mantuvo en circulación durante ocho siglos.
R’hamna, la tribu sahariana precursora del Majzén saadí

Mohamed al-Qaim, investido de la Bay’a -la Pleitesía soberana-, en Tidsi en 1511, se vio obligado a retornar a su retiro sahariano de Tagmadart, en el Ūad Dra’, debido a la deserción de «numerosas tribus de regiones lejanas», señala Rosenberger en «Portugal y el sur de Marruecos: Contactos y conflictos (siglos XV-XVIII)», decepcionadas ante el fracaso del primer asalto para liberar al Castillo de Cabo de Gué (Agadir), a partir del cual los portugueses habían estado hostigando a las tribus del Sūs y del Sáhara, en su pretensión de penetrar el hinterland sahariano del Imperio marroquí para apoderarse de las rutas del comercio caravanero.
Por ello, resaltan las crónicas portuguesas, el Sultán Mohamed al-Qaim envió una Harka en 1517, para «abastecerse del oro», ante los R’hamna, una de las cinco ramas de Ūdey Dhwi Hassan, que nomadea en las áreas pastoriles del Sáhara occidental septentrional y controlaba las rutas caravaneras de «Massa hasta Tombuctú».
La política sahariana y saheliana de los Saadíes se consolidó con la Gran Mahalla del Sultán Mohamed Cheij, realizada en 1544, en «los confines de la Acequía al Hamra», donde el Soberano saadí, al frente de 18.000 jinetes, reclutó 10.000 jinetes de «la poderosa tribu» de R’hamna, antes de reubicar a sus miembros en el norte de Marrakech, en la región que desde entonces lleva su nombre, R’hamna, atestigua, de primera mano, Marmol Carvajal, cautivo de los Saadíes, en su «Descripción de África».
Según Dziubinski, en el «Ejército marroquí de la dinastía saadí», el Sultán multilingüe Abd el-Malik, cuya madre es de R’hamna, iniciador de la reorganización profesional del ejército, esbozó, con este núcleo r’hamni, la integración de las tribus saharianas en el Majzén.
Nabil Mouline, autor de la monumental obra «El imaginario Califato de Ahmad al-Mansûr. Poder y diplomacia de Marruecos en el siglo XVI», considera que el Majzén, cuyas representaciones primarias remontan, al menos, a los almorávides, tomó la forma perenne de «aparato político-administrativo estructurado» a partir de los saadíes, en especial durante el mandato del Sultán al-Mansūr ed-Dahbi.
Un siglo después, el Sultán Mūlay Ismail, cuya madre, Mbarka bint Yark, es originaria del Sáhara y cuya esposa sahariana, la Princesa Jnatha Bint Bakkar, es la progenitora de la línea dinástica alauita, aupara al contingente sahariano del ejército jerifiano, comúnmente llamado Guich Ūdaya, con el estatuto de la vanguardia militar.
El compromiso de los Sultanes saadíes con el ejercicio directo de su soberanía sobre el Sáhara se manifiesta en el uso de las tres rutas, que conforman el corredor occidental transahariano, para llevar a cabo Mahallas y Harkas. Mūlay Ahmed Laarej cogió las pistas de la costa atlántica, entre Tagāwuṣt y Awlil (Mauritania). Mūlay Mohamed Cheij tomó el eje central de Triq lamtūni, que conecta Tagāwuṣt con las salinas de Ijil (Mauritania) y Teghazza (Malí), a través de Ūad Dra’, al-Farsiya (al noreste de Smara) y Zemmūr. Mūlay al-Mansūr ed-Dahbi escogió el ala oriental de Triq lamtūni, partiendo del Alto Dra’, Qsar Assa, Guelta ez-Zak, al-Farsiya, las Hamadas para alcanzar Tombuctú (Malí).
Rivalidad luso-española por la ocupación de la costa sahariana marroquí (siglos XV-XVI)
En medio de la contienda ibérica por implantar presidios en las costas mediterránea y atlántica del Imperio marroquí, Portugal se adelantó al ocupar en 1415 a «Ceuta …, el puerto más rico del Marruecos meriní, una verdadera encrucijada de las rutas caravaneras que transportaban oro y esclavos desde el África subsahariana, así como de las rutas marítimas de especias y seda desde Oriente, y un puerto de exportación de trigo, sal y cobre hacia Portugal y Europa». (Guy Martinière, el encuentro de Portugal con los «Tres Mundos»)
Los portugueses cruzaron, en 1434, el Cabo Bojador y, en 1436, el Río de Ouro -un topónimo que expresa las expectativas portuguesas respecto a los primeros intercambios comerciales del oro con las tribus autóctonas «Os Azenegues»-, y, en 1445, fundaron su primer asentamiento africano en Arguin (Mauritania).
«En medio de la contienda ibérica por implantar presidios en las costas mediterránea y atlántica del Imperio marroquí, Portugal se adelantó al ocupar en 1415 a «Ceuta …, el puerto más rico del Marruecos meriní, una verdadera encrucijada de las rutas caravaneras que transportaban oro y esclavos desde el África subsahariana, así como de las rutas marítimas de especias y seda desde Oriente, y un puerto de exportación de trigo, sal y cobre hacia Portugal y Europa».»
Portugal aprovechó sus fortalezas de Safi (1481) y de Azemmūr (1486) para establecerse en el sur marroquí, en Massa (1497) y en el Cabo de Gué, Agadir, (1505), desde donde intentó extender su expansión territorial al interior del Sáhara y dominar, así, las rutas transaharianas del comercio de oro y sal.
En respuesta, España (Castilla), tras anunciar en 1449 la ocupación de « una tierra recién descubierta más allá del mar, al otro lado de las Islas Canarias, … que se extiende desde el cabo Aguer hasta tierra firme y el cabo Bojador, con dos ríos dentro de sus límites, uno de los cuales se llama Mar Pequeña… », construyó la torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña en 1476, el primer asentamiento español en suelo africano, y amparó al Gobernador de las Islas Canarias, en 1491, con el título de «Capitán General del Cabo Gué al Cabo Bojador».
Los Reyes Católicos entablaron la «reconquista» de territorios del Imperio Marroquí desde las Islas Canarias, apoyándose en tres fortalezas costeras en el Sáhara marroquí: la primera, Santa Cruz de la Mar Pequeña (reconstruida en 1499 tras su derribo por los Jerifes -Saadíes- en 1490), la segunda, San Miguel de Assaka, en 1500, en la desembocadura de Ūad Nūn, mientras que el tercer proyecto de Ūad Massa fue abandonado.
Al contrario de lo consentido en varios acuerdos (los Tratados de Alcáçovas de 1479, Tordesillas de 1494 y Sintra de 1509) y Bulas pontificales de 1454 y 1493, el duelo ibérico siguió estando guiado principalmente por los postulados del primer ocupante y del hecho consumado.
La liberación de la Mar Pequeña (Tarfaya) en 1490, el acto fundador de los Saadíes
La investidura de los Saadíes es el fruto de su liderazgo del movimiento de resistencia sahariano contra la ocupación de las potencias ibéricas de la costa atlántica meridional del Imperio marroquí, cuyas luchas intestinas de expansión territorial se intensificaron en paralelo a los inventos marítimos y al declive de la dinastía meriní/wattasí.
Las tribus saharianas que «recibieron dinero y suministro de los Reyes de Fez, (…) intentaron casi todos los años demoler la fortaleza de Mar Pequeña y expulsar a sus (ocupantes) ». El primer enfrentamiento armado serio entre autóctonos y ocupantes tuvo lugar en 1479, señala Viera y Clavijo, fundador de la historiografía canaria, en su «Historia de las Islas Canarias».
En 1490, el Capitán de la Torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, Jofre Tenorio, envió un despacho de alerta a sus superiores advirtiendo que «un Jerife (Saadí) que residía en un castillo situado en una colina, a poca distancia de esta fortaleza, un lugar llamado Tagumadert, perteneciente a la provincia de Dra’, estaba sitiando la fortaleza. Traía consigo más de 3.000 lanceros y más de 10.000 moros a pie, sin contar los más de 2.500 lanceros enviados como vanguardia bajo el mando (de su capitán árabe llamado Adial)». (Alcalá Valiano. Santa Cruz de Mar Pequeña. Publicado en 1879)
La recuperación de la torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, en 1490, constituyó, por lo tanto, el primer acto de legitimación de la conquista del poder por los Saadíes.
España reconstruyó el fuerte de la Mar Pequeña en 1496 y anunció la creación de una zona de influencia, con Tagāwuṣt como capital, que debería extenderse desde el Ūad Massa hasta los confines del Sáhara, en 1499.
Sin embargo, El Sultán Mohamed Cheij liberó definitivamente la fortaleza de la Mar Pequeña en 1524, tras asediarla con un gran ejército, y «los españoles nunca regresaron para reconstruirla».
Mar Pequeña, el pretexto para la colonización del Sáhara marroquí en los siglos XIX-XX
Cuatro siglos después de su liberación, «la Mar Pequeña» vuelve a ser el pretexto invocado por España en su expansionismo territorial en Marruecos, usando un párrafo, insertado en el Tratado de Tetuán de 1860, que apresuraba al Imperio Jerifiano a conceder «en la costa del Océano, junto á Santa Cruz la Pequeña, el territorio suficiente para la formación de un establecimiento de pesquería, como el que España tuvo allí antiguamente.»
Este nuevo capítulo en la historia de la Mar Pequeña puso a prueba la reputación de invencibilidad del Imperio Jerifiano -único Estado existente en la región en vísperas de la acción colonial europea-, y que se había visto debilitada por los Tratados de Tetuán de 1860, tras la batalla de Wad-Ras, y de Lalla Maghnia de 1845, tras la batalla de Isly.
«Cuatro siglos después de su liberación, «la Mar Pequeña» vuelve a ser el pretexto invocado por España en su expansionismo territorial en Marruecos, usando un párrafo, insertado en el Tratado de Tetuán de 1860, que apresuraba al Imperio Jerifiano a conceder «en la costa del Océano, junto á Santa Cruz la Pequeña, el territorio suficiente para la formación de un establecimiento de pesquería, como el que España tuvo allí antiguamente.»»
El Sultán Mūlay Hassan I, quien defendió incansablemente la preservación de la soberanía nacional y la integridad territorial del Imperio Jerifiano, como se refleja en las diecinueve Mahallas emprendidas durante sus veintiún años de reinado, particularmente las acaecidas en las Provincias del Sur en 1880 y 1882, durante las cuales el Soberano alauita procedió al nombramiento de Cadíes, Gobernadores y Caídes, encabezados por un «Gran Caíd designado entre los miembros de la corte del Sultán».
Los jeques de las tribus saharianas, conducidos, como lo contempla la doctrina malikí, por el Ūlema Mohamed Ben Sidi Yūsef Ben Abdelhay el-Barbūchi, Cadí de los R’gueibat, organizaron una célebre ceremonia durante el mes sagrado del Ramadán de 1882, para renovar la Bay’a -la Pleitesía soberana- al Sultán Alauita.
La resistencia marroquí liderada por los Soberanos Alauitas, cuya grandeza se manifiesta en la sutil arte de sembrar la rivalidad y la indecisión entre potencias coloniales, lo que garantizó a Marruecos la preservación de su soberanía nacional -el Imperio Jerifiano sólo había estado sometido a un régimen de protectorado- y la inclusión en todos los tratados internacionales de cláusulas de reconocimiento explícito de la marroquinidad del Sáhara por parte de las potencias coloniales.
Su Majestad el Rey Mohammed VI Rehabilita la vocación africana y atlántica del Sáhara

Cincuenta años después del cumplimiento de la integridad territorial del Reino, tras la Marcha Verde, la región del Sáhara retoma su posición vital en el mapa geopolítico marroquí del siglo XXI, gracias a la clarividencia de la visión, la audacia de la iniciativa y la ambición del proyecto de Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le preserve.
El nuevo modelo de desarrollo para las Provincias del Sur, con una inversión de más de 80 mil millones de dirhams (+8 mil millones de dólares), lanzado en 2015 por Su Majestad el Rey Mohammed VI, Que Dios Le glorifique, refleja este Empeño Real de devolver al Sáhara marroquí su papel natural de antaño, como el eje central de la geoeconomía de Marruecos, revitalizando su vocación saheliana, africana y atlántica.
Una proyección continental, enmarcada por los mecanismos panafricanos impulsados por Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le asista, a sabiendas, el grupo de los países africanos ribereños del Atlántico, la iniciativa de acceso al Atlántico para los países del Sahel y el megaproyecto del gasoducto Marruecos-Nigeria.
Una serie de acciones que se implementa en paralelo al giro decisivo que conoce el dossier del diferendo regional creado artificialmente en torno a la integridad territorial del Reino, marcado por la decisión del Presidente de EE.UU, Donald Trump, en diciembre de 2020, de reconocer la marroquinidad del Sáhara y de apoyar la iniciativa marroquí de autonomía como la única vía para poner fin este diferendo regional, seguida por posiciones del mismo índole, de España en 2022, de Francia en 2023 y de una mayoría contendiente, in crescendo, que abarca las países influyentes y la comunidad internacional.
Este apoyo internacional se refleja, también, en la creciente densidad de la red consular en las ciudades de Dajla y El Aaiún y en el empuje de la inversión extranjera directa y del comercio interafricano a través de las provincias del sur, principalmente en los sectores relacionados con la integración africana, las energías renovables y el desarrollo sostenible.
Marruecos, país doblemente costero y, aún más, con responsabilidad directa en la gestión y seguridad del Estrecho de Gibraltar, piensa el puerto Dajla Atlantic como plataforma de interconexión con el Sahel, África Occidental y el conjunto transatlántico, y le prepara para formar, junto con Tánger-Med (entre los 20 mejores del mundo) y Nador, el trío portuario destinado a emprender el papel geo-económico imprescindible de Marruecos en la gestión de los estrechos y las rutas marítimas internacionales, de cara al nuevo orden internacional, en construcción.
En definitiva, la marroquinidad del Sahara se confunde con la historia milenaria de Marruecos, en cuyo seno el conjunto sahariano ha sabido, y sigue sabiendo, ser un actor clave en los momentos decisivos de la marcha del Estado-Nación.
Se trata de un orgullo de pertenencia que el paso del tiempo no hace sino arraigar aún más, tal como Lo Expresa Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le glorifique, en Su Discurso de apertura del año legislativo, el 09 de octubre de 2026: « Marruecos es una de las naciones más antiguas del mundo, que se alza bajo el estandarte de una atávica monarquía: una de las más antiguas de la historia. Los marroquíes tienen todo el derecho a enorgullecerse de nuestra genuina identidad religiosa, bajo el amparo del Emirato de los Creyentes, así como de su distintiva identidad cultural, enriquecida por sus diversos componentes.»
