El año 2026 marca un punto de inflexión histórico, doctrinal y operativo sin precedentes en el expediente del Sáhara. Impulsado por una dinámica diplomática decisiva e inflexible promovida por Estados Unidos, el proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU redefine por completo los parámetros para resolver políticamente el conflicto. En el centro de esta reconfiguración, el Polisario y su patrocinador argelino quedan atrapados en un cerco implacable, ante el derrumbe total de su obsoleta retórica. Más que un simple revés diplomático, el texto anuncia el final de la milicia separatista y, al mismo tiempo, abre un espacio institucional y político a alternativas creíbles y pragmáticas, entre las que destaca el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP).
El Polisario, ante una implosión inevitable
La resolución destaca por su firmeza inédita y por su carácter altamente coercitivo, concebido para frenar cualquier estrategia de obstrucción. Es lo único que sabe hacer el Polisario. Ante las dilaciones y el sabotaje sistemático del movimiento separatista y Argelia, el Consejo de Seguridad ha decidido alzar la voz. Sin mencionarlo directamente, señala abiertamente al Polisario y lamenta con firmeza su «falta de compromiso sustancial y constructivo» en las rondas de negociaciones celebradas este año bajo los auspicios de la ONU y Washington. El proyecto de resolución introduce un mecanismo explícito de presión geopolítica y advierte a las partes reacias a cooperar de que su negativa a implicarse de forma constructiva podría exponerlas a importantes sanciones internacionales.
El texto atribuye directamente la responsabilidad al movimiento separatista y condena sin reservas el ataque perpetrado el 5 de mayo de 2026 contra la ciudad de Es-Semara, cuyos actos quedan así caracterizados como acciones criminales de una milicia. En respuesta a décadas de opacidad humanitaria y política en los campamentos de Tinduf, el Consejo exige formalmente y sin demora el registro completo de la población refugiada. La gestión de los campamentos quedaría sometida al estricto control y a la supervisión de las normas internacionales del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), sin interferencias de ninguna entidad política o militar.
Ante esta acusación contundente, que desbarata sus expectativas, la dirección del Polisario ha reaccionado con pánico, desconcierto y una negación absoluta de la realidad geopolítica. En una carta de inusual nerviosismo dirigida a la presidenta de turno del Consejo de Seguridad, la diplomática griega Aglaia Balta, los dirigentes separatistas calificaron el proyecto de «desviación grave y sin precedentes», mientras se aferraban de forma anacrónica a las disposiciones obsoletas de la resolución 690 de 1991.
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Su incapacidad crónica para asumir el nuevo equilibrio de fuerzas internacional se traduce en amenazas desproporcionadas y suicidas. Al amenazar con romper por completo el proceso de paz y volver a recurrir a las armas, el Polisario confirma su incapacidad para hacer política al margen de la subversión. Las cancillerías occidentales perciben esta ruptura como una pataleta estéril que respalda plenamente las acusaciones del Consejo de Seguridad sobre su falta de buena fe. De este modo, el movimiento firma con su propia mano su acta de defunción como socio o parte implicada en el conflicto.
Al mismo tiempo que aumenta la presión de la ONU, el cerco judicial y legislativo se estrecha en Estados Unidos en torno al Polisario. Las iniciativas para incluir formalmente al Frente Polisario en la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO), promovidas con determinación en la Cámara de Representantes por el republicano Joe Wilson y respaldadas en el Senado mediante el proyecto de ley S. 4063, impulsado por el senador Ted Cruz, ganan cada vez más fuerza. Estas iniciativas reflejan hasta qué punto la milicia ya no se percibe como un movimiento de liberación, sino como un agente desestabilizador en las puertas del Sahel, lo que la expone a una posible criminalización internacional y a la congelación irreversible de sus activos.
Una alternativa creíble y moderna
Mientras el Polisario se hunde irremediablemente en un radicalismo estéril, el aislamiento diplomático y las amenazas terroristas, una fuerza alternativa representa ya una voz auténtica de la población saharaui: el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP).
Nacido con la voluntad de romper el monopolio totalitario que se ha atribuido la cúpula de Tinduf, el MSP, cuyo primer secretario es Hach Ahmed Baricalla, articula su proyecto en torno a las aspiraciones de una población cansada de décadas de desarraigo y privaciones, que no se reconoce ni en la línea suicida del Polisario ni en el autoritarismo de sus tutores.
El movimiento rechaza categóricamente la violencia y la instrumentalización del sufrimiento humano. Defiende una solución negociada, inclusiva y pragmática que garantice a los saharauis una autonomía real, un desarrollo socioeconómico sostenible y un pleno desarrollo institucional.
La pertinencia de la propuesta del MSP y su credibilidad como interlocutor ineludible reciben cada vez más respaldo entre los responsables internacionales. La reunión de alto nivel celebrada el pasado 30 de junio en la sede de la misión estadounidense ante la ONU entre el embajador de Estados Unidos, Mike Waltz, y una delegación del MSP constituye una señal geopolítica contundente. Washington reconoce así oficialmente que el Polisario no tiene el monopolio de la representación y admite la existencia de otras corrientes saharauis constructivas.
El movimiento también encuentra una escucha atenta y muestras de respeto en la Unión Europea. Personalidades influyentes, como el ex presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, han elogiado la moderación, la madurez y el valor político del MSP, al que consideran una fuerza propositiva indispensable para cerrar una etapa del conflicto.
En este contexto, el proyecto de resolución de 2026, al instar explícitamente al enviado personal Staffan de Mistura a ampliar sus consultas a otras corrientes saharauis, reconoce formalmente la presencia del MSP en el tablero diplomático internacional y relega al Polisario a la categoría de entidad rebelde, problemática y potencialmente peligrosa.
Más allá del caso concreto del Polisario y de la apertura a alternativas moderadas como el MSP, el primer borrador de la resolución de 2026 rediseña profundamente el marco general del expediente mediante importantes cambios estructurales. El texto establece un cambio doctrinal de calado al convertir la propuesta marroquí de autonomía ampliada, que hasta ahora era considerada una «opción creíble», en la única base de negociación para alcanzar una solución justa y duradera. En consonancia con esta orientación, la MINURSO pasa a denominarse oficialmente MINUSO, Misión de las Naciones Unidas para una Solución Política en el Sáhara Occidental. El cambio elimina toda referencia al referéndum de su acrónimo y sus funciones, y fija el fin de su mandato de mantenimiento de la paz para el 30 de abril de 2027, antes de transformarla en una misión política especial a partir del día siguiente.
Para acompañar esta transición, el Consejo de Seguridad ordena una profunda reorganización sobre el terreno, que incluye la retirada progresiva inmediata y la reducción de al menos el 50% del personal uniformado antes de enero de 2027, además de la consolidación de las instalaciones operativas. El texto exige también un compromiso inequívoco e incondicional de todas las partes, incluida Argelia y su aliado, para poner fin a las hostilidades y cooperar plenamente con los facilitadores internacionales, bajo amenaza de afrontar duras medidas de represalia.
