«¿Qué sentido tiene que un país de la Unión Europea tenga dos colonias o dos ciudades dentro de Marruecos?», cuestiona el expresidente de la Generalitat y líder de Junts, Carles Puigdemont, en una entrevista concedida al diario británico The Times desde su residencia en Waterloo. «Si se mira desde una perspectiva marroquí, por supuesto que esto constituye una herida», añade.
Aunque reconoce que «la población de Sebta se siente muy española», Puigdemont considera que esa voluntad adquiriría mayor legitimidad mediante una consulta. «¿No sería más legítima su posición si celebrasen un referéndum de autodeterminación?», plantea.
El propio dirigente establece inmediatamente el paralelismo con Cataluña. «España no lo permitirá porque teme que nosotros pidamos también un referéndum», afirma.
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Puigdemont no habla desde los márgenes de la política española. Junts dispone de votos decisivos para la continuidad de la legislatura y forma parte de la mayoría que permitió la investidura de Pedro Sánchez. Que su líder califique Sebta y Melilla de «colonias», las sitúe «dentro de Marruecos» y reclame un referéndum abre una incómoda brecha con un Gobierno que ha declarado reiteradamente que la soberanía española sobre ambas ciudades está fuera de cualquier discusión.
De la Eurocámara al debate español
Las declaraciones de Puigdemont llegan pocos días después de que el estatus de Sebta irrumpiera en el Parlamento Europeo. Durante el debate celebrado el 16 de septiembre, la eurodiputada italiana Ilaria Salis, integrante del grupo de La Izquierda, afirmó que «Sebta no es España» y que «Sebta no es Europa».
Salis presentó la ciudad como un vestigio del colonialismo europeo en África y acusó a una parte de la derecha de instrumentalizar la situación migratoria para alimentar una propaganda nacionalista y contraria a los migrantes. «Alguien tenía que decirlo en un debate parlamentario que parecía desarrollarse todavía en plena época colonial», escribió posteriormente al reiterar su posición.
El cuestionamiento ya había aparecido unas semanas antes en la política española. El 31 de agosto, el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, Oriol Junqueras, calificó Sebta y Melilla de «anomalía geográfica e histórica». «¿Cuántos países tienen plazas y ciudades en otro continente?», preguntó durante una entrevista en Catalunya Ràdio.
En aquella misma intervención, Junqueras exigió al Gobierno español que controlara sus fronteras y puso en duda que la entrada masiva registrada en Sebta pudiera haberse producido sin conocimiento de las autoridades marroquíes. No habló de una cesión territorial ni propuso una consulta sobre la soberanía de las dos ciudades.
El rechazo del Gobierno español
El planteamiento de Puigdemont choca con la posición mantenida por los sucesivos gobiernos españoles, que consideran Sebta y Melilla partes integrantes de España y rechazan cualquier negociación sobre su soberanía.
El Ministerio español de Asuntos Exteriores reiteró en agosto que ambas ciudades forman parte de la integridad territorial del país y de la frontera exterior de la Unión Europea. La ministra de Defensa, Margarita Robles, aseguró entonces que son «españolísimas» y que «no se tocan».
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Marruecos mantiene desde su independencia su reivindicación sobre las dos ciudades y rechaza la comparación establecida por España entre su situación y la de Gibraltar. Sebta y Melilla no figuran, sin embargo, en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización de las Naciones Unidas.
El referéndum catalán como telón de fondo
La cuestión de Sebta y Melilla ocupa solo una parte de la extensa entrevista de The Times, centrada principalmente en el futuro político y judicial de Puigdemont y en su posible regreso a Cataluña.
El expresidente catalán vuelve a defender el referéndum unilateral del 1 de octubre de 2017 y asegura que no lamenta las decisiones que adoptó entonces. «No me arrepiento de nada. Estoy orgulloso de lo que hizo el pueblo de Cataluña. Derrotamos democráticamente a España», declara.
Puigdemont reivindica aquella votación como un avance para el movimiento independentista. «Hubo un referéndum. Lo ganamos, lo organizamos y, pese a la violencia policial, lo celebramos. Eso permanecerá en la historia porque subimos algunos peldaños en nuestro camino hacia la independencia», sostiene.
También asegura que estaba dispuesto a asumir un alejamiento prolongado de Cataluña cuando impulsó la consulta. «No sabía cuánto tiempo pasaría en el exilio, pero estaba dispuesto a pasar toda mi vida. Y, si tengo que pasar toda mi vida, estoy dispuesto», concluye.
