Pedro Sánchez tenía este jueves varios frentes abiertos en el Congreso. La crisis migratoria de Sebta, las acusaciones contra su Gobierno y la presión de la oposición ocupaban buena parte del debate. Pero el presidente encontró también un momento para sacar la tarjeta amarilla —en sentido figurado— a Alberto Núñez Feijóo.
El motivo: la promesa del líder del Partido Popular de que, si llega a La Moncloa, la final del Mundial 2030 se disputará en España.
«Llega el señor Feijóo y en una entrevista dice: Puedo prometer y prometo que la final del Mundial será en España», ironizó Sánchez desde la tribuna. Y remató: «Si el señor Feijóo no manda en su propio partido, va a mandar en la FIFA…»
Una frase que, más allá de la batalla política española, tiene un ingrediente especialmente interesante: Marruecos.
Porque mientras en España el nombre del Reino aparece estos días asociado casi exclusivamente a la crisis de Sebta, al Mundial 2030 vuelve a aparecer como uno de los tres países organizadores del torneo, junto a España y Portugal. Y precisamente la sede de la final se ha convertido en uno de los grandes asuntos de disputa política.
En las últimas semanas, distintos dirigentes del PP y Vox han reclamado que el partido decisivo se dispute en territorio español y han cuestionado incluso el papel de Marruecos como coorganizador. Vox llegó a pedir que se revisara la participación marroquí en el torneo.
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La cuestión, sin embargo, está lejos de estar resuelta. La FIFA ha desmentido que Gianni Infantino haya prometido a Marruecos la final y ha dejado claro que tomará la decisión «a su debido tiempo».
Es decir, por ahora, ni Feijóo puede prometerla para España ni nadie puede reservarla para Casablanca.
Y ahí es donde el comentario de Sánchez adquiere su particular sentido: la FIFA todavía no ha decidido, pero en España ya hay políticos repartiendo localidades.
Sánchez, entre el fuego de Sebta y el balón de 2030
La crisis de Sebta ha colocado a Sánchez bajo una intensa presión política. Miles de personas se manifestaron en España contra la gestión del Gobierno español después de la crisis migratoria ocurrida en finales de julio. La oposición acusa al Ejecutivo de haber minimizado la gravedad de la situación y exige explicaciones.
Así que el panorama es, cuanto menos, curioso: en plena tormenta diplomática, Marruecos sigue apareciendo en el discurso español… aunque esta vez el balón está en otro campo.
Y mientras algunos políticos españoles parecen querer decidir de antemano dónde se jugará la final, la FIFA mantiene la decisión en sus manos.
Feijóo promete que será en España. Otros miran hacia Casablanca. Y Sánchez, de momento, se limita a recordar que la FIFA no forma parte del organigrama del Partido Popular.
