Yago Rodríguez tiene una virtud que conviene reconocer antes de criticarlo: sabe convertir conceptos complejos de los estudios estratégicos en narraciones comprensibles y mediáticamente eficaces. Maneja cifras, escenarios militares y comparaciones históricas con soltura.
El problema comienza cuando la narración sustituye a la demostración.
En pocas semanas, Rodríguez ha presentado la crisis migratoria de Ceuta como una «guerra híbrida efectuada por Marruecos», ha pedido a España «utilizar la espada», ha elevado el riesgo de guerra de «remoto» a «bajo» y ha concluido que «Marruecos nos atacará militarmente si cree que nos vencerá».
La secuencia impresiona. La evidencia pública, sin embargo, no ha avanzado al mismo ritmo.
Una atribución construida al revés
Su tesis parte de tres hechos:
Marruecos ejerce normalmente un control intenso sobre su frontera; decenas de miles de personas consiguieron atravesarla el 30 de julio; y las autoridades marroquíes no lograron impedirlo durante las horas decisivas.
De ahí, Rodríguez infiere que Rabat permitió deliberadamente el cruce. De la supuesta tolerancia pasa a la instrumentalización política. Y de la instrumentalización, a la certeza de un ataque estatal con finalidad estratégica.
Todo eso es posible. Pero nada de eso queda probado únicamente por la magnitud del episodio.
Un análisis serio tendría que examinar, al menos, varias hipótesis concurrentes: fallo excepcional de control, saturación operativa, reacción tardía, desobediencia local, movilización espontánea alimentada por rumores, explotación criminal de una decisión judicial mal interpretada, tolerancia táctica o verdadera instrumentalización estatal.
Rodríguez selecciona rápidamente la hipótesis más hostil y la convierte en marco explicativo de todo lo ocurrido después.
El propio autor reconoció el 2 de agosto que demostrar una orden de Rabat «exigiría evidencias». Tenía razón. Pero construyó inmediatamente un dilema en el que cualquier resultado conduce a la misma conclusión:
Si Marruecos no pudo impedir el cruce, no es un socio de seguridad fiable. Si pudo impedirlo y no quiso, ejerció coerción contra España.
La primera posibilidad justifica que España refuerce su frontera y reduzca su dependencia operativa. No convierte automáticamente la segunda en un hecho.
La recomendación prudencial puede ser válida aunque la atribución estatal no esté demostrada. Rodríguez fusiona ambas cuestiones para que la razonabilidad de una refuerce artificialmente la certeza de la otra.
Una hipótesis imposible de refutar
La metodología se vuelve más problemática cuando utiliza el concepto de «negación plausible».
Si no aparece una orden marroquí, su ausencia no reduce la confianza en la hipótesis: demostraría que la operación fue concebida precisamente para no dejar pruebas.
Si Marruecos coopera en el retorno de más del 90 % de quienes entraron, esa cooperación tampoco cuenta como evidencia contraria: se redefine como la fase final de la operación, una vez infligido el daño.
«Así se construye una tesis no falsable: tanto la evidencia como su ausencia confirman la misma conclusión.»
— Lahcen Haddad
Si las fuerzas marroquíes impiden una nueva concentración el 15 de agosto, no significaría rectificación o cooperación, sino una retirada táctica.
Si no se produce un nuevo episodio, Marruecos estaría simplemente esperando otra oportunidad.
Así se construye una tesis no falsable: tanto la evidencia como su ausencia confirman la misma conclusión.
Una hipótesis verdaderamente analítica debe indicar qué hechos podrían debilitarla. ¿Órdenes previas de contención? ¿Detenciones de organizadores? ¿Registros operativos que revelen sorpresa o saturación? ¿Cooperación inmediata? ¿Ausencia de coordinación estatal?
Si ninguna observación puede modificar el diagnóstico, ya no estamos ante un método de investigación, sino ante un sistema cerrado de interpretación.
«Ningún analista serio»
La frase más reveladora aparece en su artículo del 29 de agosto:
«En términos estratégicos, fue un ataque híbrido. Ningún analista de seguridad serio lo pone en duda».
Sin embargo, el propio artículo menciona una valoración atribuida a la inteligencia española según la cual Rabat no habría planificado la avalancha. El Gobierno español ha afirmado, además, que no existen pruebas de implicación del Gobierno marroquí y ha destacado la cooperación posterior de Marruecos.
Es legítimo desconfiar de la versión gubernamental. Las autoridades pueden equivocarse, proteger una relación diplomática o disponer de información incompleta. Pero su posición demuestra, como mínimo, que la atribución está discutida.
Por tanto, decir que «ningún analista serio» duda de ella no constituye un argumento. Es una forma de expulsar preventivamente del debate a cualquiera que solicite pruebas adicionales.
Cuando existen interpretaciones contradictorias, el analista debe explicar por qué una fuente merece más confianza que otra. No puede declarar que la controversia ha terminado por decreto profesional.
De posibilidad a profecía
En televisión, Rodríguez reconoció que la intencionalidad directa detrás de una acción de este tipo es «muy difícil de ver». Pocos días después hablaba ya de un ataque evidente. Luego advirtió de una acción marroquí «más ambiciosa». Finalmente concluyó que Marruecos atacará militarmente cuando crea que puede vencer.
Se confunden así tres niveles diferentes:
La posibilidad de que Marruecos instrumentalice una crisis; la probabilidad de que lo haya hecho en este caso concreto; y la afirmación de que existe una intención militar permanente que solo espera una correlación de fuerzas favorable.
Una capacidad no demuestra una intención. Una hipótesis no constituye una atribución. Y un escenario de planificación no es una profecía.
España debe estudiar incluso escenarios poco probables. Esa es una obligación elemental de cualquier Estado. Pero estudiar la posibilidad de un ataque marroquí no equivale a demostrar que Marruecos haya decidido atacar.
Analogías que amplifican el miedo
Rodríguez invoca Malvinas en 1982, Kargil en 1999, Rusia y Ucrania, y el islote de Perejil en 2002. Todos esos casos recuerdan que los Estados pueden cometer errores de cálculo.
Pero una analogía sirve para construir escenarios, no para sustituir la evidencia específica del caso analizado.
«La crisis de Ceuta fue una movilización humana caótica, alimentada por rumores y redes criminales, cuya eventual dirección estatal sigue siendo objeto de controversia.»
— Lahcen Haddad
Argentina ejecutó una invasión militar abierta de las Malvinas. Kargil implicó una infiltración militar organizada. Rusia preparó una invasión convencional observable. La crisis de Ceuta fue una movilización humana caótica, alimentada por rumores y redes criminales, cuya eventual dirección estatal sigue siendo objeto de controversia.
El hecho de que dos crisis puedan producir una escalada no significa que compartan actores, mecanismos, objetivos o cadenas de mando.
La transformación de un Estado en una esencia
El lenguaje utilizado termina revelando la estructura del modelo.
Rodríguez escribe que los marroquíes «son muy tolerantes al conflicto», que «les da igual el dinero», que Marruecos es «profundamente agresivo» y que España debe concienciar a su población sobre «el nivel de agresividad de lo que tenemos al sur».
Ya no estamos ante el análisis de decisiones tomadas por determinadas élites en circunstancias concretas. Marruecos se convierte en una personalidad colectiva, invariable y amenazante.
La cooperación prueba astucia. La moderación demuestra espera. La modernización militar revela intención ofensiva. La interdependencia evidencia vulnerabilidad. Las concesiones españolas alimentan la agresividad. Y cualquier desacuerdo confirma el expansionismo.
Un modelo que explica todos los comportamientos posibles antes de observarlos posee escaso poder analítico.
«Afirmar que Canarias forma parte del mismo proyecto exige evidencias específicas de una reivindicación estatal marroquí contemporánea equivalente. Sin esas pruebas, la asociación sirve principalmente para ampliar geográfica y emocionalmente la amenaza.»
— Lahcen Haddad
La inclusión de Canarias junto a Ceuta y Melilla es especialmente significativa. Las dos ciudades son objeto de una disputa política conocida. Afirmar que Canarias forma parte del mismo proyecto exige evidencias específicas de una reivindicación estatal marroquí contemporánea equivalente. Sin esas pruebas, la asociación sirve principalmente para ampliar geográfica y emocionalmente la amenaza.
Cifras correctas, causalidad defectuosa
Rodríguez cita cifras económicas y militares que merecen ser examinadas, no descartadas. España dispone de una economía y de un gasto militar superiores; Marruecos moderniza sus fuerzas; existe una asimetría comercial; y Rabat mantiene una rivalidad estratégica costosa con Argelia.
Pero esos datos no permiten medir por sí solos una supuesta «voluntad marroquí».
Tampoco existe en sus artículos un modelo reproducible del anunciado «equilibrio militar local». Faltan variables esenciales: alerta previa, escenario operativo, logística, superioridad aérea y naval, refuerzos procedentes de la Península, municiones, sostenimiento, reacción europea y coste de controlar un territorio hostil.
Además, comparar el gasto español calculado por SIPRI con el gasto marroquí estimado por IISS puede mezclar metodologías diferentes. Si la relación numérica exacta sostiene el argumento, se necesita una serie homogénea.
Las cifras pueden ser correctas individualmente y, aun así, estar insertadas en una causalidad defectuosa. Los datos describen capacidades y restricciones. No leen la mente de los Estados.
La proximidad con Ignacio Cembrero
Existe una proximidad profesional pública entre Yago Rodríguez e Ignacio Cembrero: han participado juntos en actos y programas, The Political Room cita sus análisis y Rodríguez ha anunciado intervenciones en tándem con él.
También existe una convergencia parcial de marcos: presión marroquí, redes de influencia, expansionismo, vulnerabilidad española y necesidad de mayor firmeza.
Eso merece ser señalado porque ayuda a comprender la circulación de una determinada narrativa sobre Marruecos.
Pero no existe, en las fuentes públicas examinadas, prueba de que Cembrero dirija The Political Room, coordine sus publicaciones o financie su actividad. La convergencia intelectual no debe convertirse en conspiración por el mismo procedimiento con el que Rodríguez convierte indicios en ataques híbridos.
La crítica debe aplicar a sus propias afirmaciones la disciplina probatoria que exige a los demás.
El riesgo de fabricar al enemigo
Nada de lo anterior exige idealizar a ninguno de los dos Estados. La crisis debe esclarecerse mediante una investigación rigurosa que examine todas sus dimensiones: el origen de las convocatorias, las redes criminales y de desinformación, los fallos de anticipación y gestión en ambos lados de la frontera y su posterior instrumentalización política y mediática.
Marruecos y España comparten la responsabilidad de evitar nuevas tragedias. Pero la cooperación no puede confundirse con la obligación marroquí de actuar como gendarme permanente de Europa, ni la existencia de una frontera compartida convierte automáticamente cualquier fallo de control en una operación hostil.
La seguridad común exige reciprocidad, coordinación y respeto mutuo, no la construcción unilateral de un enemigo ni una carrera de escalada militar.
Preparar una guerra posible no autoriza a presentarla como probable. Estudiar capacidades no permite atribuir intenciones. Y repetir una hipótesis con creciente seguridad no la transforma en un hecho.
La paradoja es que una retórica concebida para fortalecer la disuasión puede terminar debilitando la seguridad.
« Y si se educa a la opinión pública española para percibir al vecino del sur como un enemigo esencial, el «error de cálculo» que Rodríguez dice temer deja de ser solamente un objeto de análisis.»
— Lahcen Haddad
Si cada crisis se define inmediatamente como un ataque, se reduce el espacio para verificar, dialogar y corregir. Si cualquier actuación marroquí confirma una agresividad supuestamente inmutable, ninguna política bilateral puede funcionar salvo la escalada. Y si se educa a la opinión pública española para percibir al vecino del sur como un enemigo esencial, el «error de cálculo» que Rodríguez dice temer deja de ser solamente un objeto de análisis.
Se convierte en un producto de su propio relato.
España necesita análisis estratégico. Precisamente por eso necesita distinguir con rigor entre dato, indicio, hipótesis, atribución y pronóstico.
La producción reciente de Yago Rodríguez no demuestra que Marruecos haya decidido hacer la guerra a España.
Demuestra cómo una hipótesis, repetida con suficiente contundencia, puede empezar a parecer una certeza.
España necesita análisis estratégico. Precisamente por eso necesita distinguir con rigor entre dato, indicio, hipótesis, atribución y pronóstico.
La producción reciente de Yago Rodríguez no demuestra que Marruecos haya decidido hacer la guerra a España.
Demuestra cómo una hipótesis, repetida con suficiente contundencia, puede empezar a parecer una certeza.
