Adicción, manipulación y una autoridad parental ausente: por qué Marruecos debería prohibir las redes sociales a los menores

Una adolescente consultando la aplicación TikTok desde su teléfono inteligente.. 2024 Getty Images

El 13/08/2026 a las 11h23

Autoridad parental confiscada, adicción organizada, contenidos tóxicos al alcance de todos... El caso de Sebta ha vuelto a poner de manifiesto el impacto de las plataformas digitales en los jóvenes. Australia y Francia ya han tomado medidas. Marruecos debería seguir sus pasos.

Hay que volver al episodio de Sebta, porque resume por sí solo buena parte de lo que hay que entender. Desde septiembre de 2025, el mismo escenario se ha repetido a intervalos regulares. El 15 de septiembre de 2025, después el 11 de octubre, el 18 de enero y el 12 de mayo de 2026, las redes sociales difundieron llamamientos a organizar asaltos en torno a los enclaves de Sebta y Melilla. Una nueva oleada fue detectada el pasado mes de julio.

En cada ocasión se repitió el mismo mecanismo, un mensaje viral, unas horas de propagación y cientos de jóvenes dispuestos a asumir cualquier riesgo.

Podría haberse pensado que se trataba de una reacción espontánea de jóvenes sin perspectivas. Pero no era exactamente así. El analista español José María Gil Garre identificó, en un informe de 70 páginas, varias páginas y grupos cuyo funcionamiento distaba mucho de ser espontáneo. La propia Comisión Europea consideró seria esta pista. Su comisaria de Asuntos Digitales, Henna Virkkunen, pidió a Meta y TikTok que aportaran pruebas sobre el verdadero origen de estas campañas.

Todo ello invita a reflexionar sobre lo que puede hacer, en 2026, una simple cuenta anónima, capaz de movilizar en una sola noche a adolescentes que ninguna autoridad, familiar o institucional, tiene tiempo de detectar.

Una autoridad parental confiscada

Lo que Sebta puso de manifiesto es una realidad que muchos padres marroquíes intuían sin saber cómo definirla. TikTok, Instagram, Facebook y otras plataformas se han convertido, de facto, en una autoridad parental alternativa que dicta comportamientos, códigos de vestimenta, formas de hablar e incluso las causas por las que los jóvenes salen a la calle. El resultado es que el seguimiento ciego ha sustituido al espíritu crítico y la necesidad de aparentar se ha convertido en una obsesión permanente.

iPhones, bolsos de marca, ropa de firmas reconocidas, cultura del dinero fácil, glamour superficial y contenidos obscenos promocionados por tendencias que se renuevan cada semana... Millones de adolescentes crecen bajo la autoridad de un algoritmo que nunca tuvo la misión de educarlos, sino simplemente de captar su atención minuto a minuto. Y nadie, en los hogares marroquíes, ha dado su consentimiento para ello.

Los especialistas en salud mental ya no dudan en señalarlo. Las aplicaciones están diseñadas, concebidas y optimizadas para maximizar el tiempo que los usuarios pasan conectados, mediante mecanismos de recompensa que recurren directamente a los mismos resortes que intervienen en las adicciones a determinadas sustancias. Notificaciones que aparecen en el momento oportuno, desplazamiento infinito que nunca permite detenerse y «me gusta» que validan o humillan... Nada queda al azar.

Privados de espíritu crítico y atrapados por un sistema diseñado para captar su atención, muchos jóvenes desarrollan un profundo malestar. Algunos adoptan conductas de riesgo. Otros, en casos menos frecuentes pero reales, llegan incluso al suicidio.

El Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE) ha puesto cifras y datos a una realidad que muchos padres ya observaban en sus propios hogares, a través de un informe dedicado al entorno digital de los niños. La institución identifica numerosos riesgos asociados al uso de las redes sociales por parte de los menores, entre ellos la difusión de noticias falsas, la manipulación de la opinión pública, el chantaje, la extorsión, el ciberacoso y la incitación al odio, la violencia y el suicidio.

A ello se suman amenazas todavía más graves, como el reclutamiento por parte de redes terroristas y la explotación sexual, con consecuencias que van mucho más allá del bienestar psicológico y terminan afectando a las relaciones sociales, los valores y la participación cívica de toda una generación.

El CESE se apoya en una encuesta realizada en 2021 por el Centro Marroquí de Investigación Politécnica e Innovación (CMRPI) entre 1.293 niños y jóvenes marroquíes de entre 8 y 28 años. El estudio revela que el 80% utiliza regularmente Internet y que el 70% frecuenta las redes sociales. Y las consecuencias acumuladas son suficientes para preocupar a cualquier padre.

En el ámbito de la salud, el 43% de los jóvenes encuestados sufre trastornos del sueño y llega a descuidar necesidades básicas como la alimentación y el descanso debido a un uso digital que se ha vuelto incontrolable. En el ámbito social, el 35,6% asegura haber sufrido conflictos abiertos con familiares o amigos. En el terreno escolar, el 41,5% constata un deterioro de su rendimiento. Además, un tercio ya se ha enfrentado al ciberacoso.

Nada menos que el 40% comparte sus datos personales con completos desconocidos y otro 40% ni siquiera domina las opciones de privacidad de su propio perfil.

El CMRPI también identifica una serie de trastornos psicológicos y conductuales relacionados con este uso excesivo, entre ellos conductas adictivas, comportamientos violentos, ansiedad, aislamiento, retraimiento social, autolesiones, trastornos del sueño, problemas de concentración, depresión, intentos de suicidio y suicidios.

El CESE habla, con razón, de una auténtica espiral que puede llevar desde el abandono escolar hasta la deserción definitiva, pasando por diferentes formas de adicción, fugas del hogar, aparición de trastornos mentales, exclusión social y, en algunos casos, una vida marginal en la calle. Algunos jóvenes terminan convirtiéndose en «ninis», es decir, personas que ni estudian, ni trabajan ni reciben formación. Una generación sacrificada ante el desplazamiento infinito de las pantallas y que, por ahora, parece no encontrar suficientes mecanismos para salir de esta situación.

Un peligro que va mucho más allá de la pantalla

En una columna publicada en Le360 sobre la protección de los niños en Internet, la socióloga Soumaya Naamane Guessous recuerda una realidad que muchos prefieren ignorar. «Ocho de cada diez marroquíes utilizan las redes sociales, que no están controladas por ninguna entidad», escribe.

La especialista describe un espacio en el que conviven, con acceso prácticamente libre, incitaciones a la violencia, contenidos de pornografía infantil, tutoriales para fabricar armas, publicidad relacionada con la inmigración clandestina o los estupefacientes. Un auténtico escaparate de lo peor, abierto las 24 horas del día, sin vigilancia y sin límite de edad en la entrada.

Los efectos físicos tampoco son menores. La luz azul de las pantallas bloquea la secreción de melatonina y altera el sueño, provocando a su vez problemas de concentración y memoria. En el plano psicológico, el aislamiento, el retraimiento, el estrés, la depresión y los trastornos del estado de ánimo aparecen con frecuencia entre los jóvenes que hacen un uso intensivo de estas plataformas.

En el plano físico, las malas posturas, la sequedad ocular, los problemas de visión, las migrañas y el aumento de peso relacionado con el sedentarismo completan un panorama ya preocupante.

Los menores también están expuestos al chantaje mediante cámaras web, los intentos de extorsión y, en casos más excepcionales pero especialmente inquietantes, al reclutamiento criminal. En Francia, un adolescente de 14 años fue reclutado a través de las redes sociales como sicario por 50.000 euros.

Los influencers, por su parte, alimentan entre los más jóvenes un apego compulsivo a los signos externos de riqueza, generando una competición social en la que no tener la marca adecuada puede traducirse en rechazo por parte del grupo o incluso en chantaje tras la publicación de fotografías íntimas. Este es, en definitiva, el verdadero rostro de unas plataformas que Marruecos continúa dejando al alcance de cualquier niño o adolescente.

Ante esta situación, un país decidió finalmente pasar de las advertencias a la acción. Australia fue el primero en actuar de manera concreta. Su Parlamento aprobó a finales de noviembre de 2024 una ley que obliga a las plataformas, entre ellas TikTok, Instagram, Facebook, Snapchat, YouTube, X, Threads, Reddit, Kick y Twitch, a impedir que los menores de 16 años creen o mantengan una cuenta. La norma entró en vigor el 10 de diciembre de 2025. Algunos actores, incluidos los gigantes del sector, denunciaron una forma de censura.

Canberra mantuvo su posición y, a finales de junio, el Gobierno decidió incluso duplicar las multas impuestas a las plataformas que incumplan la normativa, hasta situarlas en torno a los 60 millones de euros, además de reforzar las competencias de su regulador digital. Una medida inédita a escala mundial y asumida plenamente por las autoridades australianas.

Francia tardó ocho meses más en tomar una decisión, pero finalmente siguió el mismo camino. La ley impulsada por la diputada Laure Miller, aprobada el 21 de julio de 2026 tras un año y medio de intensos debates parlamentarios, prohíbe el acceso a las redes sociales a los menores de 15 años. La norma llega después de los trabajos de una comisión de investigación de la Asamblea Nacional sobre los efectos psicológicos de TikTok, cuyo informe puso de manifiesto los mecanismos de adicción vinculados a los contenidos.

Según Arcom, los jóvenes de entre 12 y 17 años pasan una media de una hora y 21 minutos al día únicamente en TikTok, cuyo algoritmo favorece precisamente la difusión de los contenidos más extremos. La ley entrará en vigor el 1 de septiembre de 2026 para las nuevas cuentas y el 1 de enero de 2027 para las cuentas existentes. La normativa también prohíbe el uso de teléfonos móviles en los institutos.

Indonesia aprobó una prohibición similar en marzo de 2026. Malasia hizo lo propio con una ley que entró en vigor en junio y que excluye a los menores de 16 años de las principales plataformas. Turquía aprobó una norma comparable en abril, cuya entrada en vigor está prevista antes de que termine el año. El Reino Unido anunció a mediados de junio una legislación similar para los menores de 16 años, cuya entrada en vigor está prevista para principios de 2027. Grecia, por su parte, apunta al 1 de enero de 2027.

Canadá también ha anunciado su intención de adoptar una medida similar, mediante un proyecto de ley que fija en 16 años la edad mínima para abrir una cuenta. La Comisión Europea, por su parte, presentará este verano un proyecto para prohibir las redes sociales a los menores en el conjunto de la Unión Europea, mientras varios Estados miembros aumentan la presión para reforzar la protección de los niños.

Queda por responder a la pregunta incómoda. ¿Qué espera Marruecos? El CESE ha cuantificado, documentado y contrastado los datos marroquíes con estudios internacionales. El Consejo Superior de Educación, Formación e Investigación Científica y Unicef han confirmado sobre el terreno, especialmente en el ámbito escolar, la misma tendencia preocupante. Sebta ha ofrecido, a intervalos regulares, una demostración a gran escala de lo que estas plataformas pueden provocar entre adolescentes expuestos a ellas sin suficiente supervisión. El diagnóstico es ya compartido, en mayor o menor medida, por casi todos.

Lo que falta, y de manera urgente, es pasar a la acción.

El escritor Fouad Laroui, en una columna en la que celebraba la decisión australiana, recuerda una verdad que parece haberse olvidado. El aburrimiento tiene un valor, porque alimenta la imaginación, fomenta la autonomía y enseña a los niños a confiar en sí mismos. Laroui se muestra preocupado por unas generaciones enteras atrapadas por las pantallas desde que se despiertan, incapaces incluso de experimentar el aburrimiento, y reclama que Marruecos siga, sin complejos, el ejemplo australiano.

He mantenido los 43 párrafos del cuerpo del artículo original, incluida la separación de los intertítulos, y he adaptado las expresiones más literales para que funcionen como un artículo de prensa española.

Por Hajar Kharroubi
El 13/08/2026 a las 11h23