Un mismo cielo marroquí, pero dos experiencias muy distintas. En Tánger, desde el cabo Espartel, todas las miradas apuntaban al cielo para no perder detalle del eclipse. En Al Hoceima, los observadores se encontraron con una persistente capa de nubes que terminó privando a la ciudad del fenómeno astronómico.
En el cabo Espartel, punto de encuentro entre el Mediterráneo y el océano Atlántico, la expectación fue máxima. Decenas de personas, entre turistas marroquíes y extranjeros, habitantes de Tánger y marroquíes residentes en el extranjero (MRE), se instalaron en los alrededores para seguir la evolución del fenómeno.
Durante cerca de una hora, los asistentes pudieron observar las distintas fases del eclipse, algunos de ellos equipados con gafas de protección específicas. Para muchos, se trataba de una experiencia inédita. «He venido hoy para documentar el eclipse solar. Es la primera vez que presencio un fenómeno así, porque es algo poco frecuente», cuenta un joven aficionado a la astronomía.
Ambiance de l'éclipse solaire, le 12 août 2026 sur Cap-Spartel à Tanger (S.Kadry/Le360).. سعيد قدري
Para él, el hecho de que el eclipse pudiera observarse desde Marruecos hacía que la ocasión fuera todavía más especial. «Este fenómeno a veces se produce en otros países o incluso en alta mar. Que hoy sea visible desde Marruecos lo convierte en un acontecimiento importante y por eso he venido a documentarlo», añade mientras ajusta su cámara.
El fenómeno despertó también el interés de los visitantes extranjeros. Una turista española, llegada desde España con una amiga y su familia, no ocultaba su entusiasmo. «Es la primera vez que veo un eclipse solar. Estoy muy contenta de poder vivir este momento», explica, aunque reconoce sentir cierto respeto ante un fenómeno cuya observación exige adoptar precauciones especiales.
Entre los habitantes de Tánger, el eclipse fue también una oportunidad para acercar a los más pequeños a un espectáculo natural poco habitual. «Hemos venido a contemplar esta maravilla entre el Mediterráneo y el océano Atlántico. Es un fenómeno extraordinario al que merece la pena dedicar tiempo. Los niños también deben tener la oportunidad de descubrirlo», relata un vecino de Tánger.
Entre los asistentes, algunos acudieron con el material adecuado, mientras que otros se limitaron a disfrutar del ambiente particular que rodeaba el acontecimiento. Todos, sin embargo, eran conscientes de una regla fundamental: un eclipse solar nunca debe observarse directamente a simple vista.
«He venido con mi madre y he traído mis gafas. Estoy muy contenta de poder ver por primera vez un eclipse solar», cuenta una joven. «Sé que no hay que mirar directamente al Sol porque puede ser peligroso para los ojos. Así que intentaremos disfrutar del momento sin correr riesgos», añade.
En Al Hoceima, la experiencia fue muy diferente. Mientras desde otras ciudades del Reino comenzaban a circular imágenes del eclipse, una espesa capa de nubes cubría el cielo e impedía a los habitantes y aficionados a la astronomía contemplar el fenómeno.
Los más perseverantes mantuvieron la vista puesta en el cielo con la esperanza de que se abriera algún claro durante unos instantes. Sin embargo, las nubes, lo suficientemente densas como para ocultar el Sol, terminaron frustrando sus expectativas.
Entre el asombro vivido en Tánger y la decepción en Al Hoceima, el eclipse dejó así dos imágenes muy distintas de un mismo acontecimiento astronómico. Para quienes pudieron contemplarlo, con las gafas de protección puestas y los dispositivos preparados para inmortalizar el momento, el recuerdo de este fenómeno poco frecuente quedará grabado en la memoria.






