El calor aprieta y las piscinas públicas siguen sin llegar a todos

La piscina municipal de Meknès.

El 15/08/2026 a las 11h30

En plena sucesión de olas de calor, acceder a una piscina pública sigue dependiendo de la ciudad y del bolsillo. Mientras algunas instalaciones municipales reciben a miles de personas a precios asequibles, en otros lugares permanecen cerradas, apenas existen o han dejado el terreno libre al sector privado. Una carencia que empuja a muchos niños hacia ríos y fuentes y convierte una cuestión de ocio en un problema de seguridad y desigualdad social.

Cuando las temperaturas se acercan o superan los 40 grados, una piscina pública deja de ser únicamente una instalación deportiva. Para miles de familias marroquíes se convierte en uno de los pocos espacios seguros y asequibles donde los niños pueden refrescarse durante las vacaciones escolares.

Sin embargo, el acceso sigue dependiendo en gran medida de la ciudad, del barrio y de los ingresos familiares. Mientras algunos municipios mantienen instalaciones abiertas a precios simbólicos, en otros lugares las piscinas permanecen cerradas durante parte del verano, están concentradas en determinadas zonas o son prácticamente inexistentes.

Los casos documentados este verano en Fès, Meknès, Tánger y Rabat muestran modelos muy diferentes, pero también una fuerte demanda social que las infraestructuras actuales no siempre consiguen atender.

Fès reabrió después de la polémica

A comienzos de julio, con temperaturas superiores a los 43 grados, decenas de niños de Fès acudían al río Aïn Chkef o se bañaban en las fuentes ornamentales de la ciudad ante la falta de piscinas públicas abiertas. Las imágenes mostraban a menores procedentes principalmente de barrios populares buscando alivio en lugares sin vigilancia ni condiciones mínimas de seguridad. Algunos acudían sin sus padres y se lanzaban a aguas cuya profundidad, calidad y posibles corrientes no estaban controladas.

Los vecinos y representantes del tejido asociativo denunciaron entonces el cierre prolongado de las piscinas municipales, entre ellas las de Hassan II y El Merja. También señalaron la desigual distribución de estas infraestructuras dentro de la ciudad. Barrios densamente poblados como Mérinides, Fès Médina y Jnane El Ward carecían de piscinas públicas cercanas.

La situación era especialmente preocupante después de la muerte de un menor en la fuente del Jardín Latin, un accidente presentado por las asociaciones locales como una señal de alarma sobre los riesgos de convertir estanques ornamentales y ríos en piscinas improvisadas.

Cinco días después, el Ayuntamiento de Fès anunció la reapertura de la piscina municipal Hassan II. Los trabajos de mantenimiento y rehabilitación habían requerido una inversión de aproximadamente 900.000 dirhams, según los datos comunicados por el consistorio.

La reapertura proporcionó una alternativa a numerosos niños y familias, pero también dejó una pregunta pendiente. Si la instalación podía haber sido preparada antes, ¿por qué hubo que esperar hasta mediados de julio y a que el problema provocara una polémica pública?

El caso de Fès demuestra que disponer de una piscina no basta. Es necesario mantenerla, prepararla antes de la llegada del verano y abrirla cuando comienzan las vacaciones y los primeros episodios de calor. Una instalación cerrada durante las semanas más críticas no cumple la función social para la que fue construida.

También pone de manifiesto que la reapertura de una sola piscina no resuelve las necesidades de una ciudad de más de un millón de habitantes, especialmente cuando los barrios más alejados siguen careciendo de equipamientos de proximidad.

Meknès y el éxito de una entrada a 3 dirhams

A unos sesenta kilómetros de Fès, Meknès ofrece un ejemplo diferente. Su piscina municipal, construida en 1928 junto al jardín Lahboul, reabrió el 4 de julio para la temporada estival de 2026.

El acceso cuesta 5 dirhams para los adultos y 3 para los niños. Estos precios permiten que familias con recursos modestos puedan utilizar la instalación sin dedicar una parte considerable de su presupuesto a una sola jornada de ocio.

La respuesta ha sido masiva. Durante los sucesivos episodios de calor, con temperaturas cercanas a los 45 grados, la piscina ha recibido diariamente a miles de visitantes. Familias, niños y jóvenes llenan los vasos y las zonas de descanso desde las primeras horas del día.

La elevada afluencia confirma la necesidad de este tipo de espacios, pero también revela la presión que puede recaer sobre una única instalación cuando la oferta es limitada.

En 2025, la piscina municipal ingresó 499.300 dirhams. Si se toma como referencia un precio medio de cuatro dirhams por entrada, esa recaudación equivaldría a más de 124.000 accesos durante la temporada, aunque el número exacto depende de la proporción entre entradas infantiles y de adultos.

En Tánger, el sector privado ocupa el vacío

La situación resulta paradójica en Tánger. Pese a estar rodeada por el Mediterráneo y el Atlántico, la ciudad prácticamente no dispone de piscinas públicas adecuadas y asequibles. La existencia de playas no elimina la necesidad de piscinas. No todas las familias viven cerca del litoral, los desplazamientos generan gastos y las condiciones del mar no siempre permiten el baño, especialmente para los niños pequeños, las personas que no saben nadar o quienes necesitan un entorno más controlado.

Ante la falta de una oferta pública suficiente, las piscinas privadas han ocupado el espacio. Algunos establecimientos cobran alrededor de 300 dirhams por persona, una cantidad difícilmente asumible para una familia de cuatro miembros, que tendría que desembolsar unos 1.200 dirhams solo por acceder a la instalación.

La diferencia con Meknès es enorme. Lo que cuesta una única entrada en una piscina privada de Tánger permitiría pagar hasta cien accesos infantiles a la piscina municipal de la capital ismailí.

La situación no siempre fue así. Tánger contaba antiguamente con una piscina pública en la zona conocida como Donabo. La instalación continúa existiendo, pero pasó a manos de un club privado y quedó reservada a una clientela más limitada.

Rabat abre antes, pero sube el precio

Rabat inauguró su temporada estival el 12 de junio, quince días antes que en 2025. La apertura anticipada de la gran piscina municipal permitió responder desde el comienzo del verano a una demanda especialmente elevada.

La infraestructura dispone de cuatro vasos de agua de mar y constituye uno de los principales espacios públicos de baño de la capital. Desde su apertura, jóvenes y familias acudieron en gran número, impulsados por las altas temperaturas.

Este año, sin embargo, la entrada pasó de 10 a 15 dirhams para las personas mayores de seis años, un aumento del 50%. Aunque la tarifa continúa muy por debajo de los precios del sector privado, la subida provocó críticas entre quienes consideran que puede penalizar a las familias numerosas con ingresos limitados.

Para una familia con cuatro hijos mayores de seis años, una sola visita puede costar 90 dirhams únicamente en entradas, sin incluir transporte, comida u otros gastos. Si desea acudir varias veces durante el verano, el coste deja de ser menor.

El caso de Rabat demuestra que la accesibilidad no se mide solamente por la existencia de una infraestructura. También depende del precio, la distancia, la capacidad y las condiciones de acceso.

Una carencia difícil de medir

La ausencia de una base nacional de piscinas municipales constituye en sí misma una parte del problema. Sin información homogénea resulta difícil evaluar qué ciudades están mejor equipadas, qué instalaciones permanecen cerradas o cuántos habitantes dependen de una sola piscina.

Un inventario útil debería distinguir las piscinas municipales de las privadas, escolares, cubiertas o pertenecientes a clubes deportivos. También debería indicar si están operativas, su capacidad, las tarifas, los meses de apertura y los barrios a los que prestan servicio.

Los datos permitirían orientar las inversiones hacia las ciudades y zonas con mayores carencias, en lugar de limitarse a contabilizar las instalaciones construidas.

Las piscinas públicas no son la única respuesta frente a las olas de calor, pero desempeñan un papel social, deportivo y preventivo. Ofrecen un espacio seguro para el baño, permiten enseñar a nadar y reducen la tentación de acudir a ríos, embalses o fuentes sin vigilancia.

Los ejemplos de Meknès y Rabat muestran que, cuando una piscina abre a precios asequibles, la población responde inmediatamente. Las imágenes de Fès y Benguérir muestran lo contrario, cuando esa alternativa desaparece, los niños no dejan de buscar agua, sino que se desplazan hacia lugares mucho más peligrosos.

La cuestión ya no es, por tanto, si las ciudades marroquíes necesitan piscinas públicas. La verdadera pregunta es cuántas hacen falta, dónde deben construirse y cómo garantizar que estén abiertas y al alcance de todos cuando llega el calor.

Por Faiza Rhoul
El 15/08/2026 a las 11h30