«Nadie nos ha dicho nada»: los comerciantes del mercado senegalés de Casablanca, a la espera de un posible traslado

Inaugurado a finales de 2012, el «Mercado senegalés» vio la luz en pleno centro de Casablanca

El 06/05/2026 a las 15h45

Inaugurado a finales de 2012 en pleno centro de Casablanca, el mercado senegalés se ha consolidado como un enclave económico y cultural único. A pesar de su estabilidad, los comerciantes se muestran inquietos ante los persistentes rumores de un posible traslado derivado de los planes de ordenación urbana, aunque por el momento no existe ninguna comunicación oficial al respecto.

Situado en el corazón de la medina de Casablanca, la capital económica de Marruecos, el mercado senegalés ha logrado establecerse como un espacio de intercambio singular.

A pocos pasos de la avenida de las FAR, en la explanada de Bab Lkbir —conocida popularmente como Bab Marrakech—, este zoco atípico ha crecido desde su apertura a finales de 2012. En él, ciudadanos procedentes de diversos puntos del África subsahariana desarrollan una actividad comercial centrada en productos artesanales y un saber hacer transmitido con el paso de los años. La organización del lugar depende de la presencia diaria de vendedores que ofrecen artículos confeccionados in situ o procedentes de circuitos comerciales tanto formales como informales, integrando el mercado en una dinámica económica de proximidad.

El entorno inmediato del mercado refleja una actividad incesante, estructurada en torno a puestos variados y una afluencia constante que mezcla a residentes locales con visitantes y clientes de diversas nacionalidades africanas. La oferta comercial es amplia y abarca desde ropa a medida y textiles hasta productos de artesanía, conformando un conjunto que trasciende la mera transacción económica para convertirse en una forma de intercambio cultural.

Los protagonistas del lugar describen un entorno de trabajo marcado por la continuidad y la ausencia de conflictos reseñables. Fatou Thiaw, una comerciante instalada en Marruecos desde hace seis años, destaca este equilibrio al asegurar que «aquí no tenemos quejas. Llevo seis años en este mercado y nunca hemos tenido ningún problema».

Esta estabilidad también se refleja en las condiciones de acceso a los puestos, ya que, según explica la misma vendedora, llegaron buscando un espacio y lo obtuvieron sin mayores dificultades.

El funcionamiento del mercado se apoya así en una organización informal pero aceptada, lo que permite a los comerciantes mantener su actividad de forma duradera. La percepción de un entorno seguro y estable es un elemento recurrente en los testimonios recabados, lo que demuestra una integración real en el tejido económico local de la ciudad.

Derribos cercanos que alimentan la incertidumbre

Sin embargo, la situación se enmarca en un entorno urbano en plena transformación. Diversos comerciantes señalan que se han producido demoliciones en las inmediaciones del mercado, aunque todavía no se ha establecido un vínculo formal con su actividad. Fatou Thiaw observa que, como se puede apreciar, muchos locales situados justo detrás del mercado han sido derribados, a pesar de que estaban ocupados por sus propietarios.

Estas observaciones alimentan las dudas sobre el futuro del emplazamiento, si bien no existen elementos concretos que permitan confirmar una relación directa entre estas obras y el destino del mercado. La comerciante subraya la falta de información oficial y lamenta que «ningún responsable del ayuntamiento ha venido a informarnos al respecto».

De este modo, se produce un claro contraste entre las transformaciones visibles en el entorno urbano y la ausencia de una comunicación institucional clara sobre las intenciones de las autoridades.

La hipótesis de un traslado circula con fuerza entre los puestos, sin que ningún anuncio formal lo ratifique. Este posible proyecto formaría parte de un programa de remodelación de Casablanca que incluye la demolición de viviendas antiguas en la medina.

Ante estos rumores, los comerciantes mantienen una actitud prudente. Fatou Thiaw expresa esta posición de espera al declarar que «por ahora no tenemos ninguna información, a pesar de los rumores que se escuchan».

No obstante, también muestra su disposición a cumplir con una eventual orden oficial: «Si las autoridades lo consideran necesario, no tendremos otra opción y acataremos la decisión, con la esperanza de que se nos proponga otro lugar». Estas palabras reflejan una doble realidad, la de la falta de visibilidad a corto plazo y la dependencia de las decisiones de las autoridades locales sobre el futuro del mercado.

Falta de claridad confirmada por los representantes locales

La ausencia de información también ha sido señalada por los representantes del sector. Abdelmaoula Moujahid, presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado Modelo de la medina de Casablanca, maneja varias hipótesis pero ninguna certeza. «Quizás estén esperando a que termine la construcción del nuevo mercado en Bab Marrakech para trasladarnos allí. Todo sigue siendo confuso y no tenemos respuestas», afirma.

Estas declaraciones ponen de manifiesto una situación caracterizada por el silencio administrativo y la propagación de informaciones informales, que condicionan las expectativas de los comerciantes sin ofrecerles un marco de actuación claro.

Por su parte, algunos vendedores prefieren relativizar el impacto de los cambios actuales. Seynabou Jojo Diop, que reside en Marruecos desde hace diecinueve años —siete de ellos en este mercado—, mantiene una postura comedida: «Por el momento no puedo decir nada. Llevo casi dos décadas en este país y nadie me ha anunciado nunca una salida inminente».

Además, insiste en que no ha habido ninguna comunicación formal: «No me han dicho nada de manera oficial. En mi opinión, solo son rumores».

Respecto a las obras en las inmediaciones, Diop establece una distinción clara al señalar que «detrás del mercado había casas que ya estaban destinadas a ser demolidas, algo que no tiene nada que ver con nuestra actividad».

Esta interpretación introduce un matiz relevante al desvincular las transformaciones urbanísticas de la continuidad del mercado.

Clientela diversa y un fuerte arraigo cultural

La vitalidad del mercado reside también en su base de clientes, compuesta por ciudadanos africanos de diversas procedencias. Seynabou Jojo Diop describe este ambiente multicultural resaltando que trabajan allí como senegalesas, pero reciben a clientes de muchas nacionalidades, como malienses o guineanos, entre otros muchos africanos.

«Nos sentimos como en casa. Realmente estamos muy bien aquí», añade, subrayando el sentimiento de pertenencia que genera el lugar.

Esta dimensión social trasciende la actividad puramente comercial para convertirse en un espacio de identificación colectiva, donde el mercado actúa como punto de referencia para una comunidad extensa.

El mercado no solo atrae a los residentes, sino también a visitantes ocasionales que valoran su atmósfera particular. Abdoulaye Bathily, asiduo al lugar, confiesa que «para quienes estamos de paso, venir aquí nos devuelve a África. De alguna manera, reencontramos nuestras raíces».

Bathily destaca la riqueza de las interacciones culturales y sostiene que «observar esta mezcla afro-árabe es algo muy enriquecedor». Su testimonio resalta la importancia del mercado como un espacio de encuentro entre diferentes identidades, reforzando su papel más allá de la economía.

Un punto de interés en la dinámica turística de la ciudad

El mercado senegalés también se ha integrado en la oferta turística de Casablanca. Abierto todos los días de 9:00 a 22:00 horas, atrae a visitantes que buscan una experiencia inmersiva. Sus puestos coloridos, los productos de artesanía y el bullicio constante lo convierten en un punto de interés para los turistas que recorren la medina.

La experiencia que ofrece se basa en la combinación de varios elementos, como el descubrimiento de objetos artesanales, el contacto directo con los vendedores y la oportunidad de degustar especialidades de cocina callejera. Todo ello contribuye a una inmersión en un entorno cultural específico donde el trato humano es fundamental.

En conclusión, los testimonios coinciden en un punto: el mercado funciona hoy con normalidad, aunque se desarrolla en un contexto marcado por cambios urbanos evidentes y rumores de traslado.

La falta de un anuncio oficial es la principal fuente de incertidumbre, dejando a los comerciantes en una posición de espera. Esta situación genera un equilibrio frágil entre la estabilidad del día a día y la duda sobre el futuro del emplazamiento. Con todo, el mercado senegalés se mantiene como un espacio económico vivo, impulsado por dinámicas sociales y culturales profundas cuya evolución final dependerá de decisiones que, por ahora, siguen sin concretarse.

Por Mouhamet Ndiongue y Adil Gadrouz
El 06/05/2026 a las 15h45