Un total de 18 pulseras electrónicas instaladas y una aplicación limitada de las penas alternativas es el balance presentado por Abdellatif Ouahbi, ministro de Justicia, durante la sesión de preguntas orales celebrada este lunes 20 de abril en la Cámara de Representantes.
La «multa diaria» solo ha beneficiado a 926 personas, lo que representa una tasa de aplicación del 43,6%. Más llamativo aún, la pulsera electrónica, presentada como una herramienta clave para descongestionar las cárceles y reducir la prisión preventiva, apenas se ha aplicado en 18 casos hasta la fecha.
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«La prisión no es una solución», afirmó Abdellatif Ouahbi. El ministro reconoció que la aplicación de estas medidas sigue siendo lenta pese al marco jurídico existente, y atribuyó estos resultados «modestos» a una resistencia al cambio dentro del sistema judicial. También señaló la «lentitud» en la adopción de estas prácticas por parte de jueces y fiscales, admitiendo no entender por qué persiste esta inercia.
El reto es, sin embargo, considerable. Con solo 794 condenados orientados hacia trabajos de interés general, el sistema sigue privilegiando el encarcelamiento, una opción que el ministro considera «un nudo que complica aún más la situación» en lugar de resolverla.
Romper el ciclo de la «escuela del crimen»
La argumentación del ministro se basa en una convicción clara: la prisión, en su forma actual, resulta contraproducente para los delincuentes primerizos.
«El sistema actual fabrica criminales», aseguró, señalando la promiscua convivencia en las cárceles. Al encerrar a jóvenes que delinquen por primera vez junto a reclusos experimentados, la prisión deja de ser un espacio de castigo para convertirse en una auténtica «escuela del crimen».
El resultado, según Ouahbi, es que el individuo no sale rehabilitado, sino a menudo más peligroso. Para romper con esta lógica, la estrategia que defiende pasa por transformar la sanción en una forma de aprendizaje basada en la disciplina.
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Apuesta así por una transición hacia el trabajo cotidiano: «De este modo, no los enviamos a prisión para que aprendan el crimen, sino que los formamos en el trabajo diario y en la importancia del esfuerzo», explicó ante los diputados.
Sustituyendo la celda por el aprendizaje del trabajo diario, la justicia busca imponer una disciplina de vida. El objetivo es convertir las penas alternativas en una «práctica habitual» en los tribunales marroquíes, garantizando al mismo tiempo que la sanción preserve los vínculos sociales y favorezca la reinserción a través del esfuerzo.
