Premios de los Marroquíes del Mundo 2026: Marrakech celebra a una diáspora convertida en fuerza estratégica

Los premiados, miembros del jurado y organizadores de los Premios de los Marroquíes del Mundo durante la octava edición celebrada el 9 de mayo de 2026 en Marrakech.

El 10/05/2026 a las 17h30

VídeoMédicos, empresarios, magistrados, cineastas o deportistas de élite. La octava edición de los Premios de los Marroquíes del Mundo (TMM), celebrada el pasado 9 de mayo en Marrakech, reunió a una constelación de perfiles marroquíes llegados de distintos continentes. Más allá de la gala, la velada sirvió para proyectar una determinada idea de Marruecos en el mundo: un país ambicioso, plural y conectado con su diáspora.

Marrakech, puerta de África y antesala de Europa, resumía por sí sola el espíritu de esta edición de los TMM: una identidad marroquí que no se repliega sobre sí misma, sino que se exporta, se proyecta y tiende puentes. Invitados procedentes de Francia, Bélgica, Países Bajos, España, Luxemburgo, Canadá o Alemania se dieron cita en los salones del Palais Es-Saadi, reflejando la amplitud de una diáspora marroquí estimada hoy en cerca de seis millones de personas en todo el mundo.

Fundado hace veintitrés años como una revista destinada a representar a la comunidad marroquí en el extranjero, el proyecto evolucionó progresivamente hasta convertirse en la Fundación TMM. Durante el discurso inaugural, Amine Saad recordó con orgullo esa trayectoria: «Primero fuimos un medio, luego llegaron los eventos, pero siempre con la misma misión: valorizar, reunir y hacer brillar a los marroquíes del mundo». Más de dos décadas de trabajo que transformaron una iniciativa editorial en una institución de referencia para la diáspora.

Frente a una sala que seguía atentamente sus palabras, Ilham Kadri rechazó encerrar la identidad de los marroquíes del mundo en una lógica de «entre dos culturas». «Ser marroquí del mundo no es vivir entre dos países, sino pertenecer a varios mundos al mismo tiempo», afirmó, reivindicando una tradición fenicia, la de un pueblo de navegantes que iba «de puerto en puerto». Una metáfora marítima que resonó con fuerza durante la noche: la movilidad entendida como una fortaleza.

Su intervención derivó rápidamente hacia un terreno más estratégico. Para Kadri, la diáspora marroquí es mucho más que una red afectiva: constituye una ventaja competitiva para Marruecos en plena reconfiguración geopolítica mundial. Como ejemplo, citó el liceo de excelencia de Ben Guerir, del que un tercio de los estudiantes logra ingresar actualmente en la prestigiosa École Polytechnique francesa. «Cuando un país invierte en sus jóvenes, en la ciencia y en sus mujeres, invierte en su soberanía», sostuvo antes de dirigirse directamente a los premiados de la noche: «Marruecos necesita de vosotros. No solo de vuestro capital, sino también de vuestro saber hacer, vuestro acompañamiento y la excelencia que transmitís».

La exministra francesa de Educación y presidenta del jurado de esta edición, Najat Vallaud-Belkacem, prolongó esa reflexión desde un registro más íntimo. La dirigente evocó el tiempo que necesitó para comprender el valor del vínculo con el país de origen. «Necesitamos varios años para entender hasta qué punto era valioso mantener permanentemente ese lazo entre países. Ojalá vosotros seáis más rápidos que nosotros en esa tarea», declaró ante los premiados y nominados.

Un mapa del talento marroquí global

El corazón de la ceremonia fue, naturalmente, el palmarés. Seis categorías —arte y cultura, investigación científica, empresa, vida asociativa, política y deporte— que, reunidas, trazaron una radiografía del Marruecos global contemporáneo.

En la categoría de arte y cultura, el galardón fue para Rachida El Garani, cuyo primer cortometraje de ficción, «Rachid», obtuvo quince premios, incluido el Gran Premio del Festival Nacional de Cine de Tánger. Competía con Nabil Aitakkaoualli, autor del largometraje «Sur la route de papa», centrado en los vínculos de una familia inmigrante entre Marruecos y Francia, y con Jalal Bouzamour, que documenta desde Ámsterdam las trayectorias de la diáspora marroquí en Países Bajos.

En investigación científica, el jurado distinguió a Nabila Bouatia-Naji, profesora del Inserm en la Universidad París Cité y especialista en enfermedades cardiovasculares femeninas. Sus trabajos sobre la disección espontánea de la arteria coronaria le valieron una beca ERC y el premio Inserm-OPECST 2025. Entre los nominados figuraban también Abdesselam Abdelouas y Hanan El Marroun, autora de más de 130 publicaciones científicas.

En el apartado empresarial, el trofeo recayó en Mohammadi Akhabach. Autodidacta del mundo digital, cofundó Lieferheld y desarrolló posteriormente varias plataformas tecnológicas, entre ellas AMIRAWelt, dirigida a la comunidad árabe en Alemania. Una trayectoria que ilustra la capacidad de la diáspora marroquí para abrirse camino en el núcleo de las economías digitales europeas.

De París a Bruselas, pasando por Montreal

En vida asociativa, el premiado fue Youssef Badr, magistrado de la Fiscalía de París y fundador de la asociación Courte Échelle. Desde septiembre de 2024, la organización ha acompañado más de 15.000 expedientes de estudiantes de Derecho afectados por abandono universitario. Reconocida de utilidad pública en julio de 2025, la asociación le permitió recibir la distinción de caballero de la Orden Nacional del Mérito en Francia.

En política, el trofeo fue entregado a Karim Bouamrane, reelegido en marzo de 2026 con el 56% de los votos. Hijo de inmigrantes marroquíes, dirige desde 2020 esta ciudad del área metropolitana de París y preside desde 2022 la Société des Grands Projets. Su trayectoria simboliza el ascenso de una generación surgida de la diáspora en el corazón de las instituciones francesas.

El premio deportivo fue para Nabil Khachab, luchador de 25 años apodado «The Tank». Formado en Utrecht, se ha consolidado en Glory, uno de los circuitos más exigentes del kickboxing internacional, donde derrotó recientemente al veterano Benjamin Adegbuyi. Un perfil que encarna a una nueva generación de deportistas marroquíes de la diáspora que triunfa en Europa con ambición global.

Una diáspora convertida en apuesta estratégica

El jurado de esta octava edición estuvo presidido por Najat Vallaud-Belkacem y reunió a perfiles cuyos propios recorridos reflejan el espíritu del evento, entre ellos Mohamed Chaib, Samira Fafi Kremer, Abderrafie Hamdi y Amale Daoud.

Con el paso de las horas y mientras la noche tomaba por completo los jardines del recinto, la sensación que dejaba la gala era clara: la diáspora marroquí ya no es únicamente una realidad humana o social. Está convirtiéndose, como resumió Ilham Kadri, en «una fuerza estratégica para el brillo del Reino». El Marruecos que se prepara para el Mundial de 2030, el de las energías renovables o el de los polos de excelencia académica, también se construye desde Bruselas, Ámsterdam, París o Montreal.

Lo que consiguió recordar esta octava edición de los TMM es que los marroquíes del mundo ya no representan un capítulo periférico en la historia del Reino. Son, cada vez más, uno de sus ejes más decisivos.

Por Camilia Serraj y Abderrahim Et-Tahiry
El 10/05/2026 a las 17h30