La escalada de tensiones en Oriente Medio, marcada por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz desde principios de marzo, está alterando en profundidad las cadenas logísticas globales. Este paso estratégico, por el que transita habitualmente cerca de un tercio del comercio mundial de petróleo, constituye un eje vital del transporte marítimo internacional. Su paralización actúa como un shock sistémico cuyas repercusiones ya empiezan a percibirse en el puerto de Tanger Med, convertido en un observatorio privilegiado de esta reconfiguración.