El viaje olvidado de Lorca a Marruecos

Federico García Lorca (1898-1936)

El 31/05/2026 a las 11h45

En diciembre de 1931, Federico García Lorca recorrió el norte del Protectorado español junto a una delegación oficial de la Segunda República. Durante décadas, aquel episodio permaneció casi borrado de su biografía. Hoy, las investigaciones históricas revelan que aquellos cuatro días en Tetuán, Chefchaouen, Ksar el Kébir y Larache no solo mostraron a un Lorca profundamente implicado en el proyecto republicano, sino que incluso terminarían alimentando algunas de las acusaciones utilizadas años después contra él.

Federico García Lorca llegó a Marruecos en pleno invierno, cuando la Segunda República española apenas comenzaba a definir su proyecto político y cultural. No desembarcó como poeta bohemio ni como escritor en busca de exotismo oriental. Tenía treinta y tres años y viajaba como secretario del ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, uno de los intelectuales más influyentes del republicanismo español.

Aquel viaje, realizado entre finales de diciembre de 1931 y comienzos de 1932, permaneció durante décadas en una especie de penumbra histórica. Apenas aparecía mencionado en las grandes biografías del poeta granadino. Sin embargo, investigaciones posteriores, especialmente las del historiador Miguel Caballero Pérez, autor de Lorca en África crónica de un viaje al Protectorado Español de Marruecos 1931, permitieron reconstruir el recorrido de Lorca por el entonces Protectorado español de Marruecos y devolver a la luz un episodio que hoy adquiere una dimensión mucho más profunda.

Un hombre de Estado

Durante varios días, Lorca acompañó a la delegación republicana por ciudades como Tetuán, Chefchaouen, Ksar el Kébir y Larache. El objetivo oficial del viaje era inspeccionar escuelas e impulsar reformas educativas en el Protectorado, uno de los grandes proyectos modernizadores de la República. Pero la visita también tenía una evidente carga política, ya que Madrid quería consolidar la autoridad civil republicana en un territorio marcado todavía por fuertes tensiones militares y coloniales.

En ese contexto, Lorca dejó de ser únicamente el poeta de Granada para convertirse, aunque fuera temporalmente, en un hombre de Estado.

Las investigaciones históricas sostienen que el escritor colaboró en la preparación de algunos discursos pronunciados por Fernando de los Ríos durante la estancia marroquí. Y no eran discursos menores. La delegación republicana defendía una visión mucho más abierta de la relación entre España, el Mediterráneo y las distintas comunidades culturales del Protectorado.

Uno de los momentos más simbólicos tuvo lugar en Tetuán, donde las autoridades republicanas mantuvieron contactos con representantes de la comunidad sefardí. Aquellos encuentros reflejaban una idea de España radicalmente distinta de la defendida por los sectores nacionalistas y conservadores de la época, una España capaz de reconocerse también en su memoria judía, árabe y mediterránea. Visto desde hoy, resulta difícil no encontrar ecos de esa sensibilidad en la propia obra de Lorca.

La memoria andalusí

Aunque Marruecos nunca ocupó un lugar explícito y central en sus escritos, el universo cultural andalusí atraviesa buena parte de su poesía. Granada, la Alhambra, la musicalidad árabe, las formas poéticas orientales presentes en Diván del Tamarit y la fascinación por las culturas marginales formaban ya parte esencial de su imaginario literario. Marruecos aparecía así no como un decorado lejano, sino como la prolongación geográfica y emocional de una memoria andalusí que Lorca llevaba consigo desde la infancia.

Pero el verdadero peso histórico de aquel viaje solo se entendería años después. Según la documentación estudiada por Miguel Caballero Pérez, algunos episodios ocurridos durante la estancia marroquí acabarían siendo utilizados indirectamente contra Lorca tras el levantamiento militar de 1936. Los contactos de la delegación con círculos sefardíes y ambientes próximos a la masonería alimentaron posteriormente acusaciones de «marxista», «masón» y «judío» dirigidas tanto contra Fernando de los Ríos como contra el entorno republicano del poeta granadino.

La paradoja resulta brutal. Aquel viaje concebido como una misión institucional y educativa terminó integrándose, años más tarde, en el clima de sospecha y odio ideológico que rodeó el asesinato de Lorca al comienzo de la Guerra Civil española. Y quizá sea precisamente eso lo que vuelve tan fascinante este episodio olvidado de su vida. Porque el Marruecos que encontró Lorca en 1931 no fue el del orientalismo romántico ni el de las fantasías coloniales europeas. Fue un territorio atravesado por tensiones políticas, identidades múltiples y debates culturales que también agitaban la España republicana. Un espacio donde convivían militares, intelectuales, sefardíes, nacionalistas, reformistas y administradores coloniales bajo una atmósfera cada vez más incierta.

Lorca apenas pasó unos días allí. Pero, de algún modo, Marruecos terminó cruzándose fugazmente en el destino del poeta más universal de España.

Por Faiza Rhoul
El 31/05/2026 a las 11h45