La chachiya jeblia, el sombrero de paja que se ha convertido en un símbolo del norte de Marruecos

La chachiya jeblia.

El 10/07/2026 a las 10h27

VídeoEn los campos del norte de Marruecos es imposible no verla. Sobre la cabeza de mujeres y hombres, la chachiya jeblia acompaña desde hace generaciones las labores agrícolas. De Chefchaouen a Ouazzane, pasando por Tétouan, Fahs-Anjra y Beni Arous, este sombrero de paja trenzada protege del sol y, al mismo tiempo, representa un saber hacer ancestral profundamente arraigado en el patrimonio de la región.

En cuanto suben las temperaturas y se intensifican las tareas agrícolas, una silueta familiar vuelve a aparecer en el campo del norte del Reino. Sobre la cabeza de mujeres y hombres que trabajan la tierra, recorren senderos de montaña o acuden al zoco, la chachiya jeblia acompaña desde hace generaciones la vida cotidiana de las poblaciones rurales. Junto con el célebre pañuelo tradicional del norte, sigue siendo uno de los símbolos más representativos de la cultura jeblia.

Aunque hoy en día la llevan principalmente las mujeres durante el verano, los hombres también continúan utilizándola en varias zonas, especialmente en Anjra, Chefchaouen, Ouazzane y Beni Arous, en la provincia de Larache. Este tocado recibe, además, distintos nombres según la región: en el norte se conoce como «chachiya», mientras que en otras zonas recibe el nombre de «Taraza».

Detrás de su aparente sencillez se esconde un auténtico trabajo artesanal. La chachiya se confecciona íntegramente a mano con hojas de doum, a veces mezcladas con hojas de palmera. Las artesanas comienzan a elaborarlas entre abril, mayo y junio para que estén listas durante la época más calurosa del año y acompañen a los habitantes a lo largo de toda la temporada de cosechas.

Más allá de su valor tradicional, la chachiya responde, sobre todo, a una necesidad práctica. Gracias al trenzado del doum, protege eficazmente la cabeza de los rayos del sol al tiempo que permite la circulación del aire, proporcionando una agradable sensación de frescor durante las largas jornadas en el campo o en los mercados. Las hojas utilizadas se recolectan cada año, en el mes de mayo, en distintos bosques del norte de Marruecos, antes de ser cuidadosamente preparadas y trenzadas.

Durante mucho tiempo asociada exclusivamente al mundo rural, esta prenda ha ido encontrando nuevos usos. Algunos comerciantes y vendedores de los zocos la han incorporado a su vestimenta diaria y hoy también forma parte de los trajes tradicionales que se lucen durante fiestas locales, festivales y eventos dedicados a la promoción del patrimonio marroquí.

Con el paso del tiempo, su estética también ha evolucionado sin renunciar a sus raíces. En varias regiones, especialmente en los alrededores de Chefchaouen, los modelos femeninos incorporan pequeños pompones de lana de color rojo o azul oscuro que les aportan un toque de color. Los modelos masculinos siguen siendo más sobrios, aunque algunas cooperativas artesanales añaden discretos adornos.

La transmisión de este saber hacer corre a cargo de artesanas, así como de varias cooperativas establecidas en Chefchaouen, Fahs-Anjra y los alrededores de Tétouan. Todas ellas trabajan para preservar las técnicas tradicionales de fabricación y contribuir así a mantener vivo un patrimonio que sigue despertando interés mucho más allá de las montañas del norte.

La historia de este tocado también está marcada por diversas influencias. Algunas fuentes atribuyen a la «Taraza» del sur un origen amazigh, mientras que la chachiya jeblia estaría vinculada al legado andalusí. Sombreros muy similares pueden verse, además, en algunas regiones de México, donde habrían llegado durante la presencia española, alimentando la hipótesis de una herencia ibérica compartida.

En los mercados y talleres, los precios varían según la calidad del trenzado y el nivel de acabado. Los modelos más sencillos cuestan alrededor de 40 dirhams, mientras que los más elaborados, especialmente los decorados a mano, pueden alcanzar o superar los 150 dirhams, un precio que refleja el tiempo, la paciencia y el saber hacer necesarios para fabricar cada pieza.

Por Said Kadry
El 10/07/2026 a las 10h27