«Yo escribo directamente en español, no pienso en árabe sino que escribo en español para acercar las dos culturas y se disipen los nubarrones que puedan existir entre los dos países.» Pocas frases resumen tan bien la trayectoria de Mohamed Sibari. Pronunciada apenas un año antes de su fallecimiento, en 2013, esta declaración sintetiza el proyecto literario que marcó toda su vida. Para él, el español nunca fue una lengua extranjera ni un simple legado histórico del norte de Marruecos. Fue una elección consciente.
En una época en la que la mayor parte de la producción literaria marroquí se escribía en árabe o en francés, Sibari decidió expresarse directamente en castellano. No traducía sus textos ni concebía sus novelas en otra lengua antes de escribirlas. Pensaba, imaginaba y narraba en español porque entendía que esa lengua le permitía explicar Marruecos a un público más amplio y, al mismo tiempo, contribuir a un mejor conocimiento mutuo entre ambos países.
La investigadora Nabila Boumediane, autora de la tesis doctoral más completa dedicada al escritor, sostiene que toda su producción responde precisamente a esa voluntad de construir un espacio de encuentro entre dos universos culturales que Sibari conocía profundamente. Su literatura no pretende renunciar a la identidad marroquí; al contrario, busca proyectarla mediante una lengua compartida por millones de lectores.
Nacido en Larache el 18 de abril de 1945, Mohamed Sibari perteneció a una generación que creció en el norte del Reino cuando el español seguía formando parte de la vida cotidiana de numerosas ciudades. Estudió en el colegio Luis Vives de su ciudad natal antes de licenciarse en Literatura Española en la Universidad de Granada. De regreso a Marruecos ejerció como profesor de español y posteriormente trabajó durante años en el Hospital Provincial de Tánger, sin abandonar nunca la escritura.
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Desde muy pronto entendió que su compromiso con el español no consistía únicamente en utilizar una lengua distinta para escribir novelas. Su propósito era más ambicioso: demostrar que el castellano también podía convertirse en una lengua de creación plenamente marroquí.
El pionero de una literatura marroquí en español
Si hoy existe una literatura marroquí de expresión española reconocida por universidades y especialistas, Mohamed Sibari ocupa un lugar central en esa historia.
Su novela El caballo, publicada en 1993, está considerada como la primera obra de ficción escrita por un autor marroquí en español y editada en Marruecos, un hito que marcó el inicio de una nueva etapa para las letras hispanomarroquíes. A partir de entonces desarrolló una producción constante integrada por novelas, poemarios y relatos en los que fue construyendo una voz propia, profundamente vinculada a la realidad del Reino.
Sin embargo, su legado no se limita a sus libros. Mohamed Sibari entendía que una literatura solo puede consolidarse cuando deja de ser un esfuerzo individual y se convierte en un proyecto colectivo. Por eso participó en la creación de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española, de la que fue uno de sus impulsores y secretario general. La propia asociación nació en su casa de Larache, donde recibía a jóvenes autores, revisaba manuscritos y compartía lecturas.
«Yo ayudaba, orientaba, corregía», recordaría años después al evocar aquellos encuentros.
Gracias a ese trabajo silencioso contribuyó a formar una nueva generación de escritores marroquíes que eligieron también el español como lengua de expresión, consolidando un movimiento literario que hoy cuenta con reconocimiento académico tanto en Marruecos como en España.
Larache, el lugar al que siempre regresaba
Aunque desarrolló buena parte de su vida profesional en Tánger y pasó varios años estudiando en Granada, había un lugar del que nunca conseguía desprenderse. Larache.
«Yo salgo de Larache y no puedo escribir», confesaba.
No era una simple declaración de afecto hacia su ciudad natal. Larache constituía el auténtico territorio literario de Sibari. Sus calles, sus cafés, sus personajes, su memoria y su diversidad religiosa aparecen de manera recurrente en sus novelas.
El escritor evocaba con frecuencia la convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos que había conocido durante su infancia. Recordaba una ciudad donde las distintas comunidades compartían la vida cotidiana «como hermanos», una experiencia que marcaría profundamente su manera de entender la sociedad y que terminaría impregnando toda su obra.
Para Sibari, Marruecos nunca fue un escenario exótico destinado a satisfacer la mirada del lector extranjero. Era un país complejo, plural y profundamente humano que debía ser contado desde dentro. Y Larache era la puerta de entrada a ese universo.
Contar Marruecos desde una mirada marroquí
Uno de los aspectos que más destacan los especialistas es que Mohamed Sibari nunca utilizó el español para escribir una literatura española. Utilizó el español para escribir una literatura marroquí. Sus novelas hablan de la emigración, la transformación social, la memoria, las relaciones familiares, la condición de la mujer, el honor, las desigualdades o la corrupción, siempre desde una perspectiva profundamente arraigada en la realidad del Reino. A ello se suma un lenguaje que incorpora expresiones, referencias culturales y formas de entender el mundo propias de Marruecos, enriqueciendo el castellano con una sensibilidad distinta.
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Esa capacidad para combinar dos universos culturales sin renunciar a ninguno constituye probablemente la principal aportación de Sibari a la literatura contemporánea. No buscó escribir «como un español». Escribió como un escritor marroquí que había encontrado en el español la mejor herramienta para expresar su propia identidad.
Un legado que sigue vivo
Mohamed Sibari falleció en Larache el 28 de noviembre de 2013, pero su obra continúa despertando el interés de investigadores y universidades. Estudios académicos, congresos y tesis doctorales han contribuido en los últimos años a recuperar la figura de quien abrió un camino prácticamente inexplorado en las letras marroquíes de expresión española.
Quizá esa sea la mejor medida de su legado. No solo dejó novelas y poemas. También dejó una forma de entender la literatura como espacio de encuentro.
En una época marcada por las tensiones políticas entre las dos orillas del Estrecho, Sibari defendía que la cultura podía desempeñar un papel diferente. Su respuesta no fue el enfrentamiento, sino la escritura. No eligió el español para alejarse de Marruecos, sino para acercarlo a sus lectores y demostrar que las lenguas, lejos de levantar fronteras, también pueden tender puentes.
