Una obra de Latifa Toujani entra en la colección del Guggenheim Abu Dabi

El Museo Guggenheim Abu Dabi.

El 18/08/2026 a las 15h09

Figura singular y comprometida del arte marroquí, Latifa Toujani da un nuevo paso en su reconocimiento internacional. Un óleo sobre lienzo de la década de 1970 acaba de incorporarse a la colección del Guggenheim Abu Dabi, que abrirá sus puertas al público el 11 de diciembre de 2026. Una consagración para una artista que durante mucho tiempo permaneció al margen de los grandes relatos sobre el arte moderno marroquí.

El nombre de Latifa Toujani está a punto de entrar en la historia del Guggenheim Abu Dabi. El museo, diseñado por el arquitecto Frank Gehry, recibirá a sus primeros visitantes el 11 de diciembre de 2026 en la isla de Saadiyat y contará en su colección con una obra de la artista marroquí: un óleo sobre lienzo de 1,99 metros por 99 centímetros realizado en la década de 1970.

«Después de la Colección Barjeel de Dubái, la Fundación Dalloul de Beirut y el Mathaf de Doha, ahora es el Guggenheim Abu Dabi el que acoge y reconoce su trabajo como militante y observadora de la realidad social de las sociedades árabes», destaca Hicham Daoudi, director general de la Compañía Marroquí de Obras y Objetos de Arte (CMOOA) y fundador de la galería Le Comptoir des mines de Marrakech, que acompaña desde hace varios años la trayectoria de la artista.

La incorporación de la obra al Guggenheim adquiere una resonancia especial si se tiene en cuenta la trayectoria de Toujani. El futuro museo de Abu Dabi reunirá una colección internacional que abarca desde la década de 1960 hasta la actualidad, con especial atención a artistas y voces históricamente infrarrepresentados, particularmente los procedentes del norte de África y del mundo árabe.

Una artista multidisciplinar

Pintora, grabadora, fotógrafa, dibujante, creadora de instalaciones y artista comprometida, Latifa Toujani ha recorrido más de cinco décadas de creación sin dejarse encasillar en una única disciplina o estética.

Nacida en 1948 en el seno de una familia tradicional de Fès, mostró desde muy joven un profundo interés por el dibujo y la literatura árabe. Entre 1965 y 1968 comenzó a pintar en Lille, antes de continuar su trayectoria en Rabat, donde se instaló cerca de Bab Rouah a finales de la década de 1960.

Allí descubrió a las grandes figuras de la escena artística marroquí y frecuentó, entre otros, a Larbi Belcadi, Moulay Ahmed Drissi, Mekki Murcia y Mohammed Kacimi.

Desde sus primeras obras, desarrolló un lenguaje de gran fuerza. La condición femenina, la soledad, el encierro, la pobreza, las relaciones de poder y Palestina ocuparon muy pronto un lugar central en su trabajo.

En 1972 figuró entre los miembros fundadores de la Asociación Marroquí de Artes Plásticas (AMAP). Un año más tarde presentó su primera gran exposición individual en la Galería Nacional Bab Rouah de Rabat.

«Palestina espera»

La causa palestina ocupa desde muy temprano un lugar destacado en su obra. En 1974, Latifa Toujani fue invitada a realizar varios carteles con motivo de la Cumbre Árabe celebrada en Rabat. Entre ellos se encontraba «Palestina espera», convertido en uno de los trabajos más emblemáticos de su compromiso.

En lugar de representar directamente la violencia del conflicto, la artista optó por los signos y los símbolos: la paloma, la mano y la escritura árabe. Una forma de convertir la pintura en un espacio de expresión política sin renunciar a la poesía de la imagen.

Ese mismo año participó en la Bienal de Bagdad, una importante cita para la creación plástica árabe. Posteriormente amplió su formación en grabado en Salzburgo, Austria, y tomó parte en varias manifestaciones artísticas árabes y magrebíes.

En 1975 participó en la exposición itinerante «Palestina», presentada en Rabat, Argel y Túnez.

Una artista comprometida con los derechos de las mujeres

En la obra de Toujani, el compromiso político se acompaña de una profunda reflexión sobre la condición femenina. Junto a figuras como Fatima Mernissi, participó en los debates sobre los derechos de las mujeres en Marruecos.

En 1979 tomó parte en las manifestaciones «Limited Unlimited» y «Woman Caucus for Art», organizadas en el Women’s Art Center de Washington.

Pero Toujani no se limitó a representar a las mujeres. Progresivamente buscó otorgarles un lugar dentro de su propia mirada, especialmente a través de la fotografía.

Durante la década de 1980 dio un giro importante a su práctica artística. Tomó la cámara y comenzó a documentar universos religiosos y rituales a menudo difíciles de penetrar, especialmente para las mujeres.

Fotografiar lo sagrado

A partir de 1982, Latifa Toujani fotografió los musems y las prácticas de las cofradías vinculadas a Sidi El Hadi Ben Aïssa, en Meknès, así como a Sidi Ali Ben Hamdouch y Lalla Aïcha Hamdouchia.

Su mirada rehúye el simple testimonio folclórico. La artista se sumerge en las ceremonias y centra su atención en los gestos, los cuerpos, los rostros y la relación de las personas con lo sagrado.

Sus fotografías muestran especialmente a las mujeres que participan en los rituales, entre ellas las célebres «Mujeres suspendidas» del árbol de Aïcha en Sidi Ali Ben Hamdouch.

Para Toujani, la fotografía se convierte así en una herramienta documental, pero también en una forma de interrogar lo sagrado, el cuerpo y el lugar de las mujeres en la sociedad marroquí.

En la serie «Mujeres del Atlas», realizada principalmente en 1987 y 1988, retrató a mujeres marroquíes con sus tatuajes, joyas y vestimentas tradicionales. Sin embargo, su enfoque se aleja de cualquier mirada etnográfica o exotizante. Lo que le interesa, ante todo, es su presencia, su individualidad y su mirada.

Esta atención al cuerpo femenino ya era perceptible en la serie «Cuerpos, signos, henna», iniciada en 1979, en la que el cuerpo se convierte en un territorio de memoria, símbolos y expresión.

En 1997, Toujani participó en la exposición fotográfica «Retrats de l’Anima» en la Fundació La Caixa de Barcelona, donde representó a Marruecos junto a destacados fotógrafos, entre ellos el maliense Malick Sidibé.

De los cuerpos a las letras, de lo real a lo místico

Durante la década de 1990 cobró fuerza una nueva dimensión de su trabajo: la búsqueda espiritual. Toujani desarrolló entonces una serie de instalaciones textiles reunidas bajo el título «Maqamats Latifa». Los tejidos, la letra árabe, las formas geométricas y las referencias al misticismo se convirtieron progresivamente en los elementos de un nuevo vocabulario plástico.

Obras como «Cosmogonie alphabesque», «Hawa al horouf» y «Dôme de la main Henné», realizadas en torno a 1998, dan testimonio de esta búsqueda.

Sin embargo, esta evolución no supone una ruptura. Las mismas líneas atraviesan las diferentes etapas de la creación de Toujani: la letra árabe, el cuerpo, la memoria, la espiritualidad, la cuestión política y la condición humana.

Un reconocimiento tardío

Durante años, Latifa Toujani permaneció prácticamente ausente de los grandes relatos sobre el arte moderno y contemporáneo marroquí.

Su obra recuperó visibilidad institucional en 2014, con motivo de la exposición inaugural del Museo Mohammed VI de Arte Moderno y Contemporáneo de Rabat.

En 2021 dio un nuevo paso con su participación en «Trilogía marroquí 1950-2020», presentada en el Museo Reina Sofía de Madrid. La exposición contribuyó a reinscribir su trabajo en una historia más amplia de la creación marroquí y despertó un renovado interés entre investigadores, coleccionistas e instituciones internacionales.

En mayo de 2025, Le Comptoir des mines le dedicó en Marrakech una exposición individual titulada «Latifa, también pionera».

La retrospectiva propuso una nueva lectura de su trayectoria desde la década de 1970 hasta comienzos de los años 2000, reuniendo pinturas, grabados, fotografías, dibujos, obras textiles e investigaciones gráficas.

De Marruecos a las grandes colecciones internacionales

La incorporación de una obra de Latifa Toujani a la colección del Guggenheim Abu Dabi se inscribe así en un movimiento más amplio de reconocimiento.

Después de la Colección Barjeel de Dubái, la Fundación Dalloul de Beirut y el Mathaf de Doha, esta nueva adquisición confirma el creciente interés de las grandes instituciones y colecciones del mundo árabe por una obra que durante mucho tiempo permaneció alejada de los focos.

La adquisición llega, además, en un momento estratégico para el Guggenheim Abu Dabi, cuya colección se forma desde 2009 y que aspira a poner en diálogo las escenas artísticas de distintas regiones del mundo, prestando especial atención a las voces históricamente menos visibles.

El museo, que abrirá sus puertas el próximo 11 de diciembre, será el cuarto centro de la constelación Guggenheim después de Nueva York, Venecia y Bilbao. Diseñado por Frank Gehry, se extenderá sobre una superficie de 80.000 metros cuadrados y contará con 30 galerías conectadas mediante un atrio central.

Para Latifa Toujani, su entrada en una colección de esta envergadura trasciende el valor de una simple adquisición. Supone el reconocimiento, varias décadas después de sus primeras manifestaciones artísticas, de una trayectoria que nunca ha dejado de poner en diálogo la creación y el compromiso.

Por Qods Chabâa
El 18/08/2026 a las 15h09