Del Atlas a los Andes, el diálogo que faltaba

El 23/08/2026 a las 12h45

El recién publicado África del Norte, América Latina y El Caribe. Diálogos Transatlánticos reúne once investigaciones que cruzan el Atlántico en direcciones poco exploradas. Fátima Mernissi conversa con Gloria Anzaldúa, Gabriela Mistral comparte paisaje con la poeta amazigh Mririda N’Ait Atik y una canción infantil marroquí revela una posible memoria del exilio morisco. Más que buscar semejanzas fáciles, el volumen intenta que dos regiones acostumbradas a mirarse a través de Europa comiencen a pensarse directamente.

Durante generaciones, niños marroquíes han cantado Tk Chbila tiuliulá mientras daban vueltas, saltaban o se tomaban de las manos. La melodía ha circulado en fiestas familiares, grabaciones populares y versiones contemporáneas, incluida una interpretación de ElGrandeToto. Pocos, sin embargo, se han detenido a preguntar qué historia esconden esas palabras.

En uno de los capítulos más sugerentes de África del Norte, América Latina y El Caribe. Diálogos Transatlánticos, la investigadora Caterina Camastra propone leer la canción como un vestigio del trauma causado por la expulsión de los moriscos de la península ibérica. Tk Chbila podría proceder de tariq Ishbilia, «el camino de Sevilla», mientras que tiuliulá conservaría la idea de un regreso imposible a la tierra perdida.

La interpretación no se presenta como una certeza incontestable. Las canciones transmitidas oralmente cambian de forma, pierden palabras y acumulan significados. Pero la hipótesis adquiere fuerza cuando se examinan otros versos de la composición. Uno de ellos afirma «ni me mataron ni me dejaron vivir», una fórmula que condensa el desgarro del destierro. Otro menciona el cáliz que habría sido obligado a beber el expulsado, posible referencia a la humillación religiosa impuesta a los moriscos.

Para Camastra, esos versos no nacieron necesariamente como una canción infantil. Habrían sobrevivido porque, en los juegos, el ritmo termina imponiéndose al significado. Los niños conservan las palabras y los gestos, aunque se haya borrado la historia que les dio origen. La canción funcionaría así como un fósil depositado en la memoria popular.

La misma investigadora coloca esta composición marroquí frente a la ronda cubana Un chino cayó en un pozo. Bajo su apariencia inofensiva, la letra conservaría rastros de la llegada masiva de trabajadores chinos a Cuba durante el siglo XIX, sometidos a unas condiciones que se encontraban a medio camino entre el trabajo contratado y la esclavitud.

Moriscos expulsados rumbo al Magreb y campesinos chinos trasladados al Caribe terminan así unidos por un soporte inesperado, el cancionero infantil. El juego conserva aquello que la memoria consciente ha olvidado. Como escribe Camastra al final de su estudio, en estas canciones todavía puede escucharse «el dolor de un exilio y una migración que sucedieron hace siglos».

Ese cruce resume la principal ambición del libro. No basta con reunir investigaciones sobre el norte de África y América Latina en un mismo volumen. El desafío consiste en obligarlas a encontrarse.

Dos regiones separadas también por el conocimiento

Publicado en Santiago de Chile por Ariadna Ediciones, el volumen cuenta con 297 páginas y ha sido coordinado por las marroquíes Rajae El Khamsi y Latifa Laamarti y los chilenos Eduardo Devés y Raimundo Gregoire. La elección de dos coordinadores de cada región responde a la voluntad de construir una reciprocidad intelectual desde el propio origen del proyecto.

La obra forma parte de la colección Conversaciones Sur-Sur y del proyecto Encuentros Intelectuales Sur-Sur, impulsado por la red RISUR. Sus once trabajos han sido evaluados mediante un sistema de doble ciego y la publicación se encuentra disponible en acceso abierto.

La premisa de partida parece sencilla. El norte de África y América Latina y el Caribe han mantenido menos relaciones que aquellas que cada región ha construido con sus espacios geográficos e históricos más próximos. América Latina ha dialogado intensamente con Europa occidental y América del Norte, mientras el Magreb ha orientado gran parte de sus intercambios hacia Europa y Oriente Medio.

Pero esta distancia no implica que ambas orillas hayan vivido completamente de espaldas. Existen conexiones diplomáticas, migratorias, intelectuales y culturales mucho más densas de lo que suele admitir el conocimiento académico. El problema es que con frecuencia han permanecido dispersas o han sido interpretadas desde centros externos.

El libro parte precisamente de la voluntad de no concebir ambas regiones «como espacios paralelos ni compartimentos estancos», sino como territorios construidos históricamente en relación. Para conseguirlo, los coordinadores imponen una condición metodológica poco habitual. No querían reunir textos sobre el Magreb y otros sobre América Latina que pudieran publicarse uno al lado del otro sin mantener una verdadera conversación.

Cada autor debía abordar alguna dimensión de las dos regiones y establecer un vínculo histórico, literario, político o epistemológico entre ellas. Era necesario, explican los coordinadores, «evitar la comodidad de las miradas autorreferenciales».

Ese método es más importante que la mera reivindicación del «Sur global». No se propone estudiar Marruecos desde París para compararlo después con México observado desde Madrid o Washington. El objetivo es que las preguntas circulen directamente entre Rabat, Tánger, Casablanca, Santiago de Chile, México, La Habana o São Paulo.

Mernissi encuentra a Anzaldúa

Los estudios feministas ocupan una parte central del volumen. Cuatro de sus capítulos analizan cómo las mujeres marroquíes y latinoamericanas han producido pensamiento desde sociedades atravesadas por el patriarcado, las jerarquías sociales y las herencias coloniales.

Uno de los diálogos más fértiles es el que Assia Mohssine establece entre la socióloga marroquí Fátima Mernissi y la escritora chicana Gloria Anzaldúa. A primera vista, sus mundos parecen alejados. Mernissi nació en Fès y convirtió el harén, la interpretación religiosa y la memoria de las mujeres musulmanas en objetos de crítica. Anzaldúa creció en la frontera entre México y Estados Unidos y elaboró su pensamiento desde la experiencia chicana, mestiza, lingüística y sexual.

Mohssine encuentra, sin embargo, una preocupación común. Ambas se preguntaron quién tiene derecho a hablar, qué experiencias son consideradas conocimiento y de qué manera las fronteras materiales y simbólicas delimitan la libertad de las mujeres.

En Mernissi, los hudud, los límites, regulan los cuerpos, el espacio y el acceso femenino a la autoridad. El harén deja de ser únicamente el lugar inmóvil y exótico imaginado por el orientalismo para convertirse también en un espacio de negociación, memoria y resistencia cotidiana.

En Anzaldúa, la frontera es una herida producida por la historia, pero también un territorio desde el que puede surgir una identidad nueva. La autora chicana mezcla inglés, español, spanglish y náhuatl porque rechaza la obligación de escoger una sola lengua y una pertenencia única. Para sobrevivir en la frontera, sostiene, hay que convertirse en «cruce de caminos».

Mernissi, por su parte, interviene en el archivo islámico para mostrar que el patriarcado no domina únicamente mediante la ley, sino también controlando quién interpreta la tradición y qué episodios de la historia merecen ser recordados.

Las dos rechazan la representación de las mujeres musulmanas, chicanas, migrantes o racializadas como sujetos condenados a la pasividad. En sus obras, explica Mohssine, «la agencia se ejerce en el cuerpo, la palabra, la memoria». El margen deja de ser únicamente un lugar de exclusión y se convierte en un punto desde el que producir conocimiento.

El diálogo no pretende borrar las diferencias entre una mujer musulmana en Marruecos y una mujer chicana en Estados Unidos. Demuestra, más bien, que Mernissi y Anzaldúa transformaron los límites que pretendían encerrarlas en herramientas para pensar la libertad.

Dos cátedras para que el diálogo no quede en el papel

El acercamiento entre Marruecos y México no se limita a una comparación teórica. Kaoutar El Amri y Rajae El Khamsi reconstruyen en otro capítulo la cooperación desarrollada entre la Universidad Mohammed V de Rabat y la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 2017, ambas instituciones firmaron un acuerdo que permitió crear dos cátedras paralelas. La UNAM estableció la Cátedra Extraordinaria Fátima Mernissi, mientras que la Universidad Mohammed V inauguró en Rabat, en octubre de 2022, la Cátedra Graciela Hierro, coincidiendo con el 60º aniversario de las relaciones diplomáticas entre Marruecos y México.

Los nombres resumen el espíritu del proyecto. Fátima Mernissi fue una figura decisiva del pensamiento feminista marroquí y del cuestionamiento de las lecturas patriarcales de la historia islámica. Graciela Hierro introdujo el feminismo en la reflexión filosófica mexicana e impulsó la institucionalización de los estudios de género en la UNAM.

Ambas utilizaron la universidad como espacio de transformación y «convirtieron la investigación en una forma de militancia intelectual», subrayan las autoras.

Las cátedras han permitido organizar encuentros sobre movimientos feministas, migraciones, estereotipos de género, religiosidad, inteligencia artificial e inclusión financiera. También han conectado a investigadores de Rabat con la UNAM, el Tecnológico de Monterrey y otras instituciones mexicanas.

Es uno de los ejemplos más concretos que ofrece el volumen. La cooperación Sur-Sur deja de ser una consigna diplomática y se traduce en seminarios, publicaciones, movilidad, traducciones y proyectos compartidos. El diálogo entre Marruecos y México, concluyen las investigadoras, «no solo es viable, sino indispensable».

Mistral y Mririda ante el mismo río

La literatura proporciona algunos de los encuentros más inesperados. Sahar Ouafqa coloca frente a frente a Gabriela Mistral y Mririda N’Ait Atik, dos poetas nacidas en territorios montañosos y separadas por la lengua, la formación y el reconocimiento internacional.

Mistral, originaria del valle chileno de Elqui, se convirtió en 1945 en la primera mujer latinoamericana galardonada con el Premio Nobel de Literatura. Mririda, nacida en el Alto Atlas, fue una poeta oral amazigh cuya obra en tamazight sobrevivió principalmente gracias a los poemas recogidos y traducidos al francés por René Euloge en Les Chants de la Tassaout.

Las dos escribieron sobre el agua, los ríos, la luna, las aves y los árboles, pero no les atribuyeron exactamente la misma función. En Mistral, «la naturaleza opera como proyección del mundo interior». Las nubes, la lluvia o las montañas expresan el duelo, la soledad, el deseo y la búsqueda de trascendencia.

En Mririda, la naturaleza está más estrechamente ligada a la vida comunitaria, el trabajo rural, los ciclos agrícolas y la oralidad amazigh. El río no es solamente una metáfora emocional. Es una fuerza que organiza la existencia, comunica con lo divino y conserva la memoria colectiva.

En los poemas de la autora marroquí, la rana verde, el chacal, las abejas o los pájaros expresan diferentes dimensiones de la existencia humana. El agua representa la fertilidad y la vida, pero también su fragilidad, mientras la luna interviene en los ciclos naturales y en la relación entre la comunidad y su entorno.

Ouafqa evita convertirlas en dos versiones intercambiables de una supuesta «poesía femenina del Sur». Lo que las aproxima no es una identidad artificial, sino la capacidad de convertir el paisaje en una forma de conocimiento. Una escribe desde la introspección; la otra, desde una cosmovisión comunitaria. Ambas consiguen «articular el sufrimiento, la identidad y la condición femenina» a través de la naturaleza.

Las heridas que cruzan el Atlántico

El volumen también aborda comparaciones más incómodas. Fátima Durán examina el aborto en Brasil y Marruecos y estudia cómo dos sistemas jurídicos y religiosos muy diferentes producen restricciones que terminan empujando a numerosas mujeres hacia la clandestinidad.

En Brasil, el capítulo destaca el creciente peso político de los sectores evangélicos conservadores. En Marruecos, analiza la influencia de las interpretaciones religiosas en la legislación y el delicado equilibrio entre la autoridad espiritual, los compromisos constitucionales y las reivindicaciones feministas.

La comparación no equipara el evangelismo brasileño con el islam marroquí. Su interés reside en observar cómo la religión entra en el espacio jurídico y cómo los movimientos feministas responden desde dentro de cada sociedad. En el caso marroquí, el texto presta especial atención a las pensadoras que defienden nuevas interpretaciones de las fuentes islámicas y rechazan que la igualdad tenga que presentarse como una importación occidental.

La cuestión central es lo que Durán define como una «ruptura crítica entre el orden normativo y la realidad social». La ley pretende impedir el aborto, pero no evita que se practique. Lo desplaza hacia la clandestinidad y distribuye sus riesgos de manera desigual, especialmente entre las mujeres con menos recursos.

Leila Temsamani conecta, por su parte, la violencia sexual ejercida durante la guerra de liberación y la Década Negra en Argelia con la empleada por el aparato represivo de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. El capítulo compara el caso de la militante argelina Djamila Boupacha con el centro clandestino chileno conocido como Venda Sexy.

Las diferencias históricas son evidentes, pero el mecanismo de dominación presenta semejanzas. El cuerpo femenino se convierte en un territorio sobre el que se pretende castigar, humillar o destruir simbólicamente a toda una comunidad. La violencia sexual deja de aparecer como un daño colateral y pasa a ser analizada como una estrategia de control.

Los dos casos estudiados, sostiene Temsamani, presentan «más similitudes que diferencias», especialmente por la impunidad de los responsables, el silencio impuesto a las supervivientes y la vergüenza que las sociedades trasladaron de los agresores a las víctimas.

Otro capítulo vuelve sobre Albert Memmi, el escritor tunecino que analizó desde dentro la relación psicológica entre colonizador y colonizado. Su posición personal —judío, arabófono y francófono, nacido bajo el Protectorado francés— le permitió observar las contradicciones de un sistema en el que incluso el colonizador que desaprueba la injusticia continúa beneficiándose de ella.

Para Memmi, el colonizador no puede integrarse en el sistema colonial sin aceptar, de una manera u otra, la relación entre «usurpador» y «usurpado». Incluso quien pretende distanciarse moralmente del colonialismo permanece atrapado en los privilegios que este le concede.

Cuando la cooperación Sur-Sur también entra en conflicto

El libro no presenta las relaciones entre países del Sur como una historia automática de fraternidad. Uno de sus capítulos más políticos, firmado por Regis Mvondo Ossah, estudia la alianza entre Cuba y Argelia durante los primeros años de la Revolución cubana.

La Habana apoyó al Frente de Liberación Nacional argelino durante la lucha contra Francia y utilizó posteriormente Argel como punto de contacto con movimientos revolucionarios africanos. La ciudad se convirtió en una plataforma importante para la proyección internacional de Cuba y para las redes tercermundistas de los años sesenta.

Sin embargo, esa cooperación tuvo también una dimensión directamente contraria a los intereses de Marruecos. El capítulo aborda expresamente el apoyo cubano a Argelia «durante la Guerra de las Arenas contra Marruecos en 1963», incluido el envío de soldados cubanos a territorio argelino.

Incorporar ese episodio impide que el volumen idealice el Sur global como un bloque unido y sin rivalidades. Las alianzas anticoloniales convivieron con conflictos territoriales, estrategias nacionales y enfrentamientos entre países recientemente independizados.

Esta tensión es importante. El diálogo Sur-Sur no exige ocultar las divergencias ni fabricar una memoria armoniosa. Exige precisamente estudiarlas sin delegar su interpretación en las antiguas potencias coloniales.

Marruecos mira hacia Chile y Brasil

Los dos últimos trabajos trasladan la conversación al terreno de la diplomacia contemporánea. Bousselham El Ouarrad analiza las relaciones entre Marruecos y Chile a través de discursos, acuerdos, visitas oficiales, grupos parlamentarios y proyectos culturales.

El autor sitúa la apertura hacia América Latina dentro de la estrategia marroquí de diversificación de alianzas y de defensa de la integridad territorial del Reino. La cuestión del Sáhara marroquí aparece como un eje de esta proyección, junto con el comercio, la agricultura, las energías renovables, el turismo, la educación y la cooperación universitaria.

La relación con Chile ofrece ejemplos concretos. La visita del Rey Mohammed VI en 2004 impulsó los vínculos bilaterales y dejó como uno de sus símbolos el Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones, construido en Coquimbo. A ello se han sumado intercambios universitarios, actividades culturales y un acuerdo de cooperación entre las bibliotecas nacionales de los dos países.

Para El Ouarrad, las seis décadas de relaciones bilaterales muestran una cooperación basada en el «respeto mutuo» y la «convergencia de intereses», pero todavía existe un potencial considerable para reforzar la movilidad universitaria, el reconocimiento de títulos, los intercambios científicos y los vínculos empresariales.

Malika Kettani explora otra vía todavía incipiente, la posible cooperación religiosa entre Marruecos y Brasil. El capítulo recuerda los orígenes africanos de una parte del islam brasileño, especialmente la presencia de los musulmanes malés trasladados como esclavos, y estudia la diversidad actual de una comunidad formada por descendientes de inmigrantes árabes y brasileños conversos.

Ante la fragmentación interna, la falta de formación teológica y la expansión de discursos extremistas, la autora plantea que Marruecos podría ofrecer su experiencia institucional basada en el rito malikí, el sufismo y la autoridad de la Comandancia de los Creyentes.

Más que describir una cooperación ya plenamente desarrollada, el texto propone un programa futuro con intercambios académicos, formación en portugués, centros de estudios y plataformas de diálogo interreligioso. El objetivo sería desarrollar una «diplomacia espiritual» que complemente la cooperación política y económica entre ambas orillas.

Un mapa todavía incompleto

La principal virtud de África del Norte, América Latina y El Caribe. Diálogos Transatlánticos es que no se limita a declarar que ambas regiones tienen algo en común. Busca los lugares concretos donde ese encuentro puede producir conocimiento nuevo, desde una canción infantil hasta una cátedra universitaria, desde un río poético hasta una alianza militar.

No todas las comparaciones tienen la misma fuerza. Algunos capítulos ofrecen hallazgos muy precisos, mientras otros son más programáticos y formulan posibilidades de cooperación que todavía deben materializarse. La noción de «Sur global» también puede resultar demasiado amplia cuando reúne sociedades con trayectorias, sistemas políticos y desigualdades muy diferentes.

El propio volumen es consciente de ese peligro. Su propuesta no consiste en presentar el Sur como una identidad homogénea, sino como un espacio desde el que formular preguntas sin que Europa o América del Norte ocupen siempre el centro de la conversación.

Los coordinadores definen el libro como una invitación a convertir la literatura, las ciencias sociales y el pensamiento crítico en «un espacio de hospitalidad». Un lugar en el que el otro deje de aparecer como una realidad lejana que debe ser interpretada desde fuera y pase a ser reconocido como interlocutor.

Las conexiones ya existían. Estaban en la memoria de los exilios, en las rutas diplomáticas, en las luchas feministas, en la poesía oral, en las comunidades migrantes y hasta en las canciones que los niños repetían sin conocer su origen. Este libro comienza a reunirlas y demuestra que el Atlas y los Andes no han vivido completamente de espaldas. Lo que faltaba era un mapa capaz de mostrarlos dentro de una misma historia.

Por Faiza Rhoul
El 23/08/2026 a las 12h45