Sebta y la torpeza de una metáfora (II)

Mohamed Benabdelkader

El 23/08/2026 a las 11h00

ColumnaEn esta segunda parte de su columna, Mohamed Benabdelkader, doctor en Ciencias de la Información y de la Comunicación y exministro de Justicia, continúa su análisis del artículo publicado por el almirante general retirado Fernando García Sánchez sobre la crisis de Sebta. El autor confronta esta vez sus argumentos con un comunicado anterior del Centro de Pensamiento Alhucemas 25 y examina la pertinencia de la metáfora del «caballo de Troya» utilizada para interpretar lo ocurrido en la ciudad.

Por su trayectoria como ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el autor confiere a su crónica una autoridad profesional y un tono de exigencia operativa que otorgan peso a sus recomendaciones para el Estado español. Sin embargo, no aporta datos nuevos sobre la crisis de Ceuta, no revela información privilegiada ni ofrece un diagnóstico estratégico original, ni tampoco una propuesta concreta y detallada que no estuviera ya sobre la mesa. Más aún, desplegó un considerable esfuerzo discursivo para insinuar de forma implícita aquello que ya había confirmado explícitamente días antes, en un documento publicado por la Asociación para el Fomento de la Cultura de Seguridad y Defensa (ACSD).

El Centro de Pensamiento Alhucemas 25 (CPA25), vinculado a la ACSD y en cuyo Consejo Rector figura el almirante general Fernando García Sánchez, no recurrió a circunloquios ni a formulaciones hipotéticas para interpretar lo sucedido en Ceuta. Por el contrario, situó directamente la crisis en el marco de las denominadas «capacidades híbridas de Marruecos». En un comunicado fechado el 31 de julio de 2026 - apenas un día después del inicio del asalto masivo -, el Centro afirmaba de manera inequívoca:

«Esta crisis evidencia, por un lado, una preocupante vulnerabilidad de las fronteras y, de otro, las capacidades híbridas de Marruecos. Sin duda, se está ante un problema que afecta a la soberanía e integridad territorial y a la seguridad nacional

Lo significativo es que, en este comunicado colectivo, la referencia a Marruecos se formula en términos categóricos y sin el blindaje retórico del condicional o de la conjetura. Pero, además, esta atribución queda inscrita explícitamente en una gramática geopolítica y territorial: la crisis es presentada como un problema que afecta directamente a la soberanía, a la integridad territorial y a la seguridad nacional de España. No se trata, por tanto, de una mera alusión a una disfunción fronteriza o a un episodio migratorio, sino de una lectura que sitúa lo ocurrido en Sebta en el terreno de la amenaza a los atributos fundamentales del Estado y, en consecuencia, en el núcleo mismo de la representación geopolítica del conflicto.

Lo que dice el Centro de Pensamiento Alhucemas 25

No se trata, por tanto, de una posición aislada del ex Almirante General, sino de una línea de interpretación compartida por el think tank del que forma parte y que, además, merece aquí una breve pausa. El propio nombre de esta institución, Centro de Pensamiento Alhucemas 25, no deja de ser llamativo ni parece enteramente neutro desde el punto de vista de la memoria geopolítica y militar. La referencia a Alhucemas remite inevitablemente al desembarco de 1925, uno de los episodios más emblemáticos de la historia militar española y de la guerra colonial en el Rif. Que un centro dedicado a la reflexión sobre seguridad, defensa y cuestiones estratégicas adopte precisamente esa denominación de tan marcada resonancia bélicaintroduce, como mínimo, una significativa carga histórica y simbólica.

«Que un centro dedicado a la reflexión sobre seguridad, defensa y cuestiones estratégicas adopte precisamente esa denominación de tan marcada resonancia bélicaintroduce, como mínimo, una significativa carga histórica y simbólica. »

—  Mohamed Benabdelkader

No se trata de atribuir al nombre, por sí solo, una intención que no puede demostrarse, sino de señalar que toda denominación institucional inscribe también una determinada memoria, selecciona unos referentes y proyecta un determinado imaginario. El nombre “Alhucemas 25” que conmemora el centenario del desembarco de Alhucemas de 1925, evoca, uno de los más sangrientos episodios de la intervención militar española en territorio marroquí y parece reivindicar, sin el menor pudor crítico, una memoria de marcado sesgo colonialista, al transformar una operación de conquista y sometimiento en emblema identitario de un centro dedicado al pensamiento estratégico en materia de seguridad y defensa!

Resulta difícil no percibir la profunda paradoja - por no decir la flagrante contradicción - de que desde una institución que ha elegido inscribir su propia identidad en la memoria de un episodio marcado por la violencia, la injusticia y la dominación colonial se construya, acto seguido, un discurso que presenta las supuestas «capacidades híbridas de Marruecos» como una amenaza para la soberanía, la integridad territorial y la seguridad nacional de España.

Cabe destacar en el mismo contexto, que El Centro de Pensamiento Alhucemas 25 y el autorFernando García Sánchez, se sitúan en la corriente (ampliamente presente en análisis militares, policiales y de seguridad) que interpreta la crisis de Sebta no como una simple avalancha migratoria espontánea, sino como un episodio que revela o aprovecha capacidades híbridas (presión migratoria + redes sociales + posibles omisiones o facilitaciones + desinformación).

Dejemos de lado, por el momento, la llamativa elección de un nombre que remite a la victoria franco-española sobre la resistencia anticolonial de Abd el-Krim y al desenlace de la guerra del Rif. Bautizar un centro de pensamiento sobre seguridad y defensa con una referencia de tan explícita carga bélica y colonial difícilmente puede considerarse una elección inocente: proyecta una memoria de agresión militar y dominación colonial que, como mínimo, resulta reveladora. Pero cerremos aquí este paréntesis y volvamos a lo esencial.

Se impone entonces una pregunta: por qué el ex Almirante General necesitó en ABC tantos rodeos retóricos, tantos «si», tantos «podemos pensar», tantos escenarios hipotéticos y tantas formulaciones condicionales para insinuar que Marruecos habría podido desempeñar un papel activo, deliberado y estratégico en la crisis de Sebta? Por qué construir, mediante la metáfora del caballo de Troya y la hipótesis de una generación fácilmente manipulable, una sospecha que el lector debe reconstruir por sí mismo, cuando el propio autor ya había suscrito, días antes, un documento mucho más explícito?

Capacidades híbridas en la costa!

En el comunicado (31 de julio) del Centro de Pensamiento Alhucemas 25, cuyo Consejo Rector es miembro el Almirante General, se afirmaba sin necesidad de condicionales que la crisis evidenciaba «las capacidades híbridas de Marruecos» y que estaba en juego «la soberanía e integridad territorial y la seguridad nacional». Allí no había que insinuar,Marruecos aparecía nombrado expresamente como actor dotado de capacidades híbridas y como factor estratégico de la crisis. En ABC, en cambio, el lenguaje se vuelve deliberadamente oblicuo: se formula una posibilidad, se introduce una hipótesis, se atribuye capacidad de manipulación y se deja al lector completar la inferencia.

Entonces, por qué esa diferencia de registro? Por qué aquello que podía afirmarse categóricamente en el comunicado difundido por una organización que, no deja de resultar significativo, lleva el nombre del desembarco de Alhucemas, necesitaba después ser revestido de cautelas, condicionales e insinuaciones?, en el artículo de opinión, ser envuelto en una retórica de sospecha? Por qué no asumir directamente la tesis que ya había suscrito? Es simplemente una precaución epistemológica - la prudencia de quien distingue entre hechos demostrados e hipótesis plausibles - o responde a la necesidad de sugerir una atribución de responsabilidad sin formularla como una acusación verificable?

Y aquí aparece quizá la contradicción central: qué necesidad había de recurrir al «caballo de Troya» si el propio comunicado “en respuesta a la grave crisis de Ceuta” ya había identificado las «capacidades híbridas de Marruecos» como una dimensión de la crisis? No convierte esa metáfora en una suerte de dispositivo retórico destinado a producir, mediante insinuación, un efecto que el comunicado ya producía mediante afirmación?

La cuestión, por tanto, no es solamente qué quiso decir el antiguo jefe de Estado Mayor de la Defensa, sino por qué decidió decirlo de dos maneras tan diferentes. Por qué en un documento colectivo de militares en situación de retiro, podía asumir la tesis de las capacidades híbridas marroquíes, mientras que en las páginas de ABC necesitaba esconderla detrás de condicionales, conjeturas y metáforas? Por qué no pudo asumir en un medio de comunicación, con la misma claridad, lo que ya había firmado en un centro de reflexión?

Tal vez sea precisamente en esa distancia entre lo que se afirma y lo que se deja entender,donde reside la clave de su argumentación. Porque cuando una hipótesis se formula de manera suficientemente insistente, se rodea de indicios y se acompaña de una metáfora tan cargada como la del caballo de Troya, la ausencia de una acusación explícita deja de significar ausencia de acusación para convertirse en una estrategia de insinuación. Y entonces la pregunta final ya no es si el artículo acusa directamente a Marruecos, sino otra mucho más incómoda: por qué necesitaba no acusarlo explícitamente cuando, en realidad, ya había firmado un texto en el que se afirmaba mucho más de lo que en ABC se atrevió a decir abiertamente?

«Y entonces la pregunta final ya no es si el artículo acusa directamente a Marruecos, sino otra mucho más incómoda: por qué necesitaba no acusarlo explícitamente cuando, en realidad, ya había firmado un texto en el que se afirmaba mucho más de lo que en ABC se atrevió a decir abiertamente?»

—  Mohamed Benabdelkader

Responsabilidad de afirmar comodidad de insinuar

No hace falta, sin embargo, empeñarse demasiado en encontrar una respuesta. Basta con confrontar ambos discursos para advertir la diferencia entre la responsabilidad de afirmar y la comodidad de insinuar. En el comunicado colectivo, Marruecos es asociado categóricamente a unas supuestas «capacidades híbridas» y la crisis es elevada al rango de amenaza para la soberanía, la integridad territorial y la seguridad nacional; en el artículo de prensa, en cambio, esa misma imputación se fragmenta en condicionales, hipótesis y metáforas. La diferencia no reside necesariamente en el fondo de la tesis, sino en el modo de administrar discursivamente su responsabilidad: cuando se afirma, el autor asume la carga de lo dicho, cuando se insinúa, puede producirse un efecto acusatorio sin asumir plenamente la responsabilidad de formular una acusación.

Tal vez ahí resida la verdadera función de aquella elaborada retórica condicional: no expresar una duda genuina, sino disponer de un mecanismo de protección que permita decir sin decir, acusar sin acusar y orientar al lector hacia una conclusión determinada conservando, al mismo tiempo, la posibilidad de refugiarse en que todo no era más que una hipótesis.

La inadecuación evidente de la metáfora

El problema es que, si la retórica condicional pudo servir al autor como refugio discursivo, la metáfora del caballo de Troya no corrió la misma suerte: terminó revelando, por su empleo torpe e inadecuado, las propias debilidades de la construcción argumentativa. Llamar «caballo de Troya» al asalto migratorio de Sebta constituye, en efecto, un uso esencialmente arbitrario de la metáfora, pues ninguno de los elementos estructurales que dan sentido al mito parece corresponderse realmente con los hechos: no hay un engaño materializado en un presente ofrecido y aceptado por el adversario, ni una fuerza armada oculta en su interior, ni una infiltración secreta, ni una apertura deliberada de las puertas desde dentro. La inadecuación de la metáfora se hace evidente, por tanto, a partir de tres consideraciones principales que permiten comprobar hasta qué punto sus componentes esenciales no encuentran correspondencia en lo ocurrido en Sebta:

1. No hay engaño ni ocultamiento de combatientes. En el mito, los griegos esconden soldados dentro del caballo y los troyanos, creyendo que es un trofeo, lo meten en la ciudad. En Sebta, los movimientos de personas son visibles, masivos y públicos, no hay un “regalo” que oculte una fuerza armada lista para actuar desde dentro.

2. No hay apertura deliberada de puertas por actores internos. La caída de Troya depende de que los troyanos, una vez dentro el caballo, abran las puertas a un ejército que regresa. En el asalto a Sebta, la dinámica es de presión en la frontera y saltos de valla, con intervención de fuerzas de seguridad, no hay un grupo interno que, tras ser “metido” como regalo, abra la ciudad a un ejército oculto

3. No hay equivalencia entre migrantes y “fuerza de asalto” oculta. La metáfora implica que quienes entran son, en realidad, agentes hostiles disfrazados. Aplicarlo a personas que huyen de precariedad, convierte a colectivos vulnerables en amenaza encubierta, lo cual es un salto injustificado y empíricamente insostenible.

Este uso torpe y arbitrario de la metáfora del caballo de Troya no es retóricamente inocuo, produce, al menos, tres efectos discursivos de considerable alcance. El primero es la deshumanización de las personas migrantes, que dejan de ser percibidas como sujetos de una situación migratoria compleja para convertirse en vectores de un supuesto peligro existencial. Este desplazamiento semántico favorece una lectura securitaria de la crisis y puede legitimar respuestas excepcionales, al tiempo que alimenta la tensión geopolítica. El segundo efecto es la simplificación narrativa: una realidad multicausal, atravesada por factores sociales, políticos, económicos, fronterizos y diplomáticos, queda reducida al relato binario de una «invasión engañosa» cuidadosamente orquestada, donde solo parecen caber un agresor, unas víctimas y una respuesta esencialmente coercitiva. El tercero es la carga ideológica que arrastra la propia expresión, cuya utilización en determinados discursos xenófobos y alarmistas ha contribuido a asociar la migración con la infiltración, el terrorismo, la amenaza demográfica o la dominación cultural. Al activar ese imaginario, la metáfora no aporta una explicación adicional de los hechos, añade estigma, intensifica la polarización y desplaza el debate desde la comprensión de una crisis compleja hacia la construcción simbólica de un enemigo.

La metáfora como dispositivo de alarma

Lo que queda en pie, por tanto, no es. la arquitectura semántica que hace inteligible la metáfora, sino su poderosa carga emocional, bélica y evocadora, desprendida de su significado originario para funcionar como un dispositivo de alarma. Al despojarla de sus condiciones narrativas esenciales y conservar únicamente su poder evocador, la expresión activa un imaginario de infiltración, invasión y amenaza interior. Y son precisamente las personas migrantes quienes terminan ocupando, por una operación de desplazamiento semántico, el lugar de ese supuesto instrumento hostil. La metáfora deja así de ser un recurso explicativo para convertirse en un mecanismo de simplificación y deshumanización, en lugar de esclarecer la complejidad de una crisis fronteriza, proyecta sobre ella una narrativa bélica que transforma a seres humanos en vectores de una amenaza y convierte un fenómeno migratorio complejo en el guion de una agresión cuidadosamente diseñada.

Sin caída final el mito pierde sentido

Una última contradicción estructural y quizá la más reveladora: no hay derrota, ni caída, ni conquista de Sebta. El caballo de Troya solo alcanza su desenlace cuando la astucia culmina en una victoria irreversible: Troya acepta el supuesto regalo, abre sus puertas y, durante la noche, los guerreros ocultos en su interior permiten la entrada del ejército griego, que termina tomando y destruyendo la ciudad. Sin esa caída final, el mito pierde precisamente aquello que le confiere su sentido dramático y su fuerza metafórica.

En el episodio migratorio de Sebta ocurre, sin embargo, algo bastante menos épico - y muchomenos parecido a una conquista-: no hay ciudad tomada, ni puertas abiertas desde dentro, ni ejército invasor que emerja de un ingenioso artificio. Las instituciones continúan funcionando, el dispositivo fronterizo se refuerza mediante efectivos policiales y militares y la respuesta estatal permanece plenamente operativa. La mayor parte de quienes accedieron irregularmente han sido devueltos o reubicados, mientras se organiza la acogida de quienes permanecen.

El supuesto caballo de Troya, en definitiva, parece haber olvidado una pieza bastante importante del relato: que Troya debía caer. En el caso de Sebta no hay caída de la ciudad, ni sustitución del poder, ni victoria de un enemigo oculto, ni siquiera el inicio de un proceso de descolonización. Sin caída, sin conquista y sin vencedor, lo que queda del mito no es una explicación de la realidad, sino apenas una escenografía bélica superpuesta a una crisis migratoria.

Es tan evidente como la luz del día que no hay caída de la “ciudad”, ni su recuperación por Marruecos, hablar de “caballo de Troya” sugiere por tanto un punto final determinante o un desenlace trascendental, que no se corresponde con una crisis fronteriza gestionada (aunque sea de forma tensa y controvertida) dentro del orden establecido.

Entre Homero y Christopher Nolan

En definitiva, si por alguna razón el ex almirante general todavía no ha encontrado un momento para acercarse a Homero, cuya Odisea evoca el caballo de Troya en distintos pasajes, o a Virgilio, que ofrece en la Eneida una narración mucho más detallada del engaño y de la entrada del caballo en la ciudad, tampoco tiene por qué desesperarse, la cultura clásica ha encontrado en el cine una vía de acceso bastante más amable. Bastaría con acercarse a la sala más próxima y dejarse llevar por la superproducción de Christopher Nolan, actualmente en cartelera y disponible en formato IMAX. Allí, entre efectos especiales, sonido envolvente y la correspondiente solemnidad épica, podrá comprobar algo que ni siquiera necesita demasiada erudición clásica: el caballo de Troya solo funciona como caballo de Troya cuando hay engaño, guerreros ocultos y, sobre todo, una ciudad que termina cayendo.

Tres condiciones elementales que, por una curiosa desgracia para la metáfora empleada, no parecen haber hecho acto de presencia en el episodio ocurrido a finales de julio en el espigón del Tarajal. No hubo ejército oculto en un ingenioso artilugio, ni puertas abiertas desde dentro, ni conquista de Sebta, ni caída de la ciudad. El caballo, en definitiva, parece haber llegado a Sebta sin llevar dentro a los griegos y, sobre todo, sin conseguir que Troya cayera. La ironía final es que hasta una superproducción cinematográfica resulta más rigurosa con la estructura del mito que la metáfora utilizada para interpretar una crisis migratoria real. Y quizá ahí convenga detenerse, si queremos recurrir a la mitología antigua para leer el presente y aventurar escenarios sobre el futuro de Sebta y Melilia, tal vez existan otros mitos, otras figuras y otras metáforas mucho más pertinentes que la del caballo de Troya. Pero esa es ya otra cuestión, otro relato y, quizá, otro capítulo de esta historia.

Por Mohamed Benabdelkader
El 23/08/2026 a las 11h00