Apenas sonó el pitido final, las principales arterias de Dakhla se encendieron. Centenares de aficionados invadieron las calles, con el paseo marítimo a la cabeza, transformado para la ocasión en el epicentro de la fiesta. Jóvenes, familias, niños, todos salieron juntos para saborear una clasificación lograda al término de un partido lleno de giros inesperados.
Por toda la ciudad, caravanas improvisadas de coches decorados con los colores nacionales recorrieron las calles. Los conductores respondían a las aclamaciones de los transeúntes con largos bocinazos, mientras los aficionados ondeaban banderas desde las ventanillas y los techos solares. Una escena que se ha vuelto familiar en las grandes citas del fútbol marroquí, pero que conserva en cada ocasión la misma intensidad emocional.
«Sufrimos en algunos momentos del partido, pero el equipo demostró carácter y una gran fuerza mental», declaró un aficionado entrevistado en la cornisa. «Esta victoria es merecida y nos da muchas esperanzas para el resto de la competición», añadió. El mismo sentimiento compartía otro seguidor que acudió a celebrar con su familia. «Los jugadores demostraron que son capaces de remontar situaciones complicadas y de dar la cara en los momentos decisivos», afirmó. «Hoy, todos creemos que este equipo puede llegar muy lejos», continuó.
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Para muchos habitantes, el rendimiento mostrado por Marruecos en los últimos años ha cambiado profundamente la percepción de los aficionados hacia su selección nacional. «Los Leones del Atlas han demostrado que pueden competir con los mejores equipos del mundo», confirmó otro ciudadano. «Las expectativas ahora son más altas, pero esta generación tiene las condiciones para cumplir con las ambiciones de los marroquíes», concluyó.
Las festividades se prolongaron hasta altas horas de la noche en una atmósfera impregnada de patriotismo. En Dakhla, al igual que en numerosas ciudades del Reino, esta clasificación se vivió como un nuevo capítulo en la aventura de los Leones del Atlas en el Mundial 2026.
